Hace unos días conté de mi primer reloj y luego de los relojes en mi casa, ahora rescato otro viejo post donde hablo de mis relojes pulsera:
Relojes pulseras aparte de aquel primero, tengo dos más que significaron y significan mucho para mí. Uno es el que recibí como primer regalo para el día de la madre, claro que no lo compró mi hijo que en esos momentos tenía unos diez meses, sino mi ex.
Pero me lo dió mi hijo después de tirar el paquete varias veces al piso a pesar de que el papá le decía que me lo diera y con cuidado. Era un Seiko precioso, también a cuerda pero yo tenía tanto miedo de darle cuerda de más y estropearlo que dos por tres se paraba porque le había dado cuerda de menos. Todavía lo tengo pero dejé de usarlo hace tiempo porque se abre el cierre, y como tuve que achicarlo le sacaron la cadenita de seguridad que traía y me da miedo perderlo.
Otro más nuevito que tengo me lo regaló ese mismo hijo 25 años después, fue cuando cumplí los cincuenta. Me preguntaron qué quería de regalo y como tenía un reloj grande con correa de cuero ancha y quería tener uno más femenino, pedí un reloj más de vestir, más tipo pulsera. Y me regalaron uno muy lindo, y que realmente es de vestir, es tan chiquito y con el fondo oscuro que no puedo ver la hora, pero qué importa, me encantó porque tiene mucha pinta, me lo pongo para salir.
Es que no uso reloj en la muñeca más que cuando tengo un horario que cumplir, puedo pasar días sin usarlo, aunque aquí es necesario mirar un reloj para darse cuenta la hora que es, a no olvidar que durante medio año es casi todo el día, noche, y durante el verano casi ni hay noche, imposible guiarse por la luz del sol.
Adentro de mi casa nunca tengo el reloj puesto. Es rarísimo, mientras estoy afuera no lo siento para nada, pero es entrar en casa y empieza inmediatamente a pesarme y molestarme, por tanto apenas entro me lo tengo que sacar. También cuando trabajaba era así, todo el día con el reloj puesto y sin notarlo hasta llegar a casa, los fines de semana y en vacaciones lo dejaba olvidado en algún cajón.
Cuanto se puede cambiar!!! No sé donde quedó aquella niña que tanto practicaba el gesto de mirar el reloj, quizás sea la que no me deja tirar los relojes rotos.
Este blog es un derivado de mi primer blog, Mis manualidades, donde pongo fotos de mis manualidades (qué original), recetas y relatos sobre mi vida. Quizás, tal como las personas que comienzan con las operaciones plásticas y luego que empiezan a hacerle arreglitos a la naturaleza, no pueden parar de hacerse mejoras y terminan como caricaturas a sí mismas, me haya vuelto adicta a los blogs y ahora no pueda dejar de abrir uno tras otro ya que en realidad es el cuarto que abro.
Este blog será dedicado solamente a relatar sobre mi vida que es como la de todos, o casi. Mucho de lo que escriba aquí ya lo publique en mi otro blog y ahora lo trasladé.
Tengo el pelo gris pero puse una foto donde estoy con el pelo verde, lo hice así por dos cosas, una porque creo que así quedo cuando tengo que enfrentarme a los aparatejos modernos (léase: todo lo que se ha inventado luego de la rueda), me sacan canas verdes; y otra porque me gusta como queda y si pudiera me lo teñiría así.
Abajo del todo hay una ventanita donde pueden dejarme saludos, también pueden dejarme comentarios o saludos debajo de cada post (cliqueando donde dice Comentarios).
En el costado, más abajo de mi foto, está el archivo ordenado por temas, cliqueando ahí pueden ver los posts que publiqué antes, o pueden cliquear abajo del todo (antes de la ventanita de los mensajes) donde dice Entradas antiguas.
