Estuve contando sobre mis dificultades para aprender la hora, o las medias horas, y algunas fechas en sueco, mi cerebro programado en español se negó a decir la hora al revés, y ni que hablar del famoso sjätte (sexto) que se pronuncia entre shete y jete, mi cerebro que parece que ya no escucha bien, al oir ...ete, dice: ah, siete, sí, bien, ya anoté el siete, y no hay quien lo haga entender que es el seis.
Pero bueno, aparte de que esas confusiones idiomáticas me hicieron llegar algo tarde a algunos lugares, a veces 25 horas más tarde, siempre fui muy puntual.
Cuando adolescente con la clase del liceo hacíamos bailes algunos sábados. Yo siempre iba con una amiga-vecina que no hacía mucho se había mudado para Montevideo. En la ciudad del interior de donde venía, la gente era más puntual.
Ella estaba acostumbrada a que si invitaban a una fiesta a las siete, iba a las siete. En Montevideo era distinto, muy distinto! Como íbamos juntas, íbamos siempre en hora, o a deshora según como se lo mire.
Decían que el baile sería a la siete en la casa de alguien, y a las siete llegábamos nosotras, recién peinadas y maquilladas, y con muchos ánimos de fiesta. Nos abría la puerta la compañera de clase que hacía el baile, todavía ni siquiera había empezado a arreglarse!
Cuando un par de horas después empezaba a llegar el resto de la clase, ya el pelo aburrido colgaba de cualquier manera, el maquillaje se había corrido y los ánimos de fiesta apagado. Con todo no aprendimos la lección y seguimos llegando temprano a todas las fiestas.
Mi mamá era lo contrario, bien montevideana ella. Recuerdo haberla visto arreglarse con mucha calma pero si le pedíamos algo nos decía que estaba apuraba porque tenía que encontrarse con papá en el centro a por ejemplo las cinco de la tarde. Mirábamos el reloj, eran ya las cinco y media o más y todavía le quedaba ir a la parada a esperar al ómnibus que quien sabe cuando pasaría y luego casi una hora de viaje.
Quiero creer que papá ya la conocía y no iría a las cinco a esperarla.
A veces hacía cenas o fiestas en casa. Recuerdo cuando las organizaba, decía: invitamos a las siete para que la gente venga a las nueve, y realmente que la gente empezaba a llegar a eso de las nueve y no antes, se ve que la gente ya conocía a mamá o mamá conocía bien a la gente.
Aquí es lo contrario, son la puntualidad personificada, si invitan a las siete, pues a las siete en punto están tocando timbre.
La impuntualidad es muy mal vista, es más, a las personas impuntuales las llaman ladrones de tiempo. Estoy de acuerdo con esa manera de llamarlos, porque es lo que hacen, le roban el tiempo a las personas que dejan esperando.
Cuando se acuerda encontrarse a determinada hora y uno no llega, se esperan máximo quince minutos, si no aparece la persona, no se la espera más.
Como les decía yo era y soy puntual, pero no era ni es así mi ex. La primera vez que nos invitaron a cenar a casa de una familia sueca estaba mi mamá aquí y fue también invitada. Tanto mi ex como mi mamá, sacaron cuentas de a que hora deberíamos ir, es decir le agregaron un par de horas a la hora que nos habían dicho.
Dos horas y un poquito más como para quedar bien de bien, esa era la idea. Cuando llegamos nos recibieron muy preocupados preguntando que había pasado, se imaginaban algo grave, y por supuesto que ya todo había casi terminado.
Hace unos años estaba en una asociación en la que los miembros eran una mezcla de latinos y suecos. También ahí se organizaban muy lindos bailes, también ahí había un lindo choque cultural y no festejaban juntos los suecos y los latinos.
Generalmente daban como hora de comienzo las ocho y pasaba lo siguiente: a las ocho en punto llegaban los suecos, comían, bebían y se divertían. Cuando empezaban a irse, comenzaban a llegar los latinos. Se encontraban en la puerta, rara vez se encontraban en la pista de baile.
En un tiempo formaba parte de la mesa directiva de la asociación amigos de la biblioteca de mi barrio. Las reuniones las hacíamos en la biblioteca pero una vez no se podía, habría otra cosa en ese local y uno de la asociación ofreció su casa para la reunión.
Una que también iría a la reunión, me dijo de ir juntas, ella vive bien cerquita de casa. Por supuesto que me dijo de salir un buen rato antes de la hora de comienzo de la reunión por las dudas de que nos llevara mucho tiempo caminar hasta esa casa, no estábamos muy seguras de donde era, a qué distancia quedaba.
Salimos temprano, llovía a cántaros, llegamos unos minutos antes de la hora establecida, fui a tocar timbre pero ella me dijo que no, que faltaban todavía unos minutos, tres o cuatro. Ahí quedamos acurrucadas bajo los paraguas esperando que pasaran esos minutos hasta que fuera la hora en punto. Eso es puntualidad, llegar a la hora en punto.
Este blog es un derivado de mi primer blog, Mis manualidades, donde pongo fotos de mis manualidades (qué original), recetas y relatos sobre mi vida. Quizás, tal como las personas que comienzan con las operaciones plásticas y luego que empiezan a hacerle arreglitos a la naturaleza, no pueden parar de hacerse mejoras y terminan como caricaturas a sí mismas, me haya vuelto adicta a los blogs y ahora no pueda dejar de abrir uno tras otro ya que en realidad es el cuarto que abro.
Este blog será dedicado solamente a relatar sobre mi vida que es como la de todos, o casi. Mucho de lo que escriba aquí ya lo publique en mi otro blog y ahora lo trasladé.
Tengo el pelo gris pero puse una foto donde estoy con el pelo verde, lo hice así por dos cosas, una porque creo que así quedo cuando tengo que enfrentarme a los aparatejos modernos (léase: todo lo que se ha inventado luego de la rueda), me sacan canas verdes; y otra porque me gusta como queda y si pudiera me lo teñiría así.
Abajo del todo hay una ventanita donde pueden dejarme saludos, también pueden dejarme comentarios o saludos debajo de cada post (cliqueando donde dice Comentarios).
En el costado, más abajo de mi foto, está el archivo ordenado por temas, cliqueando ahí pueden ver los posts que publiqué antes, o pueden cliquear abajo del todo (antes de la ventanita de los mensajes) donde dice Entradas antiguas.
Este blog será dedicado solamente a relatar sobre mi vida que es como la de todos, o casi. Mucho de lo que escriba aquí ya lo publique en mi otro blog y ahora lo trasladé.
Tengo el pelo gris pero puse una foto donde estoy con el pelo verde, lo hice así por dos cosas, una porque creo que así quedo cuando tengo que enfrentarme a los aparatejos modernos (léase: todo lo que se ha inventado luego de la rueda), me sacan canas verdes; y otra porque me gusta como queda y si pudiera me lo teñiría así.
Abajo del todo hay una ventanita donde pueden dejarme saludos, también pueden dejarme comentarios o saludos debajo de cada post (cliqueando donde dice Comentarios).
En el costado, más abajo de mi foto, está el archivo ordenado por temas, cliqueando ahí pueden ver los posts que publiqué antes, o pueden cliquear abajo del todo (antes de la ventanita de los mensajes) donde dice Entradas antiguas.
Mostrando entradas con la etiqueta Recién llegados a Suecia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Recién llegados a Suecia. Mostrar todas las entradas
lunes, 10 de agosto de 2009
domingo, 9 de agosto de 2009
Con horas y fechas
Aprender la hora en sueco no es tan sencillo, o la hora sí es fácil pero no las medias horas. Ya en español es algo complicado aprender como se dice en cada país. Por ejemplo en Uruguay se dice nueve menos diez y en otros países dicen diez para las nueve.
En sueco es más o menos como en otros países, es decir ponen los minutos que faltan antes de la hora. Y lo contrario, cuando son por ejemplo las nueve y diez, dicen que pasaron diez minutos de las diez.
La clave está en qué se dice primero, como uruguaya estaba acostumbrada a siempre decir primero la hora y después los minutos antes o después de esa hora. También cuando son las y media.
En sueco es al revés, primero dicen las medias y luego la hora que será cuando haya pasado una media hora, ejemplo no dicen nueve y media sino: media hora para las diez. Ahí sí que me complicaron la vida o por lo menos los horarios. A mí y a quienes tengo a mi alrededor.
La primera vez que fui a dejar a mi hijo mayor a que lo cuidara una señora mientras yo iba a estudiar, me preguntó a qué horas iría, le contesté que a las cinco y media. Le pareció muy temprano pero le aclaré que yo empezaba temprano las clases y tenía que tomar un ómnibus, un tren, otro ómnibus y luego caminar varias cuadras.
Resignada aceptó. Al día siguiente cuando apenas toqué timbre en su casa, a las seis y media como yo pensaba que le había dicho, abrió la puerta apurada y preocupada pensando que yo llegaría tarde a clase. Ella ya hacía una hora que me estaba esperando.
Yo había dicho la hora como tenía programado desde que aprendí la hora, cuando se dan las y media se dice la hora que es, no la que va a ser dentro de media hora! Quiero creer que a esta altura me habrá perdonado que la hice madrugar tanto.
Les aseguro que demoré muchísimo en acostumbrarme a pensar al revés, y aún hoy a veces tengo que pensarlo cuando voy a decir la hora o me la preguntan. No es bobada errarle por una hora entera.
Con las fechas también me resultó complicado. No dicen ocho de agosto, sino el octavo día de agosto. Yo no cumplo años un 19 de setiembre sino el décimonoveno día de setiembre.
A eso hay que agregarle que sexto se dice sjätte, suena algo intermedio entre jete y shete, es decir suena parecido a siete. Ya se imaginarán que cuando me hablan de sexto día de algún mes, yo inmeditamente pensaba en el séptimo.
La de horas o turnos que perdí por aparecerme el siete cuando me habían dado hora para el seis.
Hace poco les contaba mis dificultades para aprender algunas fechas de cumpleaños, si de primera me quedó alguna duda, después siempre seguiré dudando. Lo mismo me pasa con el sexto o séptimo y con las medias horas, hasta el día de hoy me quedan dudas cuando me lo dicen. Por las dudas si en el médico me dan hora para un seis pido que me digan si cae en lunes, martes o qué día de semana.
Y ya que hablamos de horarios, en estos días les cuesto sobre la puntualidad.
En sueco es más o menos como en otros países, es decir ponen los minutos que faltan antes de la hora. Y lo contrario, cuando son por ejemplo las nueve y diez, dicen que pasaron diez minutos de las diez.
La clave está en qué se dice primero, como uruguaya estaba acostumbrada a siempre decir primero la hora y después los minutos antes o después de esa hora. También cuando son las y media.
En sueco es al revés, primero dicen las medias y luego la hora que será cuando haya pasado una media hora, ejemplo no dicen nueve y media sino: media hora para las diez. Ahí sí que me complicaron la vida o por lo menos los horarios. A mí y a quienes tengo a mi alrededor.
La primera vez que fui a dejar a mi hijo mayor a que lo cuidara una señora mientras yo iba a estudiar, me preguntó a qué horas iría, le contesté que a las cinco y media. Le pareció muy temprano pero le aclaré que yo empezaba temprano las clases y tenía que tomar un ómnibus, un tren, otro ómnibus y luego caminar varias cuadras.
Resignada aceptó. Al día siguiente cuando apenas toqué timbre en su casa, a las seis y media como yo pensaba que le había dicho, abrió la puerta apurada y preocupada pensando que yo llegaría tarde a clase. Ella ya hacía una hora que me estaba esperando.
Yo había dicho la hora como tenía programado desde que aprendí la hora, cuando se dan las y media se dice la hora que es, no la que va a ser dentro de media hora! Quiero creer que a esta altura me habrá perdonado que la hice madrugar tanto.
Les aseguro que demoré muchísimo en acostumbrarme a pensar al revés, y aún hoy a veces tengo que pensarlo cuando voy a decir la hora o me la preguntan. No es bobada errarle por una hora entera.
Con las fechas también me resultó complicado. No dicen ocho de agosto, sino el octavo día de agosto. Yo no cumplo años un 19 de setiembre sino el décimonoveno día de setiembre.
A eso hay que agregarle que sexto se dice sjätte, suena algo intermedio entre jete y shete, es decir suena parecido a siete. Ya se imaginarán que cuando me hablan de sexto día de algún mes, yo inmeditamente pensaba en el séptimo.
La de horas o turnos que perdí por aparecerme el siete cuando me habían dado hora para el seis.
Hace poco les contaba mis dificultades para aprender algunas fechas de cumpleaños, si de primera me quedó alguna duda, después siempre seguiré dudando. Lo mismo me pasa con el sexto o séptimo y con las medias horas, hasta el día de hoy me quedan dudas cuando me lo dicen. Por las dudas si en el médico me dan hora para un seis pido que me digan si cae en lunes, martes o qué día de semana.
Y ya que hablamos de horarios, en estos días les cuesto sobre la puntualidad.
domingo, 21 de junio de 2009
Parientes en sueco
Sigo contando sobre Suecia. En Uruguay el viernes fue el día del abuelo. Se lo festeja el 19 de junio, aniversario del natalicio de Artigas. Me parece muy lindo que festejen a los abuelos.
Aquí no se festeja más que el día de la madre y el día del padre. Después de todo mejor porque como aquí se diferencia abuelos paternos de abuelas maternas, igual que tíos paternos y tíos maternos, se los llama de distintas maneras, no alcanzarían los días del año para festejarlos a todos.
En español diferenciamos entre abuela y abuelo, en sueco hay mormor (madre de la madre), morfar (padre de la madre), farmor (madre del padre) y farfar (padre del padre).
De la misma manera que sobrinos y primos, bueno, toda la parentela. Es en realidad una cosa muy práctica. Yo recuerdo cuando chica que llamaba tíos y tías a un montón de gente, y de muchos no tenía idea de qué manera habían llegado a ser mis tíos y tías. Si eran familiares de papá o de mamá.
Aquí en vez de tío se es farbror o morbror, depende si se es hermano del padre (far=padre, bror=hermano) o de la madre (mor=madre, bror sigue siendo hermano, lean el paréntesis anterior!).
Lo mismo con las tías, son faster (hermana del padre, por eso empieza con fa) o moster (hermana de la madre, por eso empieza con mo). Supongo que se llaman así porque acortaron las palabras farsyster y morsyster (a esta altura ya habrán entendido que syster es hermana), y porque las mujeres tenemos una tendencia a complicar las cosas.
También los sobrinos y sobrinas se distinguen: brorson (hijo del hermano) o brorsdotter (hija del hermano), o systerson (hijo del hermano) o systerdotter (hija de la hermana).
Me parece muy práctico, aunque al principio me hacía una mezcla bárbara ya que invierten las palabras, para decir madre del padre (farmor) escriben primero padre (far) y después madre (mor), así que por mucho que en la palabra está indicado el tipo de parentezco, a mí me confundía y pensaba que la madre del padre era el padre de la madre, menos mal que todo quedaba en familia.
Una vez que se tiene claro quien es quien en la familia se hace más fácil repartir los títulos. Aunque algunos títulos faltan aquí. Por ejemplo no tienen un equivalente a tío abuelo, seguramente que porque en vez de una palabra les haría falta dibujar el árbol genealógico de la familia.
No es raro que aquí las relaciones familiares sean distintas, la familia en realidad es más chica, es más que nada los más cercanos, no como hacemos nosotros que aún a familiares lejanos, y no me refiero a quienes viven en otros países, los consideramos tan de la familia como a quienes viven en la misma casa.
Quizás no se trate de que no quieran tener mucha relación con ellos sino que no saben como llamarlos.
Aquí no se festeja más que el día de la madre y el día del padre. Después de todo mejor porque como aquí se diferencia abuelos paternos de abuelas maternas, igual que tíos paternos y tíos maternos, se los llama de distintas maneras, no alcanzarían los días del año para festejarlos a todos.
En español diferenciamos entre abuela y abuelo, en sueco hay mormor (madre de la madre), morfar (padre de la madre), farmor (madre del padre) y farfar (padre del padre).
De la misma manera que sobrinos y primos, bueno, toda la parentela. Es en realidad una cosa muy práctica. Yo recuerdo cuando chica que llamaba tíos y tías a un montón de gente, y de muchos no tenía idea de qué manera habían llegado a ser mis tíos y tías. Si eran familiares de papá o de mamá.
Aquí en vez de tío se es farbror o morbror, depende si se es hermano del padre (far=padre, bror=hermano) o de la madre (mor=madre, bror sigue siendo hermano, lean el paréntesis anterior!).
