3 a 0, así terminó el partido Uruguay-Sudáfrica ayer. No esperaba ese resultado, tampoco me disgustó, al contrario me alegró mucho aunque terminé casi agotada. Espero hoy poder leer en los diarios sobre mi aporte.
Por supuesto que me corresponde parte de la gloria, dudo que hubiesen podido ganar sin mí. Cuando empezó el partido yo estaba concentrada en buscar un botón para ponerle a un broche, revisé varios frascos antes de encontrar uno que me gustara para el broche que pienso hacer.
Pero una vez que encontré el botón que buscaba, me dispuse a mirar el partido que hacía unos diez o quince minutos había empezado. Como había sentado mucho sentada decidí mirarlo al mismo tiempo que me movía y caminaba de un lado a otro.
Cuando escuchaba que estaba por pasar algo interesante me paraba frente a la tele haciendo ejercicios. Uruguay hizo un gol. Terminó el primer tiempo, seguí moviéndome. Al ratito de comenzar el segundo tiempo me senté.
Fue entonces que Sudáfrica empezó a atacar y estuvo cerca de hacer un gol en dos o tres oportunidades. Casi experta en fútbol como soy (jugaba con mi hermano cuando era chica), me dí cuenta que los casi goles de Sudáfrica se daban porque yo me había sentado y que si no me paraba inmediatamente, podrían empatar y hasta ganar el partido.
No me quedó otra que pararme y seguir moviéndome y caminando hasta que terminó el partido. El efecto fue inmediato, Uruguay hizo otro gol y casi terminando el partido otro más. Dudo que los hubieran hecho si yo me hubiera quedado sentada. También dudo de que la prensa hable de mi aporte, conociéndolos estoy segura que se dedicarán a hablar de quienes hicieron los goles en la cancha.
Hoy intentaré darle descanso a mi brazo de tenista y a mis piernas de futbolista.
Este blog es un derivado de mi primer blog, Mis manualidades, donde pongo fotos de mis manualidades (qué original), recetas y relatos sobre mi vida. Quizás, tal como las personas que comienzan con las operaciones plásticas y luego que empiezan a hacerle arreglitos a la naturaleza, no pueden parar de hacerse mejoras y terminan como caricaturas a sí mismas, me haya vuelto adicta a los blogs y ahora no pueda dejar de abrir uno tras otro ya que en realidad es el cuarto que abro.
Este blog será dedicado solamente a relatar sobre mi vida que es como la de todos, o casi. Mucho de lo que escriba aquí ya lo publique en mi otro blog y ahora lo trasladé.
Tengo el pelo gris pero puse una foto donde estoy con el pelo verde, lo hice así por dos cosas, una porque creo que así quedo cuando tengo que enfrentarme a los aparatejos modernos (léase: todo lo que se ha inventado luego de la rueda), me sacan canas verdes; y otra porque me gusta como queda y si pudiera me lo teñiría así.
Abajo del todo hay una ventanita donde pueden dejarme saludos, también pueden dejarme comentarios o saludos debajo de cada post (cliqueando donde dice Comentarios).
En el costado, más abajo de mi foto, está el archivo ordenado por temas, cliqueando ahí pueden ver los posts que publiqué antes, o pueden cliquear abajo del todo (antes de la ventanita de los mensajes) donde dice Entradas antiguas.
Este blog será dedicado solamente a relatar sobre mi vida que es como la de todos, o casi. Mucho de lo que escriba aquí ya lo publique en mi otro blog y ahora lo trasladé.
Tengo el pelo gris pero puse una foto donde estoy con el pelo verde, lo hice así por dos cosas, una porque creo que así quedo cuando tengo que enfrentarme a los aparatejos modernos (léase: todo lo que se ha inventado luego de la rueda), me sacan canas verdes; y otra porque me gusta como queda y si pudiera me lo teñiría así.
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jueves, 17 de junio de 2010
jueves, 28 de mayo de 2009
Ayudando en la parada del ómnibus
Le doy un descansito a mi memoria y dejo de recordar aquellos primeros tiempos en Suecia. Paso un post de mi otro blog, ésto me pasó un día en que había ido al barrio de al lado a hacer unas compras y volvía ya para casa:
"Estaba en la parada cuando se me acercaron dos muchachos con pinta de asiáticos y me preguntaron en inglés donde paraba el ómnibus para Ikea (una mueblería). Como también dijeron Ikea en inglés y suena distinto, pensé que me preguntaban a qué horas pasaba el ómnibus y a esa pregunta imaginaria (sí, tengo gran imaginación sobre todo cuando me hablan en inglés), contesté.