Este blog será dedicado solamente a relatar sobre mi vida que es como la de todos, o casi. Mucho de lo que escriba aquí ya lo publique en mi otro blog y ahora lo trasladé.
Tengo el pelo gris pero puse una foto donde estoy con el pelo verde, lo hice así por dos cosas, una porque creo que así quedo cuando tengo que enfrentarme a los aparatejos modernos (léase: todo lo que se ha inventado luego de la rueda), me sacan canas verdes; y otra porque me gusta como queda y si pudiera me lo teñiría así.
Abajo del todo hay una ventanita donde pueden dejarme saludos, también pueden dejarme comentarios o saludos debajo de cada post (cliqueando donde dice Comentarios).
En el costado, más abajo de mi foto, está el archivo ordenado por temas, cliqueando ahí pueden ver los posts que publiqué antes, o pueden cliquear abajo del todo (antes de la ventanita de los mensajes) donde dice Entradas antiguas.
Mostrando entradas con la etiqueta Relojes. Mostrar todas las entradas
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domingo, 3 de mayo de 2009
miércoles, 29 de abril de 2009
Sigo con los relojes
Hace unos días conté de mi primer reloj y luego de los relojes en mi casa, ahora rescato otro viejo post donde hablo de mis relojes pulsera:
Relojes pulseras aparte de aquel primero, tengo dos más que significaron y significan mucho para mí. Uno es el que recibí como primer regalo para el día de la madre, claro que no lo compró mi hijo que en esos momentos tenía unos diez meses, sino mi ex.
Pero me lo dió mi hijo después de tirar el paquete varias veces al piso a pesar de que el papá le decía que me lo diera y con cuidado. Era un Seiko precioso, también a cuerda pero yo tenía tanto miedo de darle cuerda de más y estropearlo que dos por tres se paraba porque le había dado cuerda de menos. Todavía lo tengo pero dejé de usarlo hace tiempo porque se abre el cierre, y como tuve que achicarlo le sacaron la cadenita de seguridad que traía y me da miedo perderlo.
Otro más nuevito que tengo me lo regaló ese mismo hijo 25 años después, fue cuando cumplí los cincuenta. Me preguntaron qué quería de regalo y como tenía un reloj grande con correa de cuero ancha y quería tener uno más femenino, pedí un reloj más de vestir, más tipo pulsera. Y me regalaron uno muy lindo, y que realmente es de vestir, es tan chiquito y con el fondo oscuro que no puedo ver la hora, pero qué importa, me encantó porque tiene mucha pinta, me lo pongo para salir.
Es que no uso reloj en la muñeca más que cuando tengo un horario que cumplir, puedo pasar días sin usarlo, aunque aquí es necesario mirar un reloj para darse cuenta la hora que es, a no olvidar que durante medio año es casi todo el día, noche, y durante el verano casi ni hay noche, imposible guiarse por la luz del sol.
Adentro de mi casa nunca tengo el reloj puesto. Es rarísimo, mientras estoy afuera no lo siento para nada, pero es entrar en casa y empieza inmediatamente a pesarme y molestarme, por tanto apenas entro me lo tengo que sacar. También cuando trabajaba era así, todo el día con el reloj puesto y sin notarlo hasta llegar a casa, los fines de semana y en vacaciones lo dejaba olvidado en algún cajón.
Cuanto se puede cambiar!!! No sé donde quedó aquella niña que tanto practicaba el gesto de mirar el reloj, quizás sea la que no me dejan tirar los relojes rotos.
Relojes pulseras aparte de aquel primero, tengo dos más que significaron y significan mucho para mí. Uno es el que recibí como primer regalo para el día de la madre, claro que no lo compró mi hijo que en esos momentos tenía unos diez meses, sino mi ex.