Lo mismo con las tías, son faster (hermana del padre, por eso empieza con fa) o moster (hermana de la madre, por eso empieza con mo). Supongo que se llaman así porque acortaron las palabras farsyster y morsyster (a esta altura ya habrán entendido que syster es hermana), y porque las mujeres tenemos una tendencia a complicar las cosas.
También los sobrinos y sobrinas se distinguen: brorson (hijo del hermano) o brorsdotter (hija del hermano), o systerson (hijo del hermano) o systerdotter (hija de la hermana).
Me parece muy práctico, aunque al principio me hacía una mezcla bárbara ya que invierten las palabras, para decir madre del padre (farmor) escriben primero padre (far) y después madre (mor), así que por mucho que en la palabra está indicado el tipo de parentezco, a mí me confundía y pensaba que la madre del padre era el padre de la madre, menos mal que todo quedaba en familia.
Una vez que se tiene claro quien es quien en la familia se hace más fácil repartir los títulos. Aunque algunos títulos faltan aquí. Por ejemplo no tienen un equivalente a tío abuelo, seguramente que porque en vez de una palabra les haría falta dibujar el árbol genealógico de la familia.
No es raro que aquí las relaciones familiares sean distintas, la familia en realidad es más chica, es más que nada los más cercanos, no como hacemos nosotros que aún a familiares lejanos, y no me refiero a quienes viven en otros países, los consideramos tan de la familia como a quienes viven en la misma casa.
Quizás no se trate de que no quieran tener mucha relación con ellos sino que no saben como llamarlos.
lunes, 15 de junio de 2009
En nuestro primer apartamento
Sigo contando de nuestros primeros tiempos en Suecia. Finalmente llegó el día en que pudimos alquilar un apartamento, o apartamentito porque era bien chiquito. Lo alquilamos de segunda mano, es decir no a la dueña del apartamento sino a quien se lo había alquilado, otro uruguayo que acababa de formar pareja y se fue a vivir con ella.
Era bien chiquito,un ambiente que hacía las veces de living, dormitorio y comedor, por suerte el baño estaba aparte! pero era también una miniaturita y no tenía donde bañarse, ni desague había. Nos bañábamos tirándonos agua con una jarra (no mutuamente, no había lugar como para guerras de agua), después quedábamos sudando al intentar secar el piso juntando agua con el trapo de piso.
En esos tiempos íbamos todos los fines de semana a visitar amigos. Cuando entrábamos y nos ofrecían un café o un té, nosotros pedíamos primero para ducharnos. Al principio llamaba la atención nuestro pedido, después se acostumbraron.
La cocina estaba escondida en en un placard. La heladera estaba abajo de la mesada y no tenía congelador, pero como nos mudamos para ahí en invierno ni nos preocupó, cuando comprábamos cajas de helado las poníamos del lado de afuera de la ventana.
Si bien la cocina era chiquitita, nos daba como para cocinar ahí. El problema estaba en comprar los ingredientes para las comidas. Un día fuimos a visitar a unos amigos uruguayos, nos convidaron con pizza casera, muy rica.
Pedí la receta. Nos dijeron que harina se llamaba mjöl en sueco. Fuimos al supermercado, buscamos por todos lados algo que dijera mjöl. Encontramos varios paquetes de vetemjöl, rågmjöl, grahammjöl y algunos más, pero ninguno que dijera solamente mjöl.
Optamos por comprar el que decía rågmjöl ya que era el que aparte de mjöl tenía menos letras. Tuvimos suerte, era harina, pero como escribía en las cartas a mi casa contando sobre las cosas de este país, la harina aquí nos pareció de muy mala calidad. No era tan blanca como la uruguaya.
Pero a pesar de que no era tan blanca hicimos y comimos algunas pizzas. Quedaron algo pesadas pero como tenían mucha salsa estaban sabrosas, o comibles. Tiempo después comentamos con nuestros amigos el color de la harina sueca. Nos dijeron que rågmjöl significa harina de centeno. Aprendimos que harina de trigo se llama vetemjöl y esa sí es tan blanquita como la uruguaya.
Así como unos amigos nos dijeron como se llamaba la harina en sueco, otros amigos fueron informándonos de otros ingredientes que vienen empaquetados y nos contaron de algunas cosas que lamentablemente aquí no había.
Está bien confiar en los amigos, pero un poco de desconfianzas no viene mal de vez en cuando. Por suerte una argentina, cordobeza para más datos, no quería terminar de aceptar que faltaran tantos condimentos. Decidió empezar a comprar bolsitas que no sabía qué eran para investigar su contenido.
De esa manera pudimos enterarnos que no era verdad que aquí no vendieran laurel ni clavos de olor y algunas cositas más. Simplemente que venían en bolsitas cerradas y sin dibujos que mostraran su contenido.
Y ya seguiré contando de aquellos tiempos.
Era bien chiquito,un ambiente que hacía las veces de living, dormitorio y comedor, por suerte el baño estaba aparte! pero era también una miniaturita y no tenía donde bañarse, ni desague había. Nos bañábamos tirándonos agua con una jarra (no mutuamente, no había lugar como para guerras de agua), después quedábamos sudando al intentar secar el piso juntando agua con el trapo de piso.
En esos tiempos íbamos todos los fines de semana a visitar amigos. Cuando entrábamos y nos ofrecían un café o un té, nosotros pedíamos primero para ducharnos. Al principio llamaba la atención nuestro pedido, después se acostumbraron.
La cocina estaba escondida en en un placard. La heladera estaba abajo de la mesada y no tenía congelador, pero como nos mudamos para ahí en invierno ni nos preocupó, cuando comprábamos cajas de helado las poníamos del lado de afuera de la ventana.
Si bien la cocina era chiquitita, nos daba como para cocinar ahí. El problema estaba en comprar los ingredientes para las comidas. Un día fuimos a visitar a unos amigos uruguayos, nos convidaron con pizza casera, muy rica.
Pedí la receta. Nos dijeron que harina se llamaba mjöl en sueco. Fuimos al supermercado, buscamos por todos lados algo que dijera mjöl. Encontramos varios paquetes de vetemjöl, rågmjöl, grahammjöl y algunos más, pero ninguno que dijera solamente mjöl.
Optamos por comprar el que decía rågmjöl ya que era el que aparte de mjöl tenía menos letras. Tuvimos suerte, era harina, pero como escribía en las cartas a mi casa contando sobre las cosas de este país, la harina aquí nos pareció de muy mala calidad. No era tan blanca como la uruguaya.
Pero a pesar de que no era tan blanca hicimos y comimos algunas pizzas. Quedaron algo pesadas pero como tenían mucha salsa estaban sabrosas, o comibles. Tiempo después comentamos con nuestros amigos el color de la harina sueca. Nos dijeron que rågmjöl significa harina de centeno. Aprendimos que harina de trigo se llama vetemjöl y esa sí es tan blanquita como la uruguaya.
Así como unos amigos nos dijeron como se llamaba la harina en sueco, otros amigos fueron informándonos de otros ingredientes que vienen empaquetados y nos contaron de algunas cosas que lamentablemente aquí no había.
Está bien confiar en los amigos, pero un poco de desconfianzas no viene mal de vez en cuando. Por suerte una argentina, cordobeza para más datos, no quería terminar de aceptar que faltaran tantos condimentos. Decidió empezar a comprar bolsitas que no sabía qué eran para investigar su contenido.
De esa manera pudimos enterarnos que no era verdad que aquí no vendieran laurel ni clavos de olor y algunas cositas más. Simplemente que venían en bolsitas cerradas y sin dibujos que mostraran su contenido.
Y ya seguiré contando de aquellos tiempos.
domingo, 7 de junio de 2009
Sigo con las comidas
Sigo con el tema de las comidas, aunque no sé bien con cual seguir. Quizás con uno de los primeros choques. Un día junto con la comida nos sirvieron galletas Wasa, una galletas rectangulares, color marroncito y duras.
Mi ex se enojó, estaba muy ofendido, decía que nos habían servido galletas para perros. Sinceramente si bien yo no decía que eso eran galletas para perros, estaba de acuerdo con que eso no podía ser comida de personas.
Hoy son muy conocidas, en el show de Oprah las recomendaron. Yo ya casi no como pan, quizás una o dos veces al año, como solamente de esas galletas, al desayuno, almuerzo, cena y las dos meriendas que hago al día, sí, me encantan!
Hace varios años estuvo una prima mía de visita. Fue una linda sorpresa, hacía varios años que no nos veíamos, ni nos reconocimos cuando nos vimos.
El primer día en la tarde, a esos de las seis, nos sentamos a comer, yo había hecho el panqueque al horno con bacon que conté hace un par de días. Por supuesto lo serví con dulce como corresponde, aunque no con el dulce de arándalos.
Mi pobre prima quedó desconcertada. Cuando yo dije de comer a las seis de la tarde no supo si yo pensaba servir una merienda algo tarde o una cena muy temprano. Cuando serví la comida siguió dudando, por tener bacon le parecía que sería una cena, pero el dulce la hacía pensar que era una merienda. Por suerte, fuera lo fuera, le gustó.
En esos días le serví otra cosa que a mí particularmente me gusta mucho, a ella también le gustó pero dijo que mejor no contarle a nadie porque quien sabe que iban a pensar de ella. Es mimosa sallad, la compro ya hecha pero puede hacerse en la casa mezclando mayonesa con crema ácida y ensalada de fruta, se abre una lata de ensalada de frutas y se cuela para sacarle el juego. Es muy rico para acompañar rodajas de jamón.
La primer navidad sueca fue toda una vivencia culinaria. Para navidad se come y se come, la lista de todo lo que hay en la mesa es larguísima, ni la voy a escribir. Entre las primeras cosas que se sirven está el arenque que se prepara en una especie de vinagre.
Yo me sentía como comiendo pescado casi crudo. Por suerte cuando lo sirven, aparte de cerveza también sirven algo así como aguardiente. La cosa fue comer un pedacito de pescado, tomar un poco de aguardiente que me parecía muy fuerte pero bueno para poder seguir comiendo el pescado. Suerte que me quedaba a dormir en esa casa!
Por suerte pude acostumbrarme también a esta comida porque la sirven para todas las fiestas, no solamente para navidad sino para pascuas y Midsommar. Y la verdad que no está tan mal cuando se la acompaña con papas hervidas y huevos duros.
Y hablando de pescados difíciles de comer o acostumbrarse a comer, paso aquí un post que puse el año pasado, en agosto, en mi otro blog contando del surströmming:
"En estos días puede sentir un fuerte olor muy feo por varios lugares en Suecia, es la época de comer surströmming. Qué es eso? bueno, en Wikipendia encontré esta explicación:
Surströmming (arenque agrio en español) es una delicia sueca que consiste en arenque fermentado del Mar Báltico. El surströmming se vende en latas, que al ser abiertas sueltan un olor fuerte y fétido. Es por este olor particular, que es parecido al pescado pasado o basura dejada al sol durante un par de días, que el surströmming tiene mala fama en la cultura popular, y se sostiene que la gente que intenta probar el surströmming puede estar segura de que nunca lo olvidará.
A causa de su olor, el plato se suele ofrecer en comidas al aire libre. Sin embargo, abrir la lata bajo el agua puede contribuir a rebajar el olor hasta cierto punto, así como a evitar bañar a la persona que lo abre en salazón, puesto que la fermentación a menudo genera una considerable presión dentro de la lata. La palabra finesa para denominarlo es hapansilakka.
El arenque es pescado en primavera, cuando está en condición óptima y están a punto de reproducirse. El arenque se fermenta en barriles durante uno o dos meses, y luego es enlatado para continuar la fermentación. De medio a un año más tarde, se ha generado suficiente gas como para que las latas que eran cilíndricas hayan pasado a tener una forma más redondeada.
Estos inusuales contenedores de surströmming pueden encontrarse en supermercados de toda Suecia. Sin embargo, ciertas aerolíneas han prohibido estas latas en sus vuelos, considerando como potencialmente peligrosos los contenedores presurizados.
Las responsables de la fermentación dentro de la lata son bacterias de la especie Haloanaerobium. Estas bacterias producen dióxido de carbono y varios componentes que provocan el peculiar olor: fuerte ácido propílico, sulfuro de hidrógeno (huevo podrido), ácido butílico (mantequilla rancia) y ácido acético (vinagre).
Una explicación propuesta de los orígenes de este método de preservación es que empezó hace mucho tiempo, cuando salar comida era bastante caro debido al coste de la sal. Cuando se usaba la fermentación, sólo se necesitaba la cantidad justa de sal para que el pescado no se pudriese.
A menudo se come el Surströmming con un tipo de pan llamado tunnbröd ("pan delgado", literalmente). Este pan delgado y blando (que no ha de confundirse con el pan crujiente, knäckebröd, o también llamadas galletas Wasa) se comercializa en grandes láminas cuadradas que se embadurnan de mantequilla. Luego se le añade algo de cebolla cortada y patatas hervidas peladas y laminadas. Las patatas son de un tipo especial, llamadas mandelpotatis o patatas almendra.
Se saca un pescado entero de la lata y cortado a la mitad. Se eliminan sus partes blandas internas, incluyendo las huevas, de color gris oscuro, y entonces se abre el pescado como un libro. Se aplasta la carne roja con un tenedor, soltando las espinas para poder filetearla. Entonces se cortan porciones pequeñas, listas para el sandwich. El toque final es una poca de crème fraîche (crema ácida). Llegados aquí se puede doblar o enrollar el tunnbröd.
Tradicionalmente se sirve el sandwich de surströmming acompañado de un vaso de leche fría y un snaps (bebida alcóholica fuerte, a lo que yo llamé algo así como aguardiente). La cerveza también se ha vuelto popular, aunque los efectos de combinados del surströmming y la liberación de dióxido de carbono de la cerveza puede ser bastante desagradable durante un tiempo tras la comida.
Hay mucha gente que no aprecia el surströmming, y generalmente se considera como un gusto adquirido. Y a la inversa: es una comida sujeta a grandes pasiones (al igual que el lutfisk, o bacalao), y a muchas personas les ha gustado desde la primera vez.
Controversia
En abril de 2006, varias compañías aéreas importantes (como Air France y British Airways) prohibieron este pescado a bordo citando que las latas en las que viene pueden clasificarse como potencialmente explosivas debido al hecho de que están presurizadas. Tras esto se dejó de vender este pescado en el aeropuerto internacional de Estocolmo.
Los productores del pescado han tildado esta decisión de las líneas aéreas "culturalmente iletrada", afirmando que "es un mito que pueda explotar el pescado enlatado".
Sin embargo, admiten que el pescado puede emitir un hedor horrible. Pero ese único detalle, argumentan, no puede ser suficiente como para prohibir la venta del pescado.
Les cuento que una vez en el trabajo iban a hacer una de esas fiestitas donde se come el surströmming. Yo por mis alergias no podría comerlo pero decidí llevarme algo que pudiera comer y compartir un rato ameno con mis compañeras de trabajo. Ilusa yo, el olor era tan, tan, tan fuerte y feo, espantoso, que se me hizo imposible comer lo que llevé yo, le sentía el mismo olor a todo, llevó horas para desaparecer ese olor de mi nariz. Fue toda una experiencia.
Mi ex se enojó, estaba muy ofendido, decía que nos habían servido galletas para perros. Sinceramente si bien yo no decía que eso eran galletas para perros, estaba de acuerdo con que eso no podía ser comida de personas.
Hoy son muy conocidas, en el show de Oprah las recomendaron. Yo ya casi no como pan, quizás una o dos veces al año, como solamente de esas galletas, al desayuno, almuerzo, cena y las dos meriendas que hago al día, sí, me encantan!
Hace varios años estuvo una prima mía de visita. Fue una linda sorpresa, hacía varios años que no nos veíamos, ni nos reconocimos cuando nos vimos.
El primer día en la tarde, a esos de las seis, nos sentamos a comer, yo había hecho el panqueque al horno con bacon que conté hace un par de días. Por supuesto lo serví con dulce como corresponde, aunque no con el dulce de arándalos.
Mi pobre prima quedó desconcertada. Cuando yo dije de comer a las seis de la tarde no supo si yo pensaba servir una merienda algo tarde o una cena muy temprano. Cuando serví la comida siguió dudando, por tener bacon le parecía que sería una cena, pero el dulce la hacía pensar que era una merienda. Por suerte, fuera lo fuera, le gustó.
En esos días le serví otra cosa que a mí particularmente me gusta mucho, a ella también le gustó pero dijo que mejor no contarle a nadie porque quien sabe que iban a pensar de ella. Es mimosa sallad, la compro ya hecha pero puede hacerse en la casa mezclando mayonesa con crema ácida y ensalada de fruta, se abre una lata de ensalada de frutas y se cuela para sacarle el juego. Es muy rico para acompañar rodajas de jamón.