Repitieron la pregunta, pobres, no había nadie más a quien preguntarle. Les señalé la parada pero al mismo tiempo que señalé y les dije "ahí", me dí cuenta que la habían cambiado de lugar.
Empecé a mirar para todos lados buscando la parada y no la ví. Les dije que era el ómnibus 467 que tenían que tomar, enseguida me dí cuenta que había dicho mal, que era el 567. Para compensar tanta información erronea que les estaba dando, los llevé a donde está la pantalla que muestra a qué horas pasan los ómnibus y en cual lugar paran.
Ahí me dí cuenta que el 567 paraba en el mismo lugar que el ómnibus que yo estaba esperando, así que los llevé al mismo lugar que habíamos estado parados un momento antes y les dije que era ahí que paraba. Tres veces me preguntaron si estaba segura que era ese el ómnibus que pasaba por Ikea y si realmente era ahí que pasaba, serán tan desconfiados en el Asia?
"Estaba en la parada cuando se me acercaron dos muchachos con pinta de asiáticos y me preguntaron en inglés donde paraba el ómnibus para Ikea (una mueblería). Como también dijeron Ikea en inglés y suena distinto, pensé que me preguntaban a qué horas pasaba el ómnibus y a esa pregunta imaginaria (sí, tengo gran imaginación sobre todo cuando me hablan en inglés), contesté.
Repitieron la pregunta, pobres, no había nadie más a quien preguntarle. Les señalé la parada pero al mismo tiempo que señalé y les dije "ahí", me dí cuenta que la habían cambiado de lugar.
Empecé a mirar para todos lados buscando la parada y no la ví. Les dije que era el ómnibus 467 que tenían que tomar, enseguida me dí cuenta que había dicho mal, que era el 567. Para compensar tanta información erronea que les estaba dando, los llevé a donde está la pantalla que muestra a qué horas pasan los ómnibus y en cual lugar paran.
Ahí me dí cuenta que el 567 paraba en el mismo lugar que el ómnibus que yo estaba esperando, así que los llevé al mismo lugar que habíamos estado parados un momento antes y les dije que era ahí que paraba. Tres veces me preguntaron si estaba segura que era ese el ómnibus que pasaba por Ikea y si realmente era ahí que pasaba, serán tan desconfiados en el Asia?
martes, 28 de abril de 2009
Ayudando ancianas
Ayer fui al supermercado, a la vuelta, mientras me cambiaba de ropa, se me ocurrió un tema sobre el que escribiría hoy, hasta pensé en como formularlo y llegué a pensar en un par de frases. Cuando me senté frente a la compu, ya se había borrado la idea, evidentemente fue una idea fugaz. A las estrellas fugaces puede pedírsele deseos, no sé si será igual con las ideas fugaces, por las dudas yo pedí un deseo: que mejore mi memoria.
Y bien, como se me olvidó lo que iba a decir, recurrí a viejos posts y seguiré con el tema de las ayudas, porque no crean que luego de la experiencia de ayuda a campesinos me volví egoísta, muy por el contrario se me ha hecho casi una manía. Aquí un post que escribí en mi otro blog cuando hacía poco lo había abierto:
"Todos los años acostumbro hacer varios pan dulces (o pan de Pascuas) para navidad y regalarlos. Y hoy quise ya empezar a comprar los ingredientes que llevan, unos cuantos! Fui entonces al supermercado en la mañana, había mucha gente y a mí que no me gustan los gentíos. Apenas entré me dirigí a las estanterías donde tienen las nueces, almendras, y esas cositas que le pongo al pan dulce.
Adelante mío había una anciana que buscaba y buscaba sin encontrar. Preguntó a quienes estábamos a su alrededor si no veíamos las cáscaras de naranjas (venden unos sobrecitos con cáscaras de naranja confitadas). No los vimos y comentamos que que raro ya que es ahí donde acostumbran tenerlas.
Yo empecé a buscar otras cosas y tampoco estaban ahí, justo ahora se les ocurre cambiar de lugar todo!!! Supuse que no podían estar lejos y efectivamente, al dar vuelta la esquina de esas estanterías, encontré lo que buscaba y también ví las cáscaras de naranja confitadas.