Pero me lo dió mi hijo después de tirar el paquete varias veces al piso a pesar de que el papá le decía que me lo diera y con cuidado. Era un Seiko precioso, también a cuerda pero yo tenía tanto miedo de darle cuerda de más y estropearlo que dos por tres se paraba porque le había dado cuerda de menos. Todavía lo tengo pero dejé de usarlo hace tiempo porque se abre el cierre, y como tuve que achicarlo le sacaron la cadenita de seguridad que traía y me da miedo perderlo.
Otro más nuevito que tengo me lo regaló ese mismo hijo 25 años después, fue cuando cumplí los cincuenta. Me preguntaron qué quería de regalo y como tenía un reloj grande con correa de cuero ancha y quería tener uno más femenino, pedí un reloj más de vestir, más tipo pulsera. Y me regalaron uno muy lindo, y que realmente es de vestir, es tan chiquito y con el fondo oscuro que no puedo ver la hora, pero qué importa, me encantó porque tiene mucha pinta, me lo pongo para salir.
Es que no uso reloj en la muñeca más que cuando tengo un horario que cumplir, puedo pasar días sin usarlo, aunque aquí es necesario mirar un reloj para darse cuenta la hora que es, a no olvidar que durante medio año es casi todo el día, noche, y durante el verano casi ni hay noche, imposible guiarse por la luz del sol.
Adentro de mi casa nunca tengo el reloj puesto. Es rarísimo, mientras estoy afuera no lo siento para nada, pero es entrar en casa y empieza inmediatamente a pesarme y molestarme, por tanto apenas entro me lo tengo que sacar. También cuando trabajaba era así, todo el día con el reloj puesto y sin notarlo hasta llegar a casa, los fines de semana y en vacaciones lo dejaba olvidado en algún cajón.
Cuanto se puede cambiar!!! No sé donde quedó aquella niña que tanto practicaba el gesto de mirar el reloj, quizás sea la que no me dejan tirar los relojes rotos.
Los relojes de mi casa
Ayer les conté de mi primer reloj y como lo agoté con mi gran amor. Hoy les cuento de los relojes que tengo actualmente desparramados por la casa.
Por supuesto que los quiero a todos, no hago preferencias, pero ya no los ahogo con mi amor. Aprendí bien aquella lección y hoy ya no estoy dándoles cuerda a cada momento, en parte porque no quiero que corran la misma suerte que mi primer reloj, y en parte porque los relojes modernos no necesitan que se les dé cuerda.
Además les respeto su individualidad, no pretendo que todos sean idénticos. Cada uno marca una hora diferente, y qué? nadie es dueño de la verdad y en esta casa rige la libertad de opinión.
Quienes vienen de visita pueden quedar algo desconcertados al ver que el reloj del living marca las cuatro y cuarto, el de la cocina las cuatro y veinte, el del baño (sí, también tengo reloj en el baño) marca las cuatro y veinticinco y el despertador en mi dormitorio marca las cinco menos veinte, en el mismo momento.
Da para pensar que por un extraño fenómeno por mi apartamento cruzan varios meridianos y de ahí que cada pieza tenga una hora distinta. Yo digo que así este apartamentito parece más grande, enorme puede parecer si se piensa que lleva diez minutos llegar desde el baño al living.
El reloj que está más cerca de la hora real, o por lo menos de la hora de los canales de la tele, es el relojito del video, si no lindo problema sería programarlo para grabar algo. El despertador es el que más adelantado anda, es una costumbre que traigo de adolescente, adelantaba el despertador cosa de que al despertarme y ver esa hora, pensara que se me hace tarde si no me levanto ya mismo, cuando me acordaba que ese reloj adelantaba y no debía cundir el pánico, ya estaba levantada. Siempre fui muy fácil de engañar.
Durante mucho tiempo tuve en el living un reloj que solamente marcaba la hora, el minutero se había soltado, no había manera de ajustarlo de nuevo y siempre estaba señalando el seis. Mis hijos no entendían que no lo tirara, me decían "pero si está roto", yo insistía en que roto no estaba, si daba la hora, lo que no daba era los minutos pero no hay que ser tan exigente o detallista, o acaso no alcanza con saber en que hora se vive? Y ahí estaba colgado confundiendo a mis amigos y familiares hasta que un día se cayó y también dejó de marcar la hora.