La primer navidad sueca fue toda una vivencia culinaria. Para navidad se come y se come, la lista de todo lo que hay en la mesa es larguísima, ni la voy a escribir. Entre las primeras cosas que se sirven está el arenque que se prepara en una especie de vinagre.
Yo me sentía como comiendo pescado casi crudo. Por suerte cuando lo sirven, aparte de cerveza también sirven algo así como aguardiente. La cosa fue comer un pedacito de pescado, tomar un poco de aguardiente que me parecía muy fuerte pero bueno para poder seguir comiendo el pescado. Suerte que me quedaba a dormir en esa casa!
Por suerte pude acostumbrarme también a esta comida porque la sirven para todas las fiestas, no solamente para navidad sino para pascuas y Midsommar. Y la verdad que no está tan mal cuando se la acompaña con papas hervidas y huevos duros.
Y hablando de pescados difíciles de comer o acostumbrarse a comer, paso aquí un post que puse el año pasado, en agosto, en mi otro blog contando del surströmming:
"En estos días puede sentir un fuerte olor muy feo por varios lugares en Suecia, es la época de comer surströmming. Qué es eso? bueno, en Wikipendia encontré esta explicación:
Surströmming (arenque agrio en español) es una delicia sueca que consiste en arenque fermentado del Mar Báltico. El surströmming se vende en latas, que al ser abiertas sueltan un olor fuerte y fétido. Es por este olor particular, que es parecido al pescado pasado o basura dejada al sol durante un par de días, que el surströmming tiene mala fama en la cultura popular, y se sostiene que la gente que intenta probar el surströmming puede estar segura de que nunca lo olvidará.
A causa de su olor, el plato se suele ofrecer en comidas al aire libre. Sin embargo, abrir la lata bajo el agua puede contribuir a rebajar el olor hasta cierto punto, así como a evitar bañar a la persona que lo abre en salazón, puesto que la fermentación a menudo genera una considerable presión dentro de la lata. La palabra finesa para denominarlo es hapansilakka.
El arenque es pescado en primavera, cuando está en condición óptima y están a punto de reproducirse. El arenque se fermenta en barriles durante uno o dos meses, y luego es enlatado para continuar la fermentación. De medio a un año más tarde, se ha generado suficiente gas como para que las latas que eran cilíndricas hayan pasado a tener una forma más redondeada.
Estos inusuales contenedores de surströmming pueden encontrarse en supermercados de toda Suecia. Sin embargo, ciertas aerolíneas han prohibido estas latas en sus vuelos, considerando como potencialmente peligrosos los contenedores presurizados.
Las responsables de la fermentación dentro de la lata son bacterias de la especie Haloanaerobium. Estas bacterias producen dióxido de carbono y varios componentes que provocan el peculiar olor: fuerte ácido propílico, sulfuro de hidrógeno (huevo podrido), ácido butílico (mantequilla rancia) y ácido acético (vinagre).
Una explicación propuesta de los orígenes de este método de preservación es que empezó hace mucho tiempo, cuando salar comida era bastante caro debido al coste de la sal. Cuando se usaba la fermentación, sólo se necesitaba la cantidad justa de sal para que el pescado no se pudriese.
A menudo se come el Surströmming con un tipo de pan llamado tunnbröd ("pan delgado", literalmente). Este pan delgado y blando (que no ha de confundirse con el pan crujiente, knäckebröd, o también llamadas galletas Wasa) se comercializa en grandes láminas cuadradas que se embadurnan de mantequilla. Luego se le añade algo de cebolla cortada y patatas hervidas peladas y laminadas. Las patatas son de un tipo especial, llamadas mandelpotatis o patatas almendra.
Se saca un pescado entero de la lata y cortado a la mitad. Se eliminan sus partes blandas internas, incluyendo las huevas, de color gris oscuro, y entonces se abre el pescado como un libro. Se aplasta la carne roja con un tenedor, soltando las espinas para poder filetearla. Entonces se cortan porciones pequeñas, listas para el sandwich. El toque final es una poca de crème fraîche (crema ácida). Llegados aquí se puede doblar o enrollar el tunnbröd.
Tradicionalmente se sirve el sandwich de surströmming acompañado de un vaso de leche fría y un snaps (bebida alcóholica fuerte, a lo que yo llamé algo así como aguardiente). La cerveza también se ha vuelto popular, aunque los efectos de combinados del surströmming y la liberación de dióxido de carbono de la cerveza puede ser bastante desagradable durante un tiempo tras la comida.
Hay mucha gente que no aprecia el surströmming, y generalmente se considera como un gusto adquirido. Y a la inversa: es una comida sujeta a grandes pasiones (al igual que el lutfisk, o bacalao), y a muchas personas les ha gustado desde la primera vez.
Controversia
En abril de 2006, varias compañías aéreas importantes (como Air France y British Airways) prohibieron este pescado a bordo citando que las latas en las que viene pueden clasificarse como potencialmente explosivas debido al hecho de que están presurizadas. Tras esto se dejó de vender este pescado en el aeropuerto internacional de Estocolmo.
Los productores del pescado han tildado esta decisión de las líneas aéreas "culturalmente iletrada", afirmando que "es un mito que pueda explotar el pescado enlatado".
Sin embargo, admiten que el pescado puede emitir un hedor horrible. Pero ese único detalle, argumentan, no puede ser suficiente como para prohibir la venta del pescado.
Les cuento que una vez en el trabajo iban a hacer una de esas fiestitas donde se come el surströmming. Yo por mis alergias no podría comerlo pero decidí llevarme algo que pudiera comer y compartir un rato ameno con mis compañeras de trabajo. Ilusa yo, el olor era tan, tan, tan fuerte y feo, espantoso, que se me hizo imposible comer lo que llevé yo, le sentía el mismo olor a todo, llevó horas para desaparecer ese olor de mi nariz. Fue toda una experiencia.
sábado, 6 de junio de 2009
Festejando el bachillerato
Este post lo publiqué hace justo un año en mi otro blog, hoy lo paso para aquí ya que venía contando de cuando llegamos y las costumbres distintas que encontramos:
"En estos días terminan las clases y quienes terminan Preparatorios, es decir terminan el bachillerato están de fiesta. Se los ve ya unas semanas antes de terminar las clases con sus gorras blancas de bachilleres. El primer año que los ví pensé que eran marinos, que algún barco grande habría llegado a este puerto, después supe que eran estudiantes.
Es un gran acontecimiento terminar Preparatorios y muy festejado, es un gran día que comienza juntándose toda la clase en un parque donde desayunan con champagne, todos muy bien vestidos, ellos de traje y ellas con vestidos blancos o bien claritos. Luego del desayuno van a clase donde reciben sus diplomas y escuchan algún discurso. Afuera están las familias y amigos esperando, se llevan carteles donde se pegaron fotos de los estudiantes cuando eran niños.
Es impresionante verlos salir a todos corriendo y en un momento tiran las gorras al aire. Cuando encuentran a sus familias reciben ramos de flores que se les cuelga al cuello, también muñecos de peluche y botellas de champagne. Viene entonces un momento muy divertido, la vuelta a casa!
Se trata de ir a buscar al estudiante con un vehículo muy decorado con ramas de abedules y globos, y preferiblemente que sea algo muy original.
Luego se va en caravana, generalmente por cada estudiante hay más de un auto con gente que fue a buscarlo, y van tocando bocina y gritando, quienes los ven pasar los saludan. Dan una vuelta por el barrio antes de llegar a la casa donde los espera una fiestita.
La casa también fue decorada, luego de que el estudiante se fue en la mañana hay que apurarse a decorar la casa o el balcón del apartamento con ramas de abedules, globos y carteles (generalmente se sacrifica una sábana donde se escribe el nombre del estudiante).
Estos son los carteles con que fui a buscar a mis hijos cuando ellos se hicieron bachilleres:
>
A uno de ellos lo fuimos a buscar con un tractorcito, mi hijo estaba siempre con dos amigos y el padre de uno de ellos consiguió el tractorcito con una sorra (remolque) y la decoró, ahí volvieron los tres amigos. Al otro lo fuimos a buscar en la camioneta a la que se le habían sacado los asiento de atrás, ahí fijaron una silla y llenaron la camioneta de globos aparte de decorarla con ramas y globos, la puerta de atrás iba abierta y mi hijo iba sentado en la silla tirando globos a la gente que nos veía pasar. Si algún día tengo scanner y espero tenerlo pronto, les mostraré algunas fotos más de como festejamos este día."
Y pasó un año y yo sigo sin scanner, ese pronto parece demorarse en llegar.
"En estos días terminan las clases y quienes terminan Preparatorios, es decir terminan el bachillerato están de fiesta. Se los ve ya unas semanas antes de terminar las clases con sus gorras blancas de bachilleres. El primer año que los ví pensé que eran marinos, que algún barco grande habría llegado a este puerto, después supe que eran estudiantes.
Es un gran acontecimiento terminar Preparatorios y muy festejado, es un gran día que comienza juntándose toda la clase en un parque donde desayunan con champagne, todos muy bien vestidos, ellos de traje y ellas con vestidos blancos o bien claritos. Luego del desayuno van a clase donde reciben sus diplomas y escuchan algún discurso. Afuera están las familias y amigos esperando, se llevan carteles donde se pegaron fotos de los estudiantes cuando eran niños.
Es impresionante verlos salir a todos corriendo y en un momento tiran las gorras al aire. Cuando encuentran a sus familias reciben ramos de flores que se les cuelga al cuello, también muñecos de peluche y botellas de champagne. Viene entonces un momento muy divertido, la vuelta a casa!
Se trata de ir a buscar al estudiante con un vehículo muy decorado con ramas de abedules y globos, y preferiblemente que sea algo muy original.
Luego se va en caravana, generalmente por cada estudiante hay más de un auto con gente que fue a buscarlo, y van tocando bocina y gritando, quienes los ven pasar los saludan. Dan una vuelta por el barrio antes de llegar a la casa donde los espera una fiestita.
La casa también fue decorada, luego de que el estudiante se fue en la mañana hay que apurarse a decorar la casa o el balcón del apartamento con ramas de abedules, globos y carteles (generalmente se sacrifica una sábana donde se escribe el nombre del estudiante).
Estos son los carteles con que fui a buscar a mis hijos cuando ellos se hicieron bachilleres:
>A uno de ellos lo fuimos a buscar con un tractorcito, mi hijo estaba siempre con dos amigos y el padre de uno de ellos consiguió el tractorcito con una sorra (remolque) y la decoró, ahí volvieron los tres amigos. Al otro lo fuimos a buscar en la camioneta a la que se le habían sacado los asiento de atrás, ahí fijaron una silla y llenaron la camioneta de globos aparte de decorarla con ramas y globos, la puerta de atrás iba abierta y mi hijo iba sentado en la silla tirando globos a la gente que nos veía pasar. Si algún día tengo scanner y espero tenerlo pronto, les mostraré algunas fotos más de como festejamos este día."
Y pasó un año y yo sigo sin scanner, ese pronto parece demorarse en llegar.
jueves, 4 de junio de 2009
Sobre comidas
Hablando de los primeros tiempos aquí, no puede faltar el capítulo comidas. Aaaah, las comidas! Recuerdo cuando estábamos en ese primer lugar que les conté y comíamos en el comedor-restaurant.
Los días de semana nos servían la comida en lo que podría llamar el comedor diario, también ahí servían a los clientes que venían a almorzar, seguramente gente que trabajaba cerca e iba a comer en la pausa del almuerzo.
No sé si la otra gente pedía comidas por un menú, o solamente tenían el plato del día. A nosotros nunca nos preguntaron, y lo bien qué hicieron porque no les habríamos entendido nada.
Las comidas nos parecían muy raras, algunas más comibles que otras pero raras. Lo que nos parecía más extraño es que a veces para el almuerzo, aparte del pan y la manteca también ponían mermelada en la mesa.
Muy raro, pero muy rica. Esos días después de comer siempre me hacía un delicioso pan con manteca y mermelada, era mi postre. Cuando tuvimos apartamento iba al supermercado a buscar esa mermelada.
Como no sabía como se llamaba, compraba mermeladas rojas, una distinta cada vez, y nunca encontré una tan rica, con ese gustito dulce con algo medio ácido. Mucho después, ya trabajando en Kodak, se cruzó en mi camino, o en mi mesa, esa mermelada.
Un día fui al comedor con unas compañeras de trabajo y me sirvieron esa mermelada, en el mismo plato que la comida! Sí, era dulce de arándalos para acompañar la comida y no para comer con pan y manteca.
Entre las comidas que siempre se acompañan con ese dulce están las köttbullar (albóndigas suecas). También se hace la masa de los panqueques, se pone en una asadera junto con una especie de tocino en cuadraditos que se fríen antes de agregarlos a la masa y al horno. Luego se sirve con ese dulce.
También hay una especie de morcilla que se corta en rodajas, se fríe y se acompaña con el dulce de arándalos. Suena raro pero como es un dulce un poquito ácido queda muy rico.
Volviendo al comedor del primer lugar. Los domingos, muy generosamente nos dejaban comer en el comedor fino, ese con manteles blancos. Ahí no servían la comida sino que era las famosas smörgåsbord suecas. En una mesa ponen una cantidad de comidas y cada uno se va sirviendo un poco de cada cosa.
Cuando nos hacían pasar a ese comedor lo hacían siempre muy sonrientes, demostrándonos que era algo muy bueno, un beneficio, algo que debía alegrarnos. Nosotros sonreíamos pero por lo menos yo no me alegraba ni un poquito.
Por más vueltas que daba alrededor de esa mesa llena de comida, lo único que encontraba comible eran papas hervidas. Los otros que estaban con nosotros podían encontrar algunas cosas más, pero yo no. Los domingos me llenaba de papas y pan y justo ese día no nos servían el dulce.
Trabajando en Kodak fuo agarrándole el gusto a las comidas suecas, también fui aprendiendo a cocinarlas. Algunas recetas me las pasaban las compañeras de trabajos cuando yo decía que esa comida me había gustado.
Otras me las pasaba la señora que cuidaba a mis hijos, la dagmamma (mamá del día como les llaman). Ella me pasaba las recetas de las comidas que a mis hijos le gustaban, claro que a mí no me quedaban igual que a ella.
Había detalles que se me pasaban. Por ejemplo algunas comidas se hacen o se acompañan con esa especie de tocino, pero cuando me lo describieron ya que no entendía qué era eso, me pareció que estaban hablando de bacon.
Resultado: usaba bacon donde había que poner tocino y no es lo mismo. Por ejemplo el panqueque al horno con tocino yo lo hacía con bacon. En ese tiempo tampoco había encontrado el dulce de arándalos y ponía cualquier otro dulce rojo, de frutilla o de frambuesa, después cuando lo encontré mis hijos ya se habían acostumbrado a los otros dulces y seguí con esos.
Un día una vecina y su marido tuvieron que salir y sus hijos quedaron en casa. Cuando vinieron a buscarlos yo estaba por servir el panqueque, los invité a quedarse a comer.
Se sentaron comentando que esa comida les gustaba mucho. Primero les llamó la atención que hubiera usado bacon, a mí me llamó la atención que no todos lo hicieran con bacon, no entendía que otra cosa era que le ponían.
Cuando vieron que el dulce era de frutillas hasta sus hijos reaccionaron, y es lógico, una cosa es poner un dulce ácido y otra poner un dulce-dulce. Hasta hoy mis hijos a veces prefieren el dulce de frutillas al de arándalos, lo que por supuesto le ha llamado la atención a mis nueras.
Lo mismo pasa con el bacon en vez de tocino, nos acostumbramos y nos pareció más rico.
Volviendo a las comidas que nos servían en el comedor, un día vimos que estaban sirviendo espaguettis con salsa de tomate y carne picada o tuco. Que gran alegría, fue como encontrarnos de sorpresa con un amigo que hace muchísimo no veíamos.
Apenas nos sirvieron nos tiramos arriba a la comida. Que desilusión! Al ver esa comida, vieja conocida, ya nos pareció sentir su sabor, que no tenía nada que ver con el que enseguida sentimos en nuestras bocas. El tuco era dulzón!!!
Tapamos los platos de sal y pimienta para intentar darle un sabor parecido al que estábamos acostumbrados. Pienso en ese día y me parece extraño. Luego he comido muchas veces ese tuco y ya no le encuentro un gusto dulzón ni tan diferente.
Ya les seguiré hablando de las comidas suecas, que hoy me parecen muy ricas. Es cuestión de costumbre.
Los días de semana nos servían la comida en lo que podría llamar el comedor diario, también ahí servían a los clientes que venían a almorzar, seguramente gente que trabajaba cerca e iba a comer en la pausa del almuerzo.