Como soy una persona muy solícita y no pierdo oportunidad de dar una mano, aunque no me la pidan, inmediatamente pensé en la ancianita y miré para donde había estado antes y ahí la ví, todavía buscando.
Me apresuré a llegar hasta ella y muy entusiasmada le dije que había encontrado las cáscaras confitadas que buscaba y quise llevarla a donde estaban. Asombrada noté cierta resistencia en la ancianita.
Me dí vuelta y pasaron tres cosas, una: ví en su cara una mezcla de asombro y susto; dos: me dijo, cuando recuperó el habla, que no quería comprar cáscaras confitadas; tres: me dí cuenta que me había equivocado de ancianita.
Y las otras siguientes tres cosas que pasaron fueron, una: solté a la ancianita, dos: le pedí disculpas; tres: me fuí lo más rápido que pude del lugar, alegrándome esta vez de que hoy hubiera tanta gente en el supermercado entre la cual esconderme.
Espero que la ancianita haya sobrevivido el susto y que en el futuro siga animándose a salir a hacer sus compras, aunque seguro será que pensando como han cambiado las cosas, ya ni en el supermercado y a mitad del día puede una sentirse segura."
Y bien, como se me olvidó lo que iba a decir, recurrí a viejos posts y seguiré con el tema de las ayudas, porque no crean que luego de la experiencia de ayuda a campesinos me volví egoísta, muy por el contrario se me ha hecho casi una manía. Aquí un post que escribí en mi otro blog cuando hacía poco lo había abierto:
"Todos los años acostumbro hacer varios pan dulces (o pan de Pascuas) para navidad y regalarlos. Y hoy quise ya empezar a comprar los ingredientes que llevan, unos cuantos! Fui entonces al supermercado en la mañana, había mucha gente y a mí que no me gustan los gentíos. Apenas entré me dirigí a las estanterías donde tienen las nueces, almendras, y esas cositas que le pongo al pan dulce.
Adelante mío había una anciana que buscaba y buscaba sin encontrar. Preguntó a quienes estábamos a su alrededor si no veíamos las cáscaras de naranjas (venden unos sobrecitos con cáscaras de naranja confitadas). No los vimos y comentamos que que raro ya que es ahí donde acostumbran tenerlas.
Yo empecé a buscar otras cosas y tampoco estaban ahí, justo ahora se les ocurre cambiar de lugar todo!!! Supuse que no podían estar lejos y efectivamente, al dar vuelta la esquina de esas estanterías, encontré lo que buscaba y también ví las cáscaras de naranja confitadas.
Como soy una persona muy solícita y no pierdo oportunidad de dar una mano, aunque no me la pidan, inmediatamente pensé en la ancianita y miré para donde había estado antes y ahí la ví, todavía buscando.
Me apresuré a llegar hasta ella y muy entusiasmada le dije que había encontrado las cáscaras confitadas que buscaba y quise llevarla a donde estaban. Asombrada noté cierta resistencia en la ancianita.
Me dí vuelta y pasaron tres cosas, una: ví en su cara una mezcla de asombro y susto; dos: me dijo, cuando recuperó el habla, que no quería comprar cáscaras confitadas; tres: me dí cuenta que me había equivocado de ancianita.
Y las otras siguientes tres cosas que pasaron fueron, una: solté a la ancianita, dos: le pedí disculpas; tres: me fuí lo más rápido que pude del lugar, alegrándome esta vez de que hoy hubiera tanta gente en el supermercado entre la cual esconderme.
Espero que la ancianita haya sobrevivido el susto y que en el futuro siga animándose a salir a hacer sus compras, aunque seguro será que pensando como han cambiado las cosas, ya ni en el supermercado y a mitad del día puede una sentirse segura."
domingo, 26 de abril de 2009
Ayudando a campesinos
Hoy dejo los aparatejos de lado, también los sueños que tengo cuando duermo y me voy a pasear por la historia, la mía, aunque quizás para algunas les suene más a la prehistoria. Sinceramente a mí también me parece que fue hace tanto tiempo que debe haber sucedido en una vida anterior.
Les cuento que en el año 72 viajé a Chile. Entre otras cosas estuve un tiempito trabajando en un fundo apropiado por los campesinos. Fue una linda experiencia para mí. Espero que para los campesinos también.
Eramos un grupito de uruguayos, en su gran mayoría estudiantes, que cuando salíamos de Montevideo era hacia un balneario, para la costa. Ya pueden imaginarse cuanto sabíamos de trabajos en el campo. Pero lo que nos faltaba en conocimiento, nos sobraba en ganas de ayudar.