El reloj de la cocina me gusta, hace juego con los muebles, pero es bastante mañero. Y sobre todo es gourmet, tiene gusto fino, no funciona si no le pongo las baterías más caras. A veces compro baterías baratas que vienen muchas en un paquete, pero con esas no funciona más que de a ratos. Marcha una hora o diez minutos, se toma un descanso que puede variar entre una hora o un par de días, sigue marchando un poco más antes de tomarse otro descanso. A veces viene alguna vecina a tomar un café, mira el reloj y pega un salto "ya es esa hora? me tengo que ir!", es que ven que está funcionando y piensan que marca la hora correcta, pero yo me cansé de que cada vez que empezaba a andar tenía que ponerlo en hora, para qué? si al rato se va a parar de nuevo, así que lo dejo marcando la hora que tenga ganas, no se puede negar que soy bastante tolerante, verdad? por lo menos con los relojes.
Por supuesto que los quiero a todos, no hago preferencias, pero ya no los ahogo con mi amor. Aprendí bien aquella lección y hoy ya no estoy dándoles cuerda a cada momento, en parte porque no quiero que corran la misma suerte que mi primer reloj, y en parte porque los relojes modernos no necesitan que se les dé cuerda.
Además les respeto su individualidad, no pretendo que todos sean idénticos. Cada uno marca una hora diferente, y qué? nadie es dueño de la verdad y en esta casa rige la libertad de opinión.
Quienes vienen de visita pueden quedar algo desconcertados al ver que el reloj del living marca las cuatro y cuarto, el de la cocina las cuatro y veinte, el del baño (sí, también tengo reloj en el baño) marca las cuatro y veinticinco y el despertador en mi dormitorio marca las cinco menos veinte, en el mismo momento.
Da para pensar que por un extraño fenómeno por mi apartamento cruzan varios meridianos y de ahí que cada pieza tenga una hora distinta. Yo digo que así este apartamentito parece más grande, enorme puede parecer si se piensa que lleva diez minutos llegar desde el baño al living.
El reloj que está más cerca de la hora real, o por lo menos de la hora de los canales de la tele, es el relojito del video, si no lindo problema sería programarlo para grabar algo. El despertador es el que más adelantado anda, es una costumbre que traigo de adolescente, adelantaba el despertador cosa de que al despertarme y ver esa hora, pensara que se me hace tarde si no me levanto ya mismo, cuando me acordaba que ese reloj adelantaba y no debía cundir el pánico, ya estaba levantada. Siempre fui muy fácil de engañar.
Durante mucho tiempo tuve en el living un reloj que solamente marcaba la hora, el minutero se había soltado, no había manera de ajustarlo de nuevo y siempre estaba señalando el seis. Mis hijos no entendían que no lo tirara, me decían "pero si está roto", yo insistía en que roto no estaba, si daba la hora, lo que no daba era los minutos pero no hay que ser tan exigente o detallista, o acaso no alcanza con saber en que hora se vive? Y ahí estaba colgado confundiendo a mis amigos y familiares hasta que un día se cayó y también dejó de marcar la hora.
El reloj de la cocina me gusta, hace juego con los muebles, pero es bastante mañero. Y sobre todo es gourmet, tiene gusto fino, no funciona si no le pongo las baterías más caras. A veces compro baterías baratas que vienen muchas en un paquete, pero con esas no funciona más que de a ratos. Marcha una hora o diez minutos, se toma un descanso que puede variar entre una hora o un par de días, sigue marchando un poco más antes de tomarse otro descanso. A veces viene alguna vecina a tomar un café, mira el reloj y pega un salto "ya es esa hora? me tengo que ir!", es que ven que está funcionando y piensan que marca la hora correcta, pero yo me cansé de que cada vez que empezaba a andar tenía que ponerlo en hora, para qué? si al rato se va a parar de nuevo, así que lo dejo marcando la hora que tenga ganas, no se puede negar que soy bastante tolerante, verdad? por lo menos con los relojes.