No sé si la otra gente pedía comidas por un menú, o solamente tenían el plato del día. A nosotros nunca nos preguntaron, y lo bien qué hicieron porque no les habríamos entendido nada.
Las comidas nos parecían muy raras, algunas más comibles que otras pero raras. Lo que nos parecía más extraño es que a veces para el almuerzo, aparte del pan y la manteca también ponían mermelada en la mesa.
Muy raro, pero muy rica. Esos días después de comer siempre me hacía un delicioso pan con manteca y mermelada, era mi postre. Cuando tuvimos apartamento iba al supermercado a buscar esa mermelada.
Como no sabía como se llamaba, compraba mermeladas rojas, una distinta cada vez, y nunca encontré una tan rica, con ese gustito dulce con algo medio ácido. Mucho después, ya trabajando en Kodak, se cruzó en mi camino, o en mi mesa, esa mermelada.
Un día fui al comedor con unas compañeras de trabajo y me sirvieron esa mermelada, en el mismo plato que la comida! Sí, era dulce de arándalos para acompañar la comida y no para comer con pan y manteca.
Entre las comidas que siempre se acompañan con ese dulce están las köttbullar (albóndigas suecas). También se hace la masa de los panqueques, se pone en una asadera junto con una especie de tocino en cuadraditos que se fríen antes de agregarlos a la masa y al horno. Luego se sirve con ese dulce.
También hay una especie de morcilla que se corta en rodajas, se fríe y se acompaña con el dulce de arándalos. Suena raro pero como es un dulce un poquito ácido queda muy rico.
Volviendo al comedor del primer lugar. Los domingos, muy generosamente nos dejaban comer en el comedor fino, ese con manteles blancos. Ahí no servían la comida sino que era las famosas smörgåsbord suecas. En una mesa ponen una cantidad de comidas y cada uno se va sirviendo un poco de cada cosa.
Cuando nos hacían pasar a ese comedor lo hacían siempre muy sonrientes, demostrándonos que era algo muy bueno, un beneficio, algo que debía alegrarnos. Nosotros sonreíamos pero por lo menos yo no me alegraba ni un poquito.
Por más vueltas que daba alrededor de esa mesa llena de comida, lo único que encontraba comible eran papas hervidas. Los otros que estaban con nosotros podían encontrar algunas cosas más, pero yo no. Los domingos me llenaba de papas y pan y justo ese día no nos servían el dulce.
Trabajando en Kodak fuo agarrándole el gusto a las comidas suecas, también fui aprendiendo a cocinarlas. Algunas recetas me las pasaban las compañeras de trabajos cuando yo decía que esa comida me había gustado.
Otras me las pasaba la señora que cuidaba a mis hijos, la dagmamma (mamá del día como les llaman). Ella me pasaba las recetas de las comidas que a mis hijos le gustaban, claro que a mí no me quedaban igual que a ella.
Había detalles que se me pasaban. Por ejemplo algunas comidas se hacen o se acompañan con esa especie de tocino, pero cuando me lo describieron ya que no entendía qué era eso, me pareció que estaban hablando de bacon.
Resultado: usaba bacon donde había que poner tocino y no es lo mismo. Por ejemplo el panqueque al horno con tocino yo lo hacía con bacon. En ese tiempo tampoco había encontrado el dulce de arándalos y ponía cualquier otro dulce rojo, de frutilla o de frambuesa, después cuando lo encontré mis hijos ya se habían acostumbrado a los otros dulces y seguí con esos.
Un día una vecina y su marido tuvieron que salir y sus hijos quedaron en casa. Cuando vinieron a buscarlos yo estaba por servir el panqueque, los invité a quedarse a comer.
Se sentaron comentando que esa comida les gustaba mucho. Primero les llamó la atención que hubiera usado bacon, a mí me llamó la atención que no todos lo hicieran con bacon, no entendía que otra cosa era que le ponían.
Cuando vieron que el dulce era de frutillas hasta sus hijos reaccionaron, y es lógico, una cosa es poner un dulce ácido y otra poner un dulce-dulce. Hasta hoy mis hijos a veces prefieren el dulce de frutillas al de arándalos, lo que por supuesto le ha llamado la atención a mis nueras.
Lo mismo pasa con el bacon en vez de tocino, nos acostumbramos y nos pareció más rico.
Volviendo a las comidas que nos servían en el comedor, un día vimos que estaban sirviendo espaguettis con salsa de tomate y carne picada o tuco. Que gran alegría, fue como encontrarnos de sorpresa con un amigo que hace muchísimo no veíamos.
Apenas nos sirvieron nos tiramos arriba a la comida. Que desilusión! Al ver esa comida, vieja conocida, ya nos pareció sentir su sabor, que no tenía nada que ver con el que enseguida sentimos en nuestras bocas. El tuco era dulzón!!!
Tapamos los platos de sal y pimienta para intentar darle un sabor parecido al que estábamos acostumbrados. Pienso en ese día y me parece extraño. Luego he comido muchas veces ese tuco y ya no le encuentro un gusto dulzón ni tan diferente.
Ya les seguiré hablando de las comidas suecas, que hoy me parecen muy ricas. Es cuestión de costumbre.
domingo, 31 de mayo de 2009
Esperando a mi primer hijo
Sigo con el idioma, sí estoy ensañada, es un milagro que todavía siga siendo una lengua viva y no le esté haciendo compañía al latín. Llevo ya muchos años haciendo añicos a este idioma, pero él siempre se levanta y sigue muy campante.
Como ya conté en otro momento, al poco tiempo de estar aquí quedé embarazada. Para ir al médico iba con traductora, pero tengo anemia y a veces tenían que internarme para darme transfusiones, no podían internar también a una traductora y yo quedaba librada a mis conocimientos de sueco o a mi suerte.
En esos tiempos eran salas grandes, con tres o cuatro pacientes en cada cuarto a veces más. Todas hablaban y hablaban y yo no entendía nada. Una que trabajaba ahí había estado en España y sabía algo de español.
Me lo dijo, en sueco, muy orgullosa. Yo ya me imaginaba charlando con ella, pero no sabía decir mucho más que "hola, dos cervezas por favor", lo que no daba para discusiones profundas. De todos modos siempre me alegraba ver que estaba ahí, por lo menos podía saludar en español a alguien y reconozco que ella intentaba comunicarse conmigo.
Cuando más lamentaba no dominar mejor el sueco era cuando llegaba la hora de elegir la comida. Junto con el desayuno nos dejaban una tarjetita donde decía las alternativas de comidas que había, se elegía haciendo una crucecita al lado de lo que se quería comer.
Por ejemplo se podía elegir entre carne de vaca o de cerdo, y si se la acompañaba con papas hervidas o al horno o puré o arroz, también las bebidas podían elegirse, pero no vino, ni tinto ni blanco. Y que tipo de pan se quería comer.
Como yo no tenía idea de lo que decía esa tarjetita, la llenaba como quien llena un cupón de lotería más o menos, ponía crucecitas por aqui y por allá, con la esperanza de ganarme la grande y que me trajeran algo rico de comer.
Como acostumbra suceder con las loterías, pocas veces ganaba. A las otras que estaban en la misma sala les llamaba la atención las combinaciones que hacía yo, les parecían muy raras, a mí también!
Pasaron los meses y cuando faltaban un par de semanas para que naciera mi hijo, me internaron. Un día vino la ronda de los médicos, sin traductora esa vez, me hablaron y hablaron, no entendí nada. Hicieron un esfuerzo de hablar con pocas palabras, estilo telegrama.
Entendí entonces que al día siguiente sería el parto, deduje que sería cesarea. Llamé a casa a avisar. Hablé con mi mamá que había llegado unos días antes. A mamá le sonó muy extraño, no había motivos para cesarea, a mí también me lo pareció.
Pero no quise preguntar, primero porque no sabía como preguntarlo y segundo porque si por casualidad consiguiera preguntarlo, sería seguro que no entendería la respuesta.
Cuando se dieron cuenta que yo esperaba que me hicieran cesarea se sentaron a explicar un poco mejor, trajeron a alguien que sabía algo de español. Así pude enterarme que mi doctora comenzaría sus vacaciones y quería que el parto fuera antes de irse. Aquí la thalasemia es una enfermedad tan poco común que ni siquiera la conocen todos los médicos, que una paciente con esa enfermedad fuera a tener un bebé ahí, era un gran acontecimiento y quien me había atendido en todo el embarazo no iba a perdérselo.
Entendí los motivos del adelanto del parto pero seguía sin entender como sería, me decían que cesarea no, pero tampoco sería natural, y yo no conocía términos medios. Suerte que mamá entendió de qué se trataba y me lo explicó, sería inducción.
Y suerte que al otro día tempranito ya estaba mamá en el hospital y se quedó conmigo todo el tiempo, si bien ella tampoco entendía lo que me decían, por lo menos tenía una idea de que era lo que hacían o irían a hacer.
Se ponía muy nerviosa porque ella se teñía el pelo de color rubio ceniza, color que le quedaba muy bien a su piel y a sus ojos, parecía su color natural, y siempre que estaba conmigo le hablaban a ella, se pensaban que era mi traductora!
En todos lados hacían lo mismo, le hablaban y ella me buscaba diciendome muy nerviosa, casi asustada: "Themis! me hablan!", no sé si se esperaba que yo los rezongara.
En aquellos tiempos se quedaban las madres con sus bebés una semana en la maternidad, siendo primerizas podían quedarse dos semanas. También ahí estaba en sala compartida con otras madres.
Me parecieron muy frías las madres suecas. Tenían a sus bebés consigo algunos ratitos, les daban pecho, los mudaban, los tenían un ratito y los llevaban a la sala donde estaban todos los bebitos.
Yo tenía a mi hijo siempre a mi lado durante el día. A veces venía una enfermera, se lo llevaba y al rato iba yo a buscarlo, me hablaban, no entendía, les sonreía y me llevaba a mi hijo para al lado de mi cama. A veces las otras madres miraban a mi hijo y me hablaban, también a ellas les sonreía aunque no sabía qué me habían dicho pero suponía que nada ofensivo.
Mucho después supe que no dejaban a los bebés todo el día con sus mamás. Seguramente era eso lo que me decían las enfermeras, luego las otras madres, y yo no entendía pero sinceramente me alegro de no haberlas entendido porque así pude tener a mi hijo todo el rato conmigo salvo en la noche. Alguna ventaja tuvo no saber el idioma.
Como ya conté en otro momento, al poco tiempo de estar aquí quedé embarazada. Para ir al médico iba con traductora, pero tengo anemia y a veces tenían que internarme para darme transfusiones, no podían internar también a una traductora y yo quedaba librada a mis conocimientos de sueco o a mi suerte.
En esos tiempos eran salas grandes, con tres o cuatro pacientes en cada cuarto a veces más. Todas hablaban y hablaban y yo no entendía nada. Una que trabajaba ahí había estado en España y sabía algo de español.
Me lo dijo, en sueco, muy orgullosa. Yo ya me imaginaba charlando con ella, pero no sabía decir mucho más que "hola, dos cervezas por favor", lo que no daba para discusiones profundas. De todos modos siempre me alegraba ver que estaba ahí, por lo menos podía saludar en español a alguien y reconozco que ella intentaba comunicarse conmigo.
Cuando más lamentaba no dominar mejor el sueco era cuando llegaba la hora de elegir la comida. Junto con el desayuno nos dejaban una tarjetita donde decía las alternativas de comidas que había, se elegía haciendo una crucecita al lado de lo que se quería comer.
Por ejemplo se podía elegir entre carne de vaca o de cerdo, y si se la acompañaba con papas hervidas o al horno o puré o arroz, también las bebidas podían elegirse, pero no vino, ni tinto ni blanco. Y que tipo de pan se quería comer.
Como yo no tenía idea de lo que decía esa tarjetita, la llenaba como quien llena un cupón de lotería más o menos, ponía crucecitas por aqui y por allá, con la esperanza de ganarme la grande y que me trajeran algo rico de comer.
Como acostumbra suceder con las loterías, pocas veces ganaba. A las otras que estaban en la misma sala les llamaba la atención las combinaciones que hacía yo, les parecían muy raras, a mí también!
Pasaron los meses y cuando faltaban un par de semanas para que naciera mi hijo, me internaron. Un día vino la ronda de los médicos, sin traductora esa vez, me hablaron y hablaron, no entendí nada. Hicieron un esfuerzo de hablar con pocas palabras, estilo telegrama.
Entendí entonces que al día siguiente sería el parto, deduje que sería cesarea. Llamé a casa a avisar. Hablé con mi mamá que había llegado unos días antes. A mamá le sonó muy extraño, no había motivos para cesarea, a mí también me lo pareció.
Pero no quise preguntar, primero porque no sabía como preguntarlo y segundo porque si por casualidad consiguiera preguntarlo, sería seguro que no entendería la respuesta.
Cuando se dieron cuenta que yo esperaba que me hicieran cesarea se sentaron a explicar un poco mejor, trajeron a alguien que sabía algo de español. Así pude enterarme que mi doctora comenzaría sus vacaciones y quería que el parto fuera antes de irse. Aquí la thalasemia es una enfermedad tan poco común que ni siquiera la conocen todos los médicos, que una paciente con esa enfermedad fuera a tener un bebé ahí, era un gran acontecimiento y quien me había atendido en todo el embarazo no iba a perdérselo.
Entendí los motivos del adelanto del parto pero seguía sin entender como sería, me decían que cesarea no, pero tampoco sería natural, y yo no conocía términos medios. Suerte que mamá entendió de qué se trataba y me lo explicó, sería inducción.
Y suerte que al otro día tempranito ya estaba mamá en el hospital y se quedó conmigo todo el tiempo, si bien ella tampoco entendía lo que me decían, por lo menos tenía una idea de que era lo que hacían o irían a hacer.
Se ponía muy nerviosa porque ella se teñía el pelo de color rubio ceniza, color que le quedaba muy bien a su piel y a sus ojos, parecía su color natural, y siempre que estaba conmigo le hablaban a ella, se pensaban que era mi traductora!
En todos lados hacían lo mismo, le hablaban y ella me buscaba diciendome muy nerviosa, casi asustada: "Themis! me hablan!", no sé si se esperaba que yo los rezongara.
En aquellos tiempos se quedaban las madres con sus bebés una semana en la maternidad, siendo primerizas podían quedarse dos semanas. También ahí estaba en sala compartida con otras madres.
Me parecieron muy frías las madres suecas. Tenían a sus bebés consigo algunos ratitos, les daban pecho, los mudaban, los tenían un ratito y los llevaban a la sala donde estaban todos los bebitos.
Yo tenía a mi hijo siempre a mi lado durante el día. A veces venía una enfermera, se lo llevaba y al rato iba yo a buscarlo, me hablaban, no entendía, les sonreía y me llevaba a mi hijo para al lado de mi cama. A veces las otras madres miraban a mi hijo y me hablaban, también a ellas les sonreía aunque no sabía qué me habían dicho pero suponía que nada ofensivo.
Mucho después supe que no dejaban a los bebés todo el día con sus mamás. Seguramente era eso lo que me decían las enfermeras, luego las otras madres, y yo no entendía pero sinceramente me alegro de no haberlas entendido porque así pude tener a mi hijo todo el rato conmigo salvo en la noche. Alguna ventaja tuvo no saber el idioma.
sábado, 30 de mayo de 2009
Sigo aprendiendo sueco
Sigo con el idioma sueco, espero que ayer hayan notado mi bondad de no mandarles deberes (tareas), en realidad es que estaba apurada para alcanzar el ómnibus y no me dió tiempo, qué suerte tuvieron!
No es mi intención dar clases de sueco así que dejo de lado la gramática pronto, pero no todavía, un detalle más: las preposiciones! Nuestra profesora estuvo enseñándonos las preposiciones. Después faltó unos días a clase, supongo que habrá quedado agotada.
Vino otra profesora, seguimos con las preposiciones pero de algunas, cuando las usábamos como nos habían enseñado, nos decía que estaba mal. Luego en la pausa, estando en la cafetería se dió una discusión entre profesores y no se pusieron de acuerdo sobre cuales preposiciones usar en determinados casos. Los alumnos nos mantuvimos sin intervenir en la discusión.
Y bueno, como pudimos fuimos aprendiendo algo. Con ayuda de las señas y un diccionario en la cartera conseguíamos hacernos entender. Cuando debíamos ir a algún lugar donde tendríamos que hablar, antes de ir nos preparábamos muy bien practicando lo que diríamos y cómo.
Un día tuvimos que ir a comprar un cable para la antena de la tele. El diccionario que tenía en la cartera era práctico porque no era grande, no ocupaba mucho lugar ni pesaba demasiado, pero tenía la contra de que no traía muchas palabras.