Y así fue que un día un campesino nos llevó al lugar de trabajo. Caminamos y caminamos, creo que nunca habíamos caminado tanto si ver una parada de ómnibus.
Llegamos a un porotal. Nos explicó en pocas palabras nuestro trabajo: limpiar los surcos de yuyos (hierbas). Cada uno elegiría un surco, lo limpiaba de punta a punta y se pasaba para otro surco. Así lo hicimos.
El campesino trabajaba y avanzaba por su surco como si tuviera un motorcito.
Terminaba con un surco, comenzaba otro, terminaba ese y saltaba para otro, nosotros fieles al que habíamos elegido. Cuando llegó la hora de hacer una pausa, no sé cuantos surcos había limpiado el campesino y nosotros estábamos terminando o recién habíamos terminado con uno cada uno.
Eso sí, había que ver que limpitos que los dejábamos nosotros. No tenían nada que envidiarle a ningún cantero de un jardín en Carrasco (zona residencial de lindos jardines en Montevideo).
No dejábamos ni el más minimo pastito ni yuyito. La planta de porotos y la tierra limpita, limpita a su alrededor. El campesino nos explicó que solamente era necesario sacar los yuyos que fueran más altos que la planta de porotos. De los otros se encargaba la planta misma de liquidarlos al sacarles luz.
Terminamos de almorzar, volvimos para los surcos y una de las que estaba ahí, que no fuí yo, aclaro desde ya que no fui yo, por esas raras casualidades que a veces se dan en esta vida, ese día no fui yo (aunque bien podría haberlo sido) quien de vuelta al trabajo, cuando pasamos al lado de un surco que había limpiado el campesino, señaló una planta de porotos y comentó que mal trabajo había hecho el hombre, que había dejado esos yuyos grandes ahí.
En la tarde en vez de limpiar surcos, ella pasó intentando replantar todas las plantas de porotos que había arrancado, y arrancando los yuyos que había dejado en el surco.
Les cuento que en el año 72 viajé a Chile. Entre otras cosas estuve un tiempito trabajando en un fundo apropiado por los campesinos. Fue una linda experiencia para mí. Espero que para los campesinos también.
Eramos un grupito de uruguayos, en su gran mayoría estudiantes, que cuando salíamos de Montevideo era hacia un balneario, para la costa. Ya pueden imaginarse cuanto sabíamos de trabajos en el campo. Pero lo que nos faltaba en conocimiento, nos sobraba en ganas de ayudar.
Y así fue que un día un campesino nos llevó al lugar de trabajo. Caminamos y caminamos, creo que nunca habíamos caminado tanto si ver una parada de ómnibus.
Llegamos a un porotal. Nos explicó en pocas palabras nuestro trabajo: limpiar los surcos de yuyos (hierbas). Cada uno elegiría un surco, lo limpiaba de punta a punta y se pasaba para otro surco. Así lo hicimos.
El campesino trabajaba y avanzaba por su surco como si tuviera un motorcito.
Terminaba con un surco, comenzaba otro, terminaba ese y saltaba para otro, nosotros fieles al que habíamos elegido. Cuando llegó la hora de hacer una pausa, no sé cuantos surcos había limpiado el campesino y nosotros estábamos terminando o recién habíamos terminado con uno cada uno.
Eso sí, había que ver que limpitos que los dejábamos nosotros. No tenían nada que envidiarle a ningún cantero de un jardín en Carrasco (zona residencial de lindos jardines en Montevideo).
No dejábamos ni el más minimo pastito ni yuyito. La planta de porotos y la tierra limpita, limpita a su alrededor. El campesino nos explicó que solamente era necesario sacar los yuyos que fueran más altos que la planta de porotos. De los otros se encargaba la planta misma de liquidarlos al sacarles luz.
Terminamos de almorzar, volvimos para los surcos y una de las que estaba ahí, que no fuí yo, aclaro desde ya que no fui yo, por esas raras casualidades que a veces se dan en esta vida, ese día no fui yo (aunque bien podría haberlo sido) quien de vuelta al trabajo, cuando pasamos al lado de un surco que había limpiado el campesino, señaló una planta de porotos y comentó que mal trabajo había hecho el hombre, que había dejado esos yuyos grandes ahí.
En la tarde en vez de limpiar surcos, ella pasó intentando replantar todas las plantas de porotos que había arrancado, y arrancando los yuyos que había dejado en el surco.
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