Mi primer reloj
Sigo alérgica o engripada, y también revisando viejos posts, elegí éste donde cuento de mi primer reloj:
Mi relación con los relojes siempre fue muy especial. Ya desde niña muy chica recuerdo que me fascinaban.
No es algo filosófico ni profundo, nada que tenga que ver con el poder medir el tiempo. No, nada de eso, simplemente que para mí, más que marcar la hora, los relojes marcaban etapas, usar reloj era cosa de gente grande.
Recuerdo cuando iba a los cumpleaños y en una sorpresa me tocaba un reloj, aquellos de juguete con una cinta elástica en zig zag, los había de distintos colores, más recuerdo los rojos y los amarillos. Pasaba muchos días con aquel reloj en mi muñeca.
Tenía bien practicado el gesto de mirar el reloj, cómo se estira el brazo para que la manga deje al reloj a la vista, o como elegantemente se corre la manga con la mano. Yo practicaba y practicaba esos dos gestos, mirando el reloj de juguete o el
imaginario.
Luego vino una etapa en que si bien se puede afirmar que comencé una ofensiva contra mis padres para que agotados terminaran comprándome un reloj, yo aseguro que si eso sucedió, fue pura casualidad, no hubo ninguna intención artera. Los habré cansado, sí, pero no fue con premeditación y alevosía.
A cada ratito preguntaba: ¿qué hora es? Deben haber terminado con los brazos acalambrados, en aquellos tiempos no todos los aparatos estaban relojizados como hoy, y tampoco había tantos aparatos en las casas, entonces debían mirar el reloj pulsera cada vez que yo preguntaba, repito, a cada ratito, la hora.
Así fue que aquel año los reyes me trajeron el mejor regalo: un reloj pulsera! Me costó creer que era verdad que yo fuera la feliz poseedora de un reloj, y cuando me convencí que era así, aquel reloj era mío, me lo puse.
Me lo puse en el brazo que tan practicado tenía, el derecho. Cada vez que mis padres veían que yo andaba con el reloj en el brazo derecho, me lo hacían cambiar para el izquierdo. Pero la fuerza de la costumbre es muy grande, sobre todo cuando es costumbre de tanto tiempo, y si bien me hacían poner el reloj en el brazo izquierdo, yo seguía mirando el derecho con aquel gesto tan elegante que además no dejaba ninguna duda que yo tenía reloj.
Si mis padres calcularon que al tener reloj propio ellos se salvarían de mi "¿qué hora es?" pues se equivocaron enormemente! Yo miraba mi brazo derecho, constataba que el reloj no estaba ahí, miraba el brazo izquierdo y preguntaba la hora, quería asegurarme que estuviera funcionando bien, que estuviera en hora.
Y mucho más no se podía hacer con un reloj más que mirar la hora y darle cuerda, por tanto a esas dos actividades dedicaba gran parte del día con el resultado que la cuerda a cada rato se rompía. Fue un elemento más con el que cansar a mis padres.
Lo llevaba a la farmacia a que lo arreglaran. Ahora me doy cuenta que es algo extraño, no creo que esté entre las tareas de un farmacéutico el arreglar relojes, pero el de mi barrio lo hacía, o por lo menos el mío lo arreglaba.
Yo entraba muy orgullosa a la farmacia, ningún cliente allí presente se perdía de enterarse que yo tenía reloj. Como todo con el tiempo ya no fue novedad, todos los sabían, supongo que bastante cansados como mis padres, y hasta el farmacéutico cuando me veía entrar en la farmacia ya me preguntaba ¿el reloj otra vez?