Encontrar con cuales palabras pedir el cable para la antena de la tele no fue fácil, pero mi ex y yo conseguimos formar algunas frases, las practicamos y nos fuimos a la tienda a comprar el cable.
Nos atendió un empleado que como la mayoría de los suecos parecía estar en una permanente partida de poker, su cara estaba totalmente libre de cualquier detallecito que pudiera siquiera insinuar una expresión de algo.
A veces pensaba que esta gente llevaba su neutralidad a extremos, que alguna vez podrían demostrar algo, hacer un pequeño gesto como para darme cuenta si estaban contentos, tristes, enojados o cansados.
Pero bueno, como les decía nos atendió un empleado, nos preguntó que necesitábamos y al intentar entender lo que nos decía, que no lo habíamos buscando antes en el diccionario, nos desconcentró y se nos borró de la cabeza lo que habíamos practicado.
Sí, algo dijimos, mezclamos palabras, gestos, ruidos, todo un teatro frente al empleado que nos miraba sin perturbarse. Cada tanto tomábamos una pausita para discutir entre nosotros de cual otra manera podríamos decir lo que queríamos. El empleado escuchaba impasible.
Cuando extenuados no encontramos más formas de hacernos entender, el empleado, tan inexpresivo como hasta ese momento nos dijo, "Los cables para antenas de televisión están aquí, cuantos metros necesitan?" en un casi perfecto español.
A veces se daba el problema de encontrar la palabra buscada, ya saben como es, una conoce la palabra pero no la encuentra, y como siempre que se busca una cosa, aparecen otras.
Un día estaba en el supermercado, entre dos estanterías, justo donde tenía que pasar, había dos mujeres paradas, charlando, yo quise pedir permiso pero la palabra permiso se escondió y no hubo manera de encontrarla.
Buscando como se pedía permiso, encontré como pedir disculpas. Así que con mi carrito me las llevé por delante y luego muy educadamente les dije: perdón.
Con el tiempo fui aprendiendo más, y o los suecos cambiaron su manera de ser, cosa muy posible, o yo aprendí a leerlos, cosa también muy posible, y hoy ya no los encuentro tan inexpresivos. Seguramente que yo buscaba en sus caras las expresiones nuestras, pero también las expresiones y los gestos tienen otro idioma.
No es mi intención dar clases de sueco así que dejo de lado la gramática pronto, pero no todavía, un detalle más: las preposiciones! Nuestra profesora estuvo enseñándonos las preposiciones. Después faltó unos días a clase, supongo que habrá quedado agotada.
Vino otra profesora, seguimos con las preposiciones pero de algunas, cuando las usábamos como nos habían enseñado, nos decía que estaba mal. Luego en la pausa, estando en la cafetería se dió una discusión entre profesores y no se pusieron de acuerdo sobre cuales preposiciones usar en determinados casos. Los alumnos nos mantuvimos sin intervenir en la discusión.
Y bueno, como pudimos fuimos aprendiendo algo. Con ayuda de las señas y un diccionario en la cartera conseguíamos hacernos entender. Cuando debíamos ir a algún lugar donde tendríamos que hablar, antes de ir nos preparábamos muy bien practicando lo que diríamos y cómo.
Un día tuvimos que ir a comprar un cable para la antena de la tele. El diccionario que tenía en la cartera era práctico porque no era grande, no ocupaba mucho lugar ni pesaba demasiado, pero tenía la contra de que no traía muchas palabras.
Encontrar con cuales palabras pedir el cable para la antena de la tele no fue fácil, pero mi ex y yo conseguimos formar algunas frases, las practicamos y nos fuimos a la tienda a comprar el cable.
Nos atendió un empleado que como la mayoría de los suecos parecía estar en una permanente partida de poker, su cara estaba totalmente libre de cualquier detallecito que pudiera siquiera insinuar una expresión de algo.
A veces pensaba que esta gente llevaba su neutralidad a extremos, que alguna vez podrían demostrar algo, hacer un pequeño gesto como para darme cuenta si estaban contentos, tristes, enojados o cansados.
Pero bueno, como les decía nos atendió un empleado, nos preguntó que necesitábamos y al intentar entender lo que nos decía, que no lo habíamos buscando antes en el diccionario, nos desconcentró y se nos borró de la cabeza lo que habíamos practicado.
Sí, algo dijimos, mezclamos palabras, gestos, ruidos, todo un teatro frente al empleado que nos miraba sin perturbarse. Cada tanto tomábamos una pausita para discutir entre nosotros de cual otra manera podríamos decir lo que queríamos. El empleado escuchaba impasible.
Cuando extenuados no encontramos más formas de hacernos entender, el empleado, tan inexpresivo como hasta ese momento nos dijo, "Los cables para antenas de televisión están aquí, cuantos metros necesitan?" en un casi perfecto español.
A veces se daba el problema de encontrar la palabra buscada, ya saben como es, una conoce la palabra pero no la encuentra, y como siempre que se busca una cosa, aparecen otras.
Un día estaba en el supermercado, entre dos estanterías, justo donde tenía que pasar, había dos mujeres paradas, charlando, yo quise pedir permiso pero la palabra permiso se escondió y no hubo manera de encontrarla.
Buscando como se pedía permiso, encontré como pedir disculpas. Así que con mi carrito me las llevé por delante y luego muy educadamente les dije: perdón.
Con el tiempo fui aprendiendo más, y o los suecos cambiaron su manera de ser, cosa muy posible, o yo aprendí a leerlos, cosa también muy posible, y hoy ya no los encuentro tan inexpresivos. Seguramente que yo buscaba en sus caras las expresiones nuestras, pero también las expresiones y los gestos tienen otro idioma.
viernes, 29 de mayo de 2009
Aprendiendo sueco
Estuve contando de cuando llegamos a Suecia, y en esos cuentos no puede faltar el encuentro con el idioma que no se parece en mucho al español, quizás solamente en que se emiten sonidos para hablar, aunque sonidos distintos.
Para empezar tiene más letras, más vocales, como å, ä ö. Pero a pesar de que tienen más vocales, insisten en escribir usando una enormidad de consonantes. Un ejemplo, la calle donde vivía antes se llama Snapphanevägen.
No se me ocurrió otro ejemplo y abrí un diccionario al azar, encontré estas palabras:
hembygdsgård, helgdagskläder, havregrynsgröt, hastighetsbegränsning, handuppräckning. Bueno, ya ven, si bien tienen más vocales las usan poco, o menos que nosotros.
Ni que hablar de los sonidos de las vocales, ni siquiera las que escriben sin aritos ni puntitos arriba dejan de ser complicadas. Las escriben igual pero las pronuncian diferente.
La a si la sigue solamente una consonante, suena casi como una o nuestra. La o, seguida de una sola consonante, suena como una u nuestra. La u, seguida de una sola consonante, suena como una u francesa, esa que se pronuncia haciendo trompita con laboca. La e, seguida de una sola consonante suena casi como una i nuestra.
Ya ven, entreveraron todo! y para complicarla más le cambian el sonido a las vocales según la cantidad de consonantes que las sigan. Así es como la o antes de una consonante es una u, pero antes de dos consonantes es realmente una o. También las otras vocales pueden sonar normales si las siguen dos consonantes.
Las consonantes que tanto aman, si bien no son más que las nuestras, o mejor dicho son menos porque no tienen la eñe, se las combina para producir una serie de extraños sonidos que a los hispanohablantes nos es casi imposible articular.
Que les parece si les digo que hay combinaciones de letras que se pronuncian como un algo intermedio entre el sonido sh inglés (o el de la y o elle de los uruguayos y argentinos) y la jota de los españoles. A ver, quien encuentra ese punto intermedio?
Si vamos a la gramática y no nos queda más remedio que ir si queremos aprender este idioma, entonces podemos encontrar varios motivos para dar votos de silencio, o enojarnos y negarnos a dirigirle la palabra a nadie, o recluirnos bajo la cama, que es más calentito que irnos a vivir de hermitaños en una cueva (a no olvidar el clima de este país).
Empiezo por los plurales. En español nos conformamos con agregar eses, en caso que la palabra en singular termine en consonante, agregamos es. En sueco hay cinco maneras distintas de formar plurales.
Y empecé mal porque para formar los plurales hay que primero conocer el artículo que va delante de los objetos, que aquí no son masculinos o femeninos, los objetos son asexuados, no tienen sexo como en español. A las palabras en vez de con el o la, se las determina con un En o Ett, pero no hay nada que diga a cuales hay ponerles ese en o ett adelante, o atrás porque también puede ponerse al terminar la palabra.
Ejemplo una mesa = ett bord la mesa = bordet
una silla =en stol la silla = stolen
Bueno, siguiendo con los plurales, hay una forma de plural que es así: si la palabra es una palabra En (así las llaman, palabrasEn y palabrasEtt), y termina con a, entonces el plural se forma cambiando la a por la terminación or
Ejemplo: en blomma (una flor) en plural es blommor
Entonces viene la pregunta, como saber si la palabra es en o ett, la explicación es la siguiente: si la palabra termina en a y en plural termina en or, entonces es un una palabra En.
Un ejemplo, o el mismo ejemplo anterior: para saber si el artículo de blomma es en o ett, hay que pensar que termina en a y su plural es blommor, o sea termina en or, por tanto el artículo será En.
Quedó claro? bueno, a ver, que está primero: el huevo o la gallina?
Y como tengo que salir y me supongo que es hora de ir a tomarse un calmante de dolores de cabeza, la dejo por aquí y seguimos la clase otro día.
Para empezar tiene más letras, más vocales, como å, ä ö. Pero a pesar de que tienen más vocales, insisten en escribir usando una enormidad de consonantes. Un ejemplo, la calle donde vivía antes se llama Snapphanevägen.
No se me ocurrió otro ejemplo y abrí un diccionario al azar, encontré estas palabras:
hembygdsgård, helgdagskläder, havregrynsgröt, hastighetsbegränsning, handuppräckning. Bueno, ya ven, si bien tienen más vocales las usan poco, o menos que nosotros.
Ni que hablar de los sonidos de las vocales, ni siquiera las que escriben sin aritos ni puntitos arriba dejan de ser complicadas. Las escriben igual pero las pronuncian diferente.
La a si la sigue solamente una consonante, suena casi como una o nuestra. La o, seguida de una sola consonante, suena como una u nuestra. La u, seguida de una sola consonante, suena como una u francesa, esa que se pronuncia haciendo trompita con laboca. La e, seguida de una sola consonante suena casi como una i nuestra.
Ya ven, entreveraron todo! y para complicarla más le cambian el sonido a las vocales según la cantidad de consonantes que las sigan. Así es como la o antes de una consonante es una u, pero antes de dos consonantes es realmente una o. También las otras vocales pueden sonar normales si las siguen dos consonantes.
Las consonantes que tanto aman, si bien no son más que las nuestras, o mejor dicho son menos porque no tienen la eñe, se las combina para producir una serie de extraños sonidos que a los hispanohablantes nos es casi imposible articular.
Que les parece si les digo que hay combinaciones de letras que se pronuncian como un algo intermedio entre el sonido sh inglés (o el de la y o elle de los uruguayos y argentinos) y la jota de los españoles. A ver, quien encuentra ese punto intermedio?
Si vamos a la gramática y no nos queda más remedio que ir si queremos aprender este idioma, entonces podemos encontrar varios motivos para dar votos de silencio, o enojarnos y negarnos a dirigirle la palabra a nadie, o recluirnos bajo la cama, que es más calentito que irnos a vivir de hermitaños en una cueva (a no olvidar el clima de este país).
Empiezo por los plurales. En español nos conformamos con agregar eses, en caso que la palabra en singular termine en consonante, agregamos es. En sueco hay cinco maneras distintas de formar plurales.
Y empecé mal porque para formar los plurales hay que primero conocer el artículo que va delante de los objetos, que aquí no son masculinos o femeninos, los objetos son asexuados, no tienen sexo como en español. A las palabras en vez de con el o la, se las determina con un En o Ett, pero no hay nada que diga a cuales hay ponerles ese en o ett adelante, o atrás porque también puede ponerse al terminar la palabra.
Ejemplo una mesa = ett bord la mesa = bordet
una silla =en stol la silla = stolen
Bueno, siguiendo con los plurales, hay una forma de plural que es así: si la palabra es una palabra En (así las llaman, palabrasEn y palabrasEtt), y termina con a, entonces el plural se forma cambiando la a por la terminación or
Ejemplo: en blomma (una flor) en plural es blommor
Entonces viene la pregunta, como saber si la palabra es en o ett, la explicación es la siguiente: si la palabra termina en a y en plural termina en or, entonces es un una palabra En.
Un ejemplo, o el mismo ejemplo anterior: para saber si el artículo de blomma es en o ett, hay que pensar que termina en a y su plural es blommor, o sea termina en or, por tanto el artículo será En.
Quedó claro? bueno, a ver, que está primero: el huevo o la gallina?
Y como tengo que salir y me supongo que es hora de ir a tomarse un calmante de dolores de cabeza, la dejo por aquí y seguimos la clase otro día.
martes, 26 de mayo de 2009
Sigo con el verano
Sigo con el verano. Era mitad de verano cuando mi mamá vendría a visitarnos para estar aquí a la llegada de mi primer hijo. Le recordé que aquí, siendo el mes de julio, era verano.
Y preparada para el verano vino. Traía dos valijas, una llenita de ropa de bebé, la otra con su ropa de verano. Por supuesto que aprovechó el viaje para hacerse más ropa de verano, no podía desperdiciar una oportunidad así.
Luego no perdía oportunidad de reprocharme que le hubiera dicho que aquí era verano, no pudo usar nada de la ropa que trajo. Usaba mis abrigos, suerte que somos más o menos del mismo tamaño.
Pienso en aquellos tiempos y escucho el eco de sus palabras: pero vos me dijistes que era verano!
Mi papá vino algunas veces, él quería conocer todas las estaciones, tuvo suerte que cuando vino en verano fue uno de los veranos más lindos, calurosos y largos, así como luego pasarían a ser, fuera de lo común que se está transformando en lo común.
Pero volviendo a los viajes de papá. Luego de conocer todas las estaciones decidió que a partir de entonces cuando viniera sería en verano, por tanto recibimos su visita dos o tres veranos después. Fue un verano sueco.
Papá contaba que había conocido el invierno, el verano, el otoño, la primavera y eso. No lo consideraba verano a pesar de que le decíamos que es así. O era, los cambios climáticos aquí se han hecho muy notorios y desde hace unos años podemos pasar los 30 grados, el verano empieza más temprano que antes y dura hasta finales de agosto o principios de setiembre.
Fue interesante cuando empezaron los veranos calurosos. Los suecos actuaban como habían hecho antes, es decir aprovechando a abrir las ventanas, a dejar entrar el sol, mucho sol, todo el sol posible. Las casas aquí están construídas para mantener el calor. El resultado: las casas quedaban hechas unos hornos, o saunas.
Otro choque del verano fue el ir a bañarnos al lago, el agua estaba helada! Después haber pasado el invierno congelado, pero congelado, congelado, al punto que pueden pasar, y pasan, autos sobre el hielo sin que se quiebre, sumado a que las temperaturas no subieran muchos grados más de 20, lógico que al agua le costaba calentarse.
Recién finalizando el verano estaba a una temperatura bañable. La vez que me bañé con el agua más fría estaba a 11 grados. Ni siquiera puedo decir que me bañé, porque me tiré al agua y así como me tiré salí, casi como que reboté en el agua. Me dolieron toditos los músculos del frío.
Es como todo, una se acostumbra a mucho. Hoy me molesta cuando las temperaturas suben de los 25 grados, prefiero que se mantengan cerca de los 20 grados. También el agua de los lagos la prefiero fría. Me bañé algunas veces, en esos veranos calurosos y el agua no ofrecía refresco, no, que no convidara con una coca-cola sino que al meterse en el agua no se sentía casi diferencia, y qué gracia tiene bañarse en agua tibia cuando hace calor?
Claro que sin exagerar, me refiero a que unos 17 grados es una linda temperatura para bañarse, con 11 grados ni loca me meto al agua de nuevo! A menos que sea saliendo de un sauna, cosa que se acostumbra aquí.
En invierno, no en verano. Se bañan en un sauna junto a un lago donde hayan roto el hielo dejando un lugar para meterse, salen del sauna y se meten en el agua rodeada de hielo. Nunca lo hice pero recuerdo cuando vivíamos en la hostería que les conté.
Un día se nos ocurrió ir al sauna de la zona. Fuimos superabrigados, no dejando destapados más que los ojos, quejándonos del frío, y diciendo que no nos sacaríamos toda la ropa, nos quedaríamos en traje de baño, veníamos con nuestra mentalidad pacata de aquellos años en nuestros países.
Entramos, con la argentina y la chilena nos metimos al sauna de mujeres, lo primero que vimos fue un montón de mujeres sin nada de ropa y un cartel que decía que estaba prohibido entrar al sauna con traje de baño. Menos mal que ahí tenían saunas separados, en algunos lugares son en común.
Hicimos caso, estuvimos un buen rato en el sauna y sin trajes de baño, fue una rara vivencia, sentarnos desnudas entre un montón de desconocidas también sin ropas y charlar como si estuviéramos vestidas.
Cuando salimos, camino a la hostería, íbamos con las camperas sin abrochar, sin guantes, sin bufandas, no sentíamos el frío.
Pero bueno, yo estaba hablando del verano y aquí estoy contando del frío. Es que en los primeros años aquí también asociaba el frío al verano.
Ya les contaré más de los saunas otro día.
Y preparada para el verano vino. Traía dos valijas, una llenita de ropa de bebé, la otra con su ropa de verano. Por supuesto que aprovechó el viaje para hacerse más ropa de verano, no podía desperdiciar una oportunidad así.
Luego no perdía oportunidad de reprocharme que le hubiera dicho que aquí era verano, no pudo usar nada de la ropa que trajo. Usaba mis abrigos, suerte que somos más o menos del mismo tamaño.
Pienso en aquellos tiempos y escucho el eco de sus palabras: pero vos me dijistes que era verano!
Mi papá vino algunas veces, él quería conocer todas las estaciones, tuvo suerte que cuando vino en verano fue uno de los veranos más lindos, calurosos y largos, así como luego pasarían a ser, fuera de lo común que se está transformando en lo común.
Pero volviendo a los viajes de papá. Luego de conocer todas las estaciones decidió que a partir de entonces cuando viniera sería en verano, por tanto recibimos su visita dos o tres veranos después. Fue un verano sueco.
Papá contaba que había conocido el invierno, el verano, el otoño, la primavera y eso. No lo consideraba verano a pesar de que le decíamos que es así. O era, los cambios climáticos aquí se han hecho muy notorios y desde hace unos años podemos pasar los 30 grados, el verano empieza más temprano que antes y dura hasta finales de agosto o principios de setiembre.
Fue interesante cuando empezaron los veranos calurosos. Los suecos actuaban como habían hecho antes, es decir aprovechando a abrir las ventanas, a dejar entrar el sol, mucho sol, todo el sol posible. Las casas aquí están construídas para mantener el calor. El resultado: las casas quedaban hechas unos hornos, o saunas.
Otro choque del verano fue el ir a bañarnos al lago, el agua estaba helada! Después haber pasado el invierno congelado, pero congelado, congelado, al punto que pueden pasar, y pasan, autos sobre el hielo sin que se quiebre, sumado a que las temperaturas no subieran muchos grados más de 20, lógico que al agua le costaba calentarse.
Recién finalizando el verano estaba a una temperatura bañable. La vez que me bañé con el agua más fría estaba a 11 grados. Ni siquiera puedo decir que me bañé, porque me tiré al agua y así como me tiré salí, casi como que reboté en el agua. Me dolieron toditos los músculos del frío.
Es como todo, una se acostumbra a mucho. Hoy me molesta cuando las temperaturas suben de los 25 grados, prefiero que se mantengan cerca de los 20 grados. También el agua de los lagos la prefiero fría. Me bañé algunas veces, en esos veranos calurosos y el agua no ofrecía refresco, no, que no convidara con una coca-cola sino que al meterse en el agua no se sentía casi diferencia, y qué gracia tiene bañarse en agua tibia cuando hace calor?
Claro que sin exagerar, me refiero a que unos 17 grados es una linda temperatura para bañarse, con 11 grados ni loca me meto al agua de nuevo! A menos que sea saliendo de un sauna, cosa que se acostumbra aquí.
En invierno, no en verano. Se bañan en un sauna junto a un lago donde hayan roto el hielo dejando un lugar para meterse, salen del sauna y se meten en el agua rodeada de hielo. Nunca lo hice pero recuerdo cuando vivíamos en la hostería que les conté.
Un día se nos ocurrió ir al sauna de la zona. Fuimos superabrigados, no dejando destapados más que los ojos, quejándonos del frío, y diciendo que no nos sacaríamos toda la ropa, nos quedaríamos en traje de baño, veníamos con nuestra mentalidad pacata de aquellos años en nuestros países.
Entramos, con la argentina y la chilena nos metimos al sauna de mujeres, lo primero que vimos fue un montón de mujeres sin nada de ropa y un cartel que decía que estaba prohibido entrar al sauna con traje de baño. Menos mal que ahí tenían saunas separados, en algunos lugares son en común.
Hicimos caso, estuvimos un buen rato en el sauna y sin trajes de baño, fue una rara vivencia, sentarnos desnudas entre un montón de desconocidas también sin ropas y charlar como si estuviéramos vestidas.
Cuando salimos, camino a la hostería, íbamos con las camperas sin abrochar, sin guantes, sin bufandas, no sentíamos el frío.
Pero bueno, yo estaba hablando del verano y aquí estoy contando del frío. Es que en los primeros años aquí también asociaba el frío al verano.
Ya les contaré más de los saunas otro día.
lunes, 25 de mayo de 2009
El primer verano.
El invierno pasó, fue largo, frío y oscuro pero llegó la claridad y la primavera, el frío seguía. También la primavera resultó explosiva, se vino de golpe, en pocos días estaban los árboles tapados de hojas, crecían flores y el paisaje antes blanco cambió a una gran variedad de tonos de verdes.
Los días se fueron alargando y alargando hasta que casi invadieron la noche, digo casi porque no la invadieron totalmente, le dejaron unas poquititas horas. Nuevo extraño fenómeno, como en el invierno de día era de noche, ahora las noches pasaron a ser también días.
Casi imposible dormir con tanta claridad. No podía ir a acostarme con un sol radiante brillando en mi ventana. Si me despertaba a mitad de noche, llegaba el sol en todo su esplendor a mis ojos, y mi cabeza me decía que era hora de levantarse, pero miraba el reloj y era mitad de noche.
En mi primer año en Suecia aprendí la importancia de mirar el reloj, olvidarme lo que había aprendido de guiarme por el sol o la luz y la oscuridad para hacerme una idea de que horas eran. El reloj era, y sigue siendo, indispensable para saber a que altura de la noche o del día se está viviendo.
Vivían otros uruguayos y argentinos en el barrio, los edificios estaban rodeando en círculo un parquecito, de manera que podíamos vernos de ventana a ventana. Llegando lo que se suponía la noche y hora de dormir, cada uno se iba para su casa para un par de horas después ver que los demás seguían levantados.
Empezaban las llamadas telefónicas y terminábamos reuniéndonos todos en casa otra vez, pasábamos la noche/día jugando a las cartas. Así estábamos de cansados después.
Por suerte luego ya acercándome al final de un embarazo me dormía como fuera donde fuera, y mientras los demás jugaban a las cartas, yo dormía placidamente.
A pesar de tantas horas de sol, las temperaturas no subían, bueno no debería decir horas de sol sino horas de claridad porque como haber mucho sol, no había, llovía casi todos los días!
Pero finalmente notamos que se acercaba el verano, hubo sol algunos días casi de corrido, entre dos o tres semanas. Las temperaturas estaban también subiendo y andaban rondeando los 20 grados.
Comenzamos a hacer planes para el verano que no llegó. Después nos dijeron que esas dos o tres semanas sin lluvias había sido el verano, y nosotros sin saberlo!
En general el tiempo cambiaba a cada rato. Empezaba el día con sol, mi ex y yo hablábamos de como aprovecharíamos el lindo día, en la tarde iríamos al lago o a pasear. Ni que hablar que al llegar la tarde ya no había sol. Así aprendimos que cuando hay sol, hay que salir para afuera ya, porque no se sabe cuanto rato va a durar el lindo día.
En otras palabras el primer verano se nos fue mientras lo esperábamos y planificábamos qué íbamos a hacer. Y entendimos por qué los suecos andaban por la calle persiguiendo rayitos de sol. Nos llamaba la atención, estuvieran donde estuvieran, se paraban de cara al sol.
Iba a la parada del ómnibus y todos los que estaban ahí miraban hacia el mismo lado, no la calle sino para arriba. Podría pensarse que estaban todos mirando algo en especial que pasara volando en esos momentos, pero estaban todos con los ojos cerrados por lo que difílmente podrían estar viendo algo.
Pero no es nada extraño, al contrario, luego de pasar meses en que el sol se limita a cumplir su función de iluminar y eso apenitas nomás, es muy agradable sentir que también comienza a calentar. Aparte de las ganas que se tienen de darle un poco de color a las caras pálidas, amarillentas como están después de la larga noche invernal.
En alguna oportunidad tuvimos la suerte de poder ir a la playa en un lago cercano. Ahí nos llamó la atención la falta de pudor de la gente. Claro que no debería asombrarnos luego de haber estado en el living de la hostería mirando la tele junto a desconocidos en calzoncillos, pero es que en la playa podían sacarse todo, también los calzoncillos.
Recuerdo en especial cuando un hombre llegó a la playa muy vestido, se quitó toda, todita la ropa, luego de estar totalmente desnudo envolvió una toalla a su cintura para acto seguido ponerse el short de baño.
Y con esa imagen en sus cabezas las dejo hasta el próximo relato de nuestros primeros tiempos en Suecia.
Los días se fueron alargando y alargando hasta que casi invadieron la noche, digo casi porque no la invadieron totalmente, le dejaron unas poquititas horas. Nuevo extraño fenómeno, como en el invierno de día era de noche, ahora las noches pasaron a ser también días.
Casi imposible dormir con tanta claridad. No podía ir a acostarme con un sol radiante brillando en mi ventana. Si me despertaba a mitad de noche, llegaba el sol en todo su esplendor a mis ojos, y mi cabeza me decía que era hora de levantarse, pero miraba el reloj y era mitad de noche.
En mi primer año en Suecia aprendí la importancia de mirar el reloj, olvidarme lo que había aprendido de guiarme por el sol o la luz y la oscuridad para hacerme una idea de que horas eran. El reloj era, y sigue siendo, indispensable para saber a que altura de la noche o del día se está viviendo.
Vivían otros uruguayos y argentinos en el barrio, los edificios estaban rodeando en círculo un parquecito, de manera que podíamos vernos de ventana a ventana. Llegando lo que se suponía la noche y hora de dormir, cada uno se iba para su casa para un par de horas después ver que los demás seguían levantados.
Empezaban las llamadas telefónicas y terminábamos reuniéndonos todos en casa otra vez, pasábamos la noche/día jugando a las cartas. Así estábamos de cansados después.
Por suerte luego ya acercándome al final de un embarazo me dormía como fuera donde fuera, y mientras los demás jugaban a las cartas, yo dormía placidamente.
A pesar de tantas horas de sol, las temperaturas no subían, bueno no debería decir horas de sol sino horas de claridad porque como haber mucho sol, no había, llovía casi todos los días!
Pero finalmente notamos que se acercaba el verano, hubo sol algunos días casi de corrido, entre dos o tres semanas. Las temperaturas estaban también subiendo y andaban rondeando los 20 grados.
Comenzamos a hacer planes para el verano que no llegó. Después nos dijeron que esas dos o tres semanas sin lluvias había sido el verano, y nosotros sin saberlo!
En general el tiempo cambiaba a cada rato. Empezaba el día con sol, mi ex y yo hablábamos de como aprovecharíamos el lindo día, en la tarde iríamos al lago o a pasear. Ni que hablar que al llegar la tarde ya no había sol. Así aprendimos que cuando hay sol, hay que salir para afuera ya, porque no se sabe cuanto rato va a durar el lindo día.
En otras palabras el primer verano se nos fue mientras lo esperábamos y planificábamos qué íbamos a hacer. Y entendimos por qué los suecos andaban por la calle persiguiendo rayitos de sol. Nos llamaba la atención, estuvieran donde estuvieran, se paraban de cara al sol.
Iba a la parada del ómnibus y todos los que estaban ahí miraban hacia el mismo lado, no la calle sino para arriba. Podría pensarse que estaban todos mirando algo en especial que pasara volando en esos momentos, pero estaban todos con los ojos cerrados por lo que difílmente podrían estar viendo algo.
Pero no es nada extraño, al contrario, luego de pasar meses en que el sol se limita a cumplir su función de iluminar y eso apenitas nomás, es muy agradable sentir que también comienza a calentar. Aparte de las ganas que se tienen de darle un poco de color a las caras pálidas, amarillentas como están después de la larga noche invernal.
En alguna oportunidad tuvimos la suerte de poder ir a la playa en un lago cercano. Ahí nos llamó la atención la falta de pudor de la gente. Claro que no debería asombrarnos luego de haber estado en el living de la hostería mirando la tele junto a desconocidos en calzoncillos, pero es que en la playa podían sacarse todo, también los calzoncillos.
Recuerdo en especial cuando un hombre llegó a la playa muy vestido, se quitó toda, todita la ropa, luego de estar totalmente desnudo envolvió una toalla a su cintura para acto seguido ponerse el short de baño.
Y con esa imagen en sus cabezas las dejo hasta el próximo relato de nuestros primeros tiempos en Suecia.
Primeros inviernos.
Sigo recordando de nuestros primeros tiempos en Suecia:
Cuando llegamos eran finales del verano, principios del otoño. En poco tiempo más era solamente otoño, nos sorprendió con la rapidez que llegó. Un día vimos que unas hojitas comenzaban a cambiar de color. Viajamos a un barrio de Estocolmo a pasar un par de días en casa de unos amigos uruguayos y cuando volvimos nos encontramos con unos hermosísimos paisajes, no me imaginaba que el otoño pudiera tener tantos colores.
Otro fin de semana fuimos a pasar con esos amigos y cuando volvimos nos recibieron los árboles totalmente pelados, ni una hojita tenían, no me imaginaba que en tan pocos días pudieran caer todas las hojas.
Llegó el 30 de octubre de 1976, me parece que estoy hablando de la prehistoria, o de ayer, estábamos nuevamente en casa de esos amigos, sí, los visitábamos muy seguido. Era la tardecita y muy oscuro ya, estábamos charlando con la amiga dueña de casa, su marido volvió y comentó que estaba empezando a nevar.
Sería la primera vez que vería nieve. Ya quise salir corriendo para afuera a verla, pero me frenaron, eran apenas unos copitos chiquitos mezclados con lluvia y tan oscuro como estaba no vería nada.
Yo hablaba de salir tempranito al otro día a ver la nieve. Dijeron que era demasiado temprano, a esa altura del año la nieve no se queda, se derrite apenas llega al suelo. Para ver nieve tenía que esperar un poco más.
Al otro día nos levantamos y nos encontramos con todo tapado de nieve! Los copitos chiquitos mezclados con lluvia habían pasado a ser solamente copitos y luego copos para terminar siendo copazos. Había nevado toda la noche.
Nuestros amigos estaban asombrados de que no se hubiera derretido, yo asombrada de lo que veía. Tan pacífica como soy, hablaba de guerras de pelotas de nieves. Ellos decían que no planificara demasiado, esa nieve no se mantendría muchas horas más, en un rato ya se derretiría.
Creo que nuestros amigos no jugaban a la lotería, y mejor así porque no acertaban una! La nieve no se derritió ni unas horas más tarde, ni en todo el día ni en el resto del invierno! Se mantuvo hasta principios de mayo.
Fue un invierno que nevó y nevó, y como no se derretía, se iba acumulando, lo que creó problemas de inundaciones cuando en el mes de mayo comenzó a derretirse. Yo la disfruté a más no poder.
Fue una extraña sensación caminar sobre nieve, lo primero que me llamó la atención fue que crujía. Yo caminaba, la nieve crujía bajo mis botas y yo reía. Fue lo primero que aprendí aquí de la nieve, aparte de que es blanca, fría cruje. Luego aprendí más cosas, por ejemplo que hay distintos tipos de nieve.
Empecé a aprenderlo cuando quería hacer pelotas de nieve con nieve "mojada", aprendí cual tipo de nieve sirve para darle forma y cual no, cual cruje y cual es silenciosa.
Esa fue la primera vez que ví nieve, pero no ví cuando cayó. La primera vez que ví nevar estaba en clase de sueco, y fue una hermosa nevada, con copos grandotes que caían lentamente, porque así como hay distintos tipos de nieve, hay diferentes maneras de nevar, bueno, como con la lluvia que el agua cae siempre para abajo, o el costado, pero no siempre en la misma forma.
Recuerdo que estaba en clase, la profesora hablaba y hablaba, no tengo idea de qué, yo ni la escuchaba ni la miraba, estaba concentrada en la ventana. De pronto la escuché llamándome la atención, me dijo que yo estaba mirando para afuera como si nunca antes hubiera visto nevar, le dije que efectivamente era la primera vez que lo veía, quedó asombrada, es como si en Latinoamérica alguien dijera que nunca antes vió llover.
Cuando tuvimos recreo salí corriendo para afuera, miraba para arriba y como niña chica me preguntaba de donde saldría toda esa nieve. Pasaron 33 años, ya veterana por estos pagos, hoy hasta puedo sentir en el aire el olorcito a nieve cuando está cerca, cuando falta poco para que nieve, pero todavía me gusta ver nevar y no me canso de mirar para afuera cuando nieva o todo está tapado de nieve.
Pero el invierno no trajo solamente la nieve, también trajo oscuridad. Sí, sí, oscuridad ya había visto antes pero no había visto que de día fuera de noche, como vivir meses en un casi permanente eclipse de sol.
Acostumbrada como estaba a que de noche duermo, pasaba los días que parecían noches queriendo dormir. Le costó a mi cuerpo aprender a que no porque los ojos vieran tanta oscuridad, los pies tuvieran que llevarme a la cama.
Y como las poquitísimas horas del día, cuatro o cinco, las pasaba adentro, en clase o trabajando, pasaba el invierno viendo claridad solamente los fines de semanas. Una claridad que no es tan clara, generalmente está nublado.
A veces sale el sol, pero es un sol que no solamente no calienta sino que cuando sale, hace más frío. No sé como no me congelé antes de aprenderlo. Con mi mentalidad uruguaya cuando veía sol pensaba que no haría tanto frío y por tanto no me abrigaba lo suficiente justo los días más fríos. Ahora mi cabeza aprendió bien la lección, ve sol y ya dice: abrigate.
Y abrigada andaba por esos tiempos, era una montaña de ropa, apenas dejaba visibles los ojos, que de buena gana también hubiera tapado si no fuera porque necesitaba ver.
Para andar en el subte, o tren local u ómnibus, se compraba una tarjetita a la que se pegaba una foto, cada mes se compraba un sellito y para viajar se mostraba la tarjetita. En una ventanilla había una persona sentada controlando, la gente pasaba corriendo con la tarjetita en la mano.
Yo sigo las instrucciones al pie de la letra, me dijeron que tenía que mostrar la tarjeta y no pasaba corriendo sino que me paraba frente a la ventanilla, mostraba la tarjetita y no me movía de ahí hasta que el controlante, que normalmente estaba leyendo un libro o un diario, dejaba la lectura y me miraban primero como preguntando por qué estoy ahí molestando en lo mejor del libro, y luego con cierto asombro.
Y no es raro que los controlantes miraran así, primero porque no estaban acostumbrados a que la gente los molestara, todos pasaban corriendo sin interrumpirles la lectura, y luego porque yo me fijaba de mostrar bien mi tarjeta, tenía mucho cuidado de que se viera la foto y no estuviera patas arribas, pero mi cara no se las mostraba!!
No, ni loca, con el frío que hacía como iba a andar con la cara destapada. Bajaba la gorra hasta tapar las cejas y subía la bufanda que tapara la nariz, como les decía, apenas dejaba ver mis ojos.
Ya seguiré contándoles de aquellos tiempos, descubriendo un mundo nuevo para mí.
Cuando llegamos eran finales del verano, principios del otoño. En poco tiempo más era solamente otoño, nos sorprendió con la rapidez que llegó. Un día vimos que unas hojitas comenzaban a cambiar de color. Viajamos a un barrio de Estocolmo a pasar un par de días en casa de unos amigos uruguayos y cuando volvimos nos encontramos con unos hermosísimos paisajes, no me imaginaba que el otoño pudiera tener tantos colores.
Otro fin de semana fuimos a pasar con esos amigos y cuando volvimos nos recibieron los árboles totalmente pelados, ni una hojita tenían, no me imaginaba que en tan pocos días pudieran caer todas las hojas.
Llegó el 30 de octubre de 1976, me parece que estoy hablando de la prehistoria, o de ayer, estábamos nuevamente en casa de esos amigos, sí, los visitábamos muy seguido. Era la tardecita y muy oscuro ya, estábamos charlando con la amiga dueña de casa, su marido volvió y comentó que estaba empezando a nevar.
Sería la primera vez que vería nieve. Ya quise salir corriendo para afuera a verla, pero me frenaron, eran apenas unos copitos chiquitos mezclados con lluvia y tan oscuro como estaba no vería nada.
Yo hablaba de salir tempranito al otro día a ver la nieve. Dijeron que era demasiado temprano, a esa altura del año la nieve no se queda, se derrite apenas llega al suelo. Para ver nieve tenía que esperar un poco más.
Al otro día nos levantamos y nos encontramos con todo tapado de nieve! Los copitos chiquitos mezclados con lluvia habían pasado a ser solamente copitos y luego copos para terminar siendo copazos. Había nevado toda la noche.
Nuestros amigos estaban asombrados de que no se hubiera derretido, yo asombrada de lo que veía. Tan pacífica como soy, hablaba de guerras de pelotas de nieves. Ellos decían que no planificara demasiado, esa nieve no se mantendría muchas horas más, en un rato ya se derretiría.
Creo que nuestros amigos no jugaban a la lotería, y mejor así porque no acertaban una! La nieve no se derritió ni unas horas más tarde, ni en todo el día ni en el resto del invierno! Se mantuvo hasta principios de mayo.
Fue un invierno que nevó y nevó, y como no se derretía, se iba acumulando, lo que creó problemas de inundaciones cuando en el mes de mayo comenzó a derretirse. Yo la disfruté a más no poder.
Fue una extraña sensación caminar sobre nieve, lo primero que me llamó la atención fue que crujía. Yo caminaba, la nieve crujía bajo mis botas y yo reía. Fue lo primero que aprendí aquí de la nieve, aparte de que es blanca, fría cruje. Luego aprendí más cosas, por ejemplo que hay distintos tipos de nieve.
Empecé a aprenderlo cuando quería hacer pelotas de nieve con nieve "mojada", aprendí cual tipo de nieve sirve para darle forma y cual no, cual cruje y cual es silenciosa.
Esa fue la primera vez que ví nieve, pero no ví cuando cayó. La primera vez que ví nevar estaba en clase de sueco, y fue una hermosa nevada, con copos grandotes que caían lentamente, porque así como hay distintos tipos de nieve, hay diferentes maneras de nevar, bueno, como con la lluvia que el agua cae siempre para abajo, o el costado, pero no siempre en la misma forma.
Recuerdo que estaba en clase, la profesora hablaba y hablaba, no tengo idea de qué, yo ni la escuchaba ni la miraba, estaba concentrada en la ventana. De pronto la escuché llamándome la atención, me dijo que yo estaba mirando para afuera como si nunca antes hubiera visto nevar, le dije que efectivamente era la primera vez que lo veía, quedó asombrada, es como si en Latinoamérica alguien dijera que nunca antes vió llover.
Cuando tuvimos recreo salí corriendo para afuera, miraba para arriba y como niña chica me preguntaba de donde saldría toda esa nieve. Pasaron 33 años, ya veterana por estos pagos, hoy hasta puedo sentir en el aire el olorcito a nieve cuando está cerca, cuando falta poco para que nieve, pero todavía me gusta ver nevar y no me canso de mirar para afuera cuando nieva o todo está tapado de nieve.
Pero el invierno no trajo solamente la nieve, también trajo oscuridad. Sí, sí, oscuridad ya había visto antes pero no había visto que de día fuera de noche, como vivir meses en un casi permanente eclipse de sol.
Acostumbrada como estaba a que de noche duermo, pasaba los días que parecían noches queriendo dormir. Le costó a mi cuerpo aprender a que no porque los ojos vieran tanta oscuridad, los pies tuvieran que llevarme a la cama.
Y como las poquitísimas horas del día, cuatro o cinco, las pasaba adentro, en clase o trabajando, pasaba el invierno viendo claridad solamente los fines de semanas. Una claridad que no es tan clara, generalmente está nublado.
A veces sale el sol, pero es un sol que no solamente no calienta sino que cuando sale, hace más frío. No sé como no me congelé antes de aprenderlo. Con mi mentalidad uruguaya cuando veía sol pensaba que no haría tanto frío y por tanto no me abrigaba lo suficiente justo los días más fríos. Ahora mi cabeza aprendió bien la lección, ve sol y ya dice: abrigate.
Y abrigada andaba por esos tiempos, era una montaña de ropa, apenas dejaba visibles los ojos, que de buena gana también hubiera tapado si no fuera porque necesitaba ver.
Para andar en el subte, o tren local u ómnibus, se compraba una tarjetita a la que se pegaba una foto, cada mes se compraba un sellito y para viajar se mostraba la tarjetita. En una ventanilla había una persona sentada controlando, la gente pasaba corriendo con la tarjetita en la mano.
Yo sigo las instrucciones al pie de la letra, me dijeron que tenía que mostrar la tarjeta y no pasaba corriendo sino que me paraba frente a la ventanilla, mostraba la tarjetita y no me movía de ahí hasta que el controlante, que normalmente estaba leyendo un libro o un diario, dejaba la lectura y me miraban primero como preguntando por qué estoy ahí molestando en lo mejor del libro, y luego con cierto asombro.
Y no es raro que los controlantes miraran así, primero porque no estaban acostumbrados a que la gente los molestara, todos pasaban corriendo sin interrumpirles la lectura, y luego porque yo me fijaba de mostrar bien mi tarjeta, tenía mucho cuidado de que se viera la foto y no estuviera patas arribas, pero mi cara no se las mostraba!!
No, ni loca, con el frío que hacía como iba a andar con la cara destapada. Bajaba la gorra hasta tapar las cejas y subía la bufanda que tapara la nariz, como les decía, apenas dejaba ver mis ojos.
Ya seguiré contándoles de aquellos tiempos, descubriendo un mundo nuevo para mí.
domingo, 24 de mayo de 2009
Cuando llegamos
Les voy a contar de los primeros tiempos en Suecia, llegamos, quien era mi compañero en esos momentos y yo, luego de algunas vueltas sobre las que no entraré en detalles. Nos llevaron a un lugar en las afueras de Estocolmo y muy cerca de la ciudad de Uppsala. Era una especie de hotelcito u hostería
Tenía un edificio con unos pocos cuartos pequeños, un corredor largo, un bañito, un baño algo más grande con una ducha y una especie de living o cuarto de mirar la tele que se compartía entre todos. Al lado había un restaurant o mesada o simplemente un comedor, ahí venían a almorzar quienes trabajaban cerca, los domingos también servían comidas más finas en el comedor fino, con manteles blancos y mejores muebles, y en ese comedor también hacían a veces almuerzos de entierros.
Eso no lo entendíamos muy bien, veíamos que a veces arreglaban esa parte fina del comedor y al mediodía venía un grupo grande de gente a almorzar, todos vestidos de negro o ropas oscuras y a pesar de que habían ido a un restaurant no se los veía muy contentos, nos llamaba mucho la atención, todavía no nos habíamos enterado de que aquí hacen así luego de los entierros.
Cuando llegamos a ese sitio nos atendió un sueco, como no teníamos idioma en común con señas nos dió información, por ejemplo señaló hacia la casona que era el restaurant o comedor, hizo el gesto bastante internacional de comer, nos mostró el reloj y sobre el reloj las horas en que se servía la comida.
Luego nos llevó a donde estaba la parte de vivienda y nos dejó en un cuarto. Mientras nos dió la información por señas, también había hablado en sueco, no habíamos entendido ni una sola palabra pero por lo que escuchamos no teníamos dudas de que el pobre hombre estaba en un ataque de asma.
Tiempo después, cuando entramos en contacto con más suecos, pudimos darnos cuenta que al decir algunas cosas aspiran al mismo tiempo que las dicen (y no como es común que se hable al expirar el aire), lo que da la sensación de que quien habla tiene problemas respiratorios.
Después que el hombre nos dejó, fuimos al living y ahí apareció otro hombre con pinta de no sueco, nos alegramos mucho de verlo, parecía latino y le hablamos en español. Él también se alegró muchísimo de vernos aunque se desilusionó un poco al escucharnos hablar español, era iraní.
Intentamos encontrar idioma en común, nos habló en inglés. Le dije que sabía muy poco inglés y algunas poquitas palabras en francés. Acto seguido empezó a hacernos preguntas en inglés, y yo a contestarlas en francés, con lo que lo dejé bastante desconcertado.
Como evidentemente era un hombre muy inteligente, u observador, o desperado por tener con quien comunicarse, muy rápido se dió cuenta que cosas yo sabía en inglés y cuales en francés y así empezó a hablar él también, mezclando los dos idiomas. Como nosotros también sentíamos mucha necesidad de comunicarnos, con esa mezcla idiomática más las señas para las que usábamos hasta las uñas de los pies y las orejas, pasábamos el día charlando.
A los pocos días apareció un muchachito de Etiopía, ya el iraní nos había contado de su existencia pero no venía casi nunca. Y a las pocas semanas llegaron una pareja de argentinos con una niña de ocho años, y a la semana siguiente una pareja de chilenos. Más tarde también una húngara y un hombre de Uganda.
Los horarios que teníamos eran de desayunar a partir de las nueve de la mañana. Almorzar a las doce. Merienda a las dos de la tarde. Cena a las cuatro de la tarde y después cerraban el comedor. Antes de cerrar nos daban unos termos con café y agua caliente por si queríamos tomar más tarde.
Entre comida y comida teníamos que salir a caminar, hacer ejercicio para que nos viniera hambre antes que nos sirvieran la próxima comida.
Luego comenzamos a ir a Uppsala a estudiar sueco. Desayunábamos antes de irnos a clase, almorzábamos cuando volvíamos pasadas las dos de la tarde y ya a las cuatro, cuando hacía poco más de una hora que habíamos terminado de almorzar, nos servían la cena.
Empezamos a saltearnos el almuerzo o la cena, pero después eran muchas horas sin comer. Empezamos a llevarnos pan y otras cositas del desayuno para tener algo que comer en la tardecita. Por suerte por aquellos años se usaban las carteras grandes y teníamos buen lugar donde esconder esos víveres.
A esa hostería a veces llegaban huéspedes suecos, suponíamos que serían vendedores que estaban ahí por cuestiones de trabajo. Fue uno de los primeros choques con la cultura sueca, ellos llegaban, iban a su cuarto, se sacaban la ropa y luego iban a sentarse al living, en calconzillos! Los primeros días las mujeres optamos por no ir a mirar la tele cuando estaban esos desconocidos en paños menores sentados ahí. De todos modos no perdíamos muchos, si igual no entendíamos nada de lo que decían en la tele. Después nos acostumbramos, dejamos de horrorizarnos y estando ellos o no, estuvieran vestidos o no, igual íbamos al living.
Y ya les seguiré contando de aquel encuentro con Suecia.
Tenía un edificio con unos pocos cuartos pequeños, un corredor largo, un bañito, un baño algo más grande con una ducha y una especie de living o cuarto de mirar la tele que se compartía entre todos. Al lado había un restaurant o mesada o simplemente un comedor, ahí venían a almorzar quienes trabajaban cerca, los domingos también servían comidas más finas en el comedor fino, con manteles blancos y mejores muebles, y en ese comedor también hacían a veces almuerzos de entierros.
Eso no lo entendíamos muy bien, veíamos que a veces arreglaban esa parte fina del comedor y al mediodía venía un grupo grande de gente a almorzar, todos vestidos de negro o ropas oscuras y a pesar de que habían ido a un restaurant no se los veía muy contentos, nos llamaba mucho la atención, todavía no nos habíamos enterado de que aquí hacen así luego de los entierros.
Cuando llegamos a ese sitio nos atendió un sueco, como no teníamos idioma en común con señas nos dió información, por ejemplo señaló hacia la casona que era el restaurant o comedor, hizo el gesto bastante internacional de comer, nos mostró el reloj y sobre el reloj las horas en que se servía la comida.
Luego nos llevó a donde estaba la parte de vivienda y nos dejó en un cuarto. Mientras nos dió la información por señas, también había hablado en sueco, no habíamos entendido ni una sola palabra pero por lo que escuchamos no teníamos dudas de que el pobre hombre estaba en un ataque de asma.
Tiempo después, cuando entramos en contacto con más suecos, pudimos darnos cuenta que al decir algunas cosas aspiran al mismo tiempo que las dicen (y no como es común que se hable al expirar el aire), lo que da la sensación de que quien habla tiene problemas respiratorios.
Después que el hombre nos dejó, fuimos al living y ahí apareció otro hombre con pinta de no sueco, nos alegramos mucho de verlo, parecía latino y le hablamos en español. Él también se alegró muchísimo de vernos aunque se desilusionó un poco al escucharnos hablar español, era iraní.
Intentamos encontrar idioma en común, nos habló en inglés. Le dije que sabía muy poco inglés y algunas poquitas palabras en francés. Acto seguido empezó a hacernos preguntas en inglés, y yo a contestarlas en francés, con lo que lo dejé bastante desconcertado.
Como evidentemente era un hombre muy inteligente, u observador, o desperado por tener con quien comunicarse, muy rápido se dió cuenta que cosas yo sabía en inglés y cuales en francés y así empezó a hablar él también, mezclando los dos idiomas. Como nosotros también sentíamos mucha necesidad de comunicarnos, con esa mezcla idiomática más las señas para las que usábamos hasta las uñas de los pies y las orejas, pasábamos el día charlando.
A los pocos días apareció un muchachito de Etiopía, ya el iraní nos había contado de su existencia pero no venía casi nunca. Y a las pocas semanas llegaron una pareja de argentinos con una niña de ocho años, y a la semana siguiente una pareja de chilenos. Más tarde también una húngara y un hombre de Uganda.
Los horarios que teníamos eran de desayunar a partir de las nueve de la mañana. Almorzar a las doce. Merienda a las dos de la tarde. Cena a las cuatro de la tarde y después cerraban el comedor. Antes de cerrar nos daban unos termos con café y agua caliente por si queríamos tomar más tarde.
Entre comida y comida teníamos que salir a caminar, hacer ejercicio para que nos viniera hambre antes que nos sirvieran la próxima comida.
Luego comenzamos a ir a Uppsala a estudiar sueco. Desayunábamos antes de irnos a clase, almorzábamos cuando volvíamos pasadas las dos de la tarde y ya a las cuatro, cuando hacía poco más de una hora que habíamos terminado de almorzar, nos servían la cena.
Empezamos a saltearnos el almuerzo o la cena, pero después eran muchas horas sin comer. Empezamos a llevarnos pan y otras cositas del desayuno para tener algo que comer en la tardecita. Por suerte por aquellos años se usaban las carteras grandes y teníamos buen lugar donde esconder esos víveres.
A esa hostería a veces llegaban huéspedes suecos, suponíamos que serían vendedores que estaban ahí por cuestiones de trabajo. Fue uno de los primeros choques con la cultura sueca, ellos llegaban, iban a su cuarto, se sacaban la ropa y luego iban a sentarse al living, en calconzillos! Los primeros días las mujeres optamos por no ir a mirar la tele cuando estaban esos desconocidos en paños menores sentados ahí. De todos modos no perdíamos muchos, si igual no entendíamos nada de lo que decían en la tele. Después nos acostumbramos, dejamos de horrorizarnos y estando ellos o no, estuvieran vestidos o no, igual íbamos al living.
Y ya les seguiré contando de aquel encuentro con Suecia.
miércoles, 6 de mayo de 2009
Llegando con el mate a Suecia
Sigo traspasando posts de un blog al otro, éste hace más de un año que lo escribí:
Recuerdo cuando llegué a Suecia con quien era mi compañero en esos momentos. Los primeros meses pasamos en un lugar donde había algunos extranjeros más esperando los papeles para poder quedarse aquí.
Un día estábamos en nuestro cuarto tomando mate con una pareja de argentinos cuando llegó una húngara y quiso probarlo. Eran días muy tediosos, no sucedía nada y por supuesto que probar algo nuevo, aunque fuera un mate amargo, era un gran acontecimiento.
Mi ex le cebó un mate. Ella revolvió el mate como si la bombilla fuera una cucharita!! Como saben el único que puede mover la bombilla es el cebador y en eso mi ex era muy riguroso. Por suerte las miradas no matan como algunos aseguran que hacen, si fuera así ella hubiera quedado fulminada en ese mismo momento.
Al día siguiente estábamos nuevamente con nuestros amigos argentinos y se sumó a la ronda un ugandés. Le ofrecimos mate pero no quiso, insistimos pero seguía negándose. Lo embromamos diciendo que era cobarde y le contamos que el día anterior la valiente húngara se había animado a probar un mate y luego siguió tomando otros más.
El ugandés se rió diciendo que ya lo sabía, que su cuarto quedaba entre el cuarto de la húngara y el baño, por tanto sabía que ella se había pasado la noche corriendo al baño, ni loco lo ibamos a convencer de que tomara un mate.
A los pocos días vino un muchacho de Etiopía, entró a nuestro cuarto y vió un paquete de yerba sobre una mesita de luz, el paquete estaba abierto y se veía su contenido. En su cara brilló el asombro, la alegría y el miedo al mismo tiempo. Susurrando nos dijo que era mejor que escondiéramos ese paquete. Luego nos preguntó de dónde habíamos sacado esa cantidad. Él no conocía la yerbamate y no quedó muy convencido con nuestras explicaciones de que eso fuera algo que mezcláramos con agua caliente.
Al tiempo estábamos ya viviendo en un apartamento, afuera había un lindo parque donde en verano nos sentábamos a tomar mate un grupo grande de uruguayos y argentinos. Algunos años después hablando con una vecina me preguntó qué era eso que fumábamos y nos pasábamos unos a otros, se había quedado con la curiosidad todo ese largo tiempo.
Le hablé del mate y ella me contó que con otros vecinos habían creído que era algún tipo de drogas.
En ese entonces conseguir yerba aquí era una hazaña. Había, a veces, en la tienda de un francés que se habrá vuelto millonario importando cosas exóticas que no se podían comprar en otros lados, como ser yerba, porotos, garbanzos, dulce de membrillo, etc.
Yerba se podía comprar a veces en ciertas yuyerías, pero eran paquetes chicos, muy caros y la yerba no estaba molida como para tomar mate, debíamos ponerla en la licuadora o mixer antes de usarla. Si no lo hacíamos se tomaban dos mates y ya quedaba lavado.
Hoy en día aquí se puede comprar yerba en muchos supermercados en barrios, aunque que yo sepa los suecos todavía no toman mate, a menos que los convide un latino, o un sirio porque en Siria también toman mate.
Recuerdo cuando llegué a Suecia con quien era mi compañero en esos momentos. Los primeros meses pasamos en un lugar donde había algunos extranjeros más esperando los papeles para poder quedarse aquí.
Un día estábamos en nuestro cuarto tomando mate con una pareja de argentinos cuando llegó una húngara y quiso probarlo. Eran días muy tediosos, no sucedía nada y por supuesto que probar algo nuevo, aunque fuera un mate amargo, era un gran acontecimiento.
Mi ex le cebó un mate. Ella revolvió el mate como si la bombilla fuera una cucharita!! Como saben el único que puede mover la bombilla es el cebador y en eso mi ex era muy riguroso. Por suerte las miradas no matan como algunos aseguran que hacen, si fuera así ella hubiera quedado fulminada en ese mismo momento.
Al día siguiente estábamos nuevamente con nuestros amigos argentinos y se sumó a la ronda un ugandés. Le ofrecimos mate pero no quiso, insistimos pero seguía negándose. Lo embromamos diciendo que era cobarde y le contamos que el día anterior la valiente húngara se había animado a probar un mate y luego siguió tomando otros más.
El ugandés se rió diciendo que ya lo sabía, que su cuarto quedaba entre el cuarto de la húngara y el baño, por tanto sabía que ella se había pasado la noche corriendo al baño, ni loco lo ibamos a convencer de que tomara un mate.
A los pocos días vino un muchacho de Etiopía, entró a nuestro cuarto y vió un paquete de yerba sobre una mesita de luz, el paquete estaba abierto y se veía su contenido. En su cara brilló el asombro, la alegría y el miedo al mismo tiempo. Susurrando nos dijo que era mejor que escondiéramos ese paquete. Luego nos preguntó de dónde habíamos sacado esa cantidad. Él no conocía la yerbamate y no quedó muy convencido con nuestras explicaciones de que eso fuera algo que mezcláramos con agua caliente.
Al tiempo estábamos ya viviendo en un apartamento, afuera había un lindo parque donde en verano nos sentábamos a tomar mate un grupo grande de uruguayos y argentinos. Algunos años después hablando con una vecina me preguntó qué era eso que fumábamos y nos pasábamos unos a otros, se había quedado con la curiosidad todo ese largo tiempo.
Le hablé del mate y ella me contó que con otros vecinos habían creído que era algún tipo de drogas.
En ese entonces conseguir yerba aquí era una hazaña. Había, a veces, en la tienda de un francés que se habrá vuelto millonario importando cosas exóticas que no se podían comprar en otros lados, como ser yerba, porotos, garbanzos, dulce de membrillo, etc.
Yerba se podía comprar a veces en ciertas yuyerías, pero eran paquetes chicos, muy caros y la yerba no estaba molida como para tomar mate, debíamos ponerla en la licuadora o mixer antes de usarla. Si no lo hacíamos se tomaban dos mates y ya quedaba lavado.
Hoy en día aquí se puede comprar yerba en muchos supermercados en barrios, aunque que yo sepa los suecos todavía no toman mate, a menos que los convide un latino, o un sirio porque en Siria también toman mate.
jueves, 30 de abril de 2009
Lluvias en Suecia
Ayer fue del de Valborgmässlafton, o como también le decimos los latinos, día de las fogatas ya que se despide al invierno con grandes fogatas. Pero yo, cansada del polen y seguro que cansando a todo el mundo con mis quejas sobre el polen, estoy deseando que llueva para que limpie el aire, y de lluvias, nada, todo tan seco que hasta tuvieron que prohibir algunas fogatas ayer. Ahora me pregunto si el invierno, al no haber sido despedido con fogatas y gran pompa como se acostumbra hacer, se ofenda y no quiera volver. Pero ya me fui del tema, que era la lluvia, o su ausencia, yo prefiero no seguir quejándome sino hacer algo, porque es como dicen, todos hablan del estado del tiempo, pero nadie hace nada, bueno, yo intentaré hacer algo y traigo la lluvia a mi blog con un post que escribí el año pasado en mi otro blog. Podría haber esperado a Midsommar pero ansiosa por ver lluvia ya mismo, no pude esperar y aquí está aquel post:
"Es interesante estudiar a la gente y ver como reaccionan en diferentes situaciones, pero no cómo actúan aquí frente a la lluvia ya que simplemente no reaccionan. Se puede mirar por la ventana y ver niños jugando, gente que pasa caminando lentamente, vecinos que están parados charlando tranquilamente, y ver el agua que cae sin que nadie aparente darse cuenta.
Es que este clima es así como es, duro. Las temperaturas son bastante petisas, al contrario de los suecos que son tan altos. Y casi que cuando no llueve, nieva. Si se fuera a salir solamente cuando está lindo el día, entonces se pasaría encerrado adentro. Aparte de que día es solamente unos pocos meses, la mayor parte del año es noche.
Hace varios años atrás estaba mi papá de visita por aquí. Llegó el día de midsommar (a finales de junio), y varios vecinos sacaron un grill para el jardín y pusieron unas mesas largas. El día era muy de verano, es decir: gris con unos nubarrones negros muy amenazantes. Mi papá quedó admirado de la audacia de esta gente, ponerse a hacer un asado con ese día. También quedó mirando para afuera esperando ver el
desparramo que causarían las primeras gotas de lluvias, que sin ninguna duda comenzarían a caer en cualquier momento.
Yo me fui a la cocina. Al rato escuché unas gotas de lluvia contra la ventana... y corridas. No de los vecinos sino de mi papá buscando la cámara. Fui a ver qué le había provocado ese apuro por fotografiar. Lo encontré en el balcón, murmurando algo así como que "si no llevo fotos no me lo van a creer". Afuera los vecinos seguían sentados junto a las mesas comiendo, todos con un paragua en la mano. Mi papá se quedó con las ganas de ver el desparramo de gente. Después me contaba, bastante
desconcertado y creo que desilusionado, que cuando empezó a llover nadie salió corriendo, todos con mucha calma abrieron su paraguas y siguieron comiendo como si nada.
No es nada exclusivo de mis vecinos. Es una imagen que he visto muchas veces en midsommar, que debe festejarse, sí o sí, afuera como dice la tradición, a pesar de que tradicionalmente llueve ese día."
"Es interesante estudiar a la gente y ver como reaccionan en diferentes situaciones, pero no cómo actúan aquí frente a la lluvia ya que simplemente no reaccionan. Se puede mirar por la ventana y ver niños jugando, gente que pasa caminando lentamente, vecinos que están parados charlando tranquilamente, y ver el agua que cae sin que nadie aparente darse cuenta.
Es que este clima es así como es, duro. Las temperaturas son bastante petisas, al contrario de los suecos que son tan altos. Y casi que cuando no llueve, nieva. Si se fuera a salir solamente cuando está lindo el día, entonces se pasaría encerrado adentro. Aparte de que día es solamente unos pocos meses, la mayor parte del año es noche.
Hace varios años atrás estaba mi papá de visita por aquí. Llegó el día de midsommar (a finales de junio), y varios vecinos sacaron un grill para el jardín y pusieron unas mesas largas. El día era muy de verano, es decir: gris con unos nubarrones negros muy amenazantes. Mi papá quedó admirado de la audacia de esta gente, ponerse a hacer un asado con ese día. También quedó mirando para afuera esperando ver el
desparramo que causarían las primeras gotas de lluvias, que sin ninguna duda comenzarían a caer en cualquier momento.
Yo me fui a la cocina. Al rato escuché unas gotas de lluvia contra la ventana... y corridas. No de los vecinos sino de mi papá buscando la cámara. Fui a ver qué le había provocado ese apuro por fotografiar. Lo encontré en el balcón, murmurando algo así como que "si no llevo fotos no me lo van a creer". Afuera los vecinos seguían sentados junto a las mesas comiendo, todos con un paragua en la mano. Mi papá se quedó con las ganas de ver el desparramo de gente. Después me contaba, bastante
desconcertado y creo que desilusionado, que cuando empezó a llover nadie salió corriendo, todos con mucha calma abrieron su paraguas y siguieron comiendo como si nada.
No es nada exclusivo de mis vecinos. Es una imagen que he visto muchas veces en midsommar, que debe festejarse, sí o sí, afuera como dice la tradición, a pesar de que tradicionalmente llueve ese día."
domingo, 19 de abril de 2009
Mi primer día de trabajo en Kodak
Dejando un poco de lado los aparatejos modernos, va aquí algo que escribí hace un par de años sobre mi primer día de trabajo en Kodak:
Mi primer día de trabajo en Kodak en realidad no lo trabajé. Ni el
primer día ni la primera semana. Entré a la vida laboral sueca
haciendo huelga. Fue una huelga general histórica, hasta hoy hablan
de ella y ya han pasado casi 29 años.
A la semana siguiente, esperando haberles puesto los puntos sobre las
íes ya antes de comenzar a trabajar, fui un día a Kodak. Llegué al
laboratorio, me recibió la jefa de la sección, me presentó a quien
sería mi instructora. Yo debía aprender a hacer fotos en unas
máquinas semimanuales.
La instructora me entregó una carpeta diciendo que ahí estaba todo en
detalles y en forma más sencilla de la que ella podría explicarme. Me
dejó con la carpeta y se fue. La abrí, comencé a leer.
Mi sueco en aquellos tiempos era muy, muuuuuy básico. Las
instrucciones de la carpeta estarían detalladas y muy sencillas pero
con un vocabulario técnico que nunca antes había llegado hasta mis
oídos.
Leí: Los negativos pueden.... o..... o..... En caso de que.....
entonces se debe..... Pero si..... hay que.... para que....y no....
Si el negativo.... es necesario.... Y así seguían las explicaciones
hoja tras hoja. Las leí una, dos veces y no me decía nada de nada!
Estaba tratando de descifrar aquel palabrerío extraño cuando volvió
mi instructora. Me preguntó: "¿leíste todo?". Contesté que sí.
"¿Tenés alguna pregunta?" Aseguré que no. Dijo: "vamos al simulador"
y la seguí pensando que quizás algo entendería por el método audio-
visual.
Como mi instructora utilizaba el mismo vocabulario de la carpeta, el
método quedó reducido a visual. Ella me mostraba negativos y apretaba
alguno de los seis o siete botones que tenía aquel aparato. No me
quedaba claro qué eran esos botones y la relación que podrían
tener con los negativos, pero llegué a la conclusión que tendría algo
que ver con el tiempo de exposición, aunque no pude deducir cuales
necesitaban más o menos.
En un momento, desconozco el