Un día me dijo que ya no tenía arreglo, no sé si realmente habrá sido así o mis padres le habrán pedido que me dijera eso, o fue iniciativa propia, pero así terminó sus días mis primer reloj. Mi gran amor terminó liquidándolo.
Mi relación con los relojes siempre fue muy especial. Ya desde niña muy chica recuerdo que me fascinaban.
No es algo filosófico ni profundo, nada que tenga que ver con el poder medir el tiempo. No, nada de eso, simplemente que para mí, más que marcar la hora, los relojes marcaban etapas, usar reloj era cosa de gente grande.
Recuerdo cuando iba a los cumpleaños y en una sorpresa me tocaba un reloj, aquellos de juguete con una cinta elástica en zig zag, los había de distintos colores, más recuerdo los rojos y los amarillos. Pasaba muchos días con aquel reloj en mi muñeca.
Tenía bien practicado el gesto de mirar el reloj, cómo se estira el brazo para que la manga deje al reloj a la vista, o como elegantemente se corre la manga con la mano. Yo practicaba y practicaba esos dos gestos, mirando el reloj de juguete o el
imaginario.
Luego vino una etapa en que si bien se puede afirmar que comencé una ofensiva contra mis padres para que agotados terminaran comprándome un reloj, yo aseguro que si eso sucedió, fue pura casualidad, no hubo ninguna intención artera. Los habré cansado, sí, pero no fue con premeditación y alevosía.
A cada ratito preguntaba: ¿qué hora es? Deben haber terminado con los brazos acalambrados, en aquellos tiempos no todos los aparatos estaban relojizados como hoy, y tampoco había tantos aparatos en las casas, entonces debían mirar el reloj pulsera cada vez que yo preguntaba, repito, a cada ratito, la hora.
Así fue que aquel año los reyes me trajeron el mejor regalo: un reloj pulsera! Me costó creer que era verdad que yo fuera la feliz poseedora de un reloj, y cuando me convencí que era así, aquel reloj era mío, me lo puse.
Me lo puse en el brazo que tan practicado tenía, el derecho. Cada vez que mis padres veían que yo andaba con el reloj en el brazo derecho, me lo hacían cambiar para el izquierdo. Pero la fuerza de la costumbre es muy grande, sobre todo cuando es costumbre de tanto tiempo, y si bien me hacían poner el reloj en el brazo izquierdo, yo seguía mirando el derecho con aquel gesto tan elegante que además no dejaba ninguna duda que yo tenía reloj.
Si mis padres calcularon que al tener reloj propio ellos se salvarían de mi "¿qué hora es?" pues se equivocaron enormemente! Yo miraba mi brazo derecho, constataba que el reloj no estaba ahí, miraba el brazo izquierdo y preguntaba la hora, quería asegurarme que estuviera funcionando bien, que estuviera en hora.
Y mucho más no se podía hacer con un reloj más que mirar la hora y darle cuerda, por tanto a esas dos actividades dedicaba gran parte del día con el resultado que la cuerda a cada rato se rompía. Fue un elemento más con el que cansar a mis padres.
Lo llevaba a la farmacia a que lo arreglaran. Ahora me doy cuenta que es algo extraño, no creo que esté entre las tareas de un farmacéutico el arreglar relojes, pero el de mi barrio lo hacía, o por lo menos el mío lo arreglaba.
Yo entraba muy orgullosa a la farmacia, ningún cliente allí presente se perdía de enterarse que yo tenía reloj. Como todo con el tiempo ya no fue novedad, todos los sabían, supongo que bastante cansados como mis padres, y hasta el farmacéutico cuando me veía entrar en la farmacia ya me preguntaba ¿el reloj otra vez?
Un día me dijo que ya no tenía arreglo, no sé si realmente habrá sido así o mis padres le habrán pedido que me dijera eso, o fue iniciativa propia, pero así terminó sus días mis primer reloj. Mi gran amor terminó liquidándolo.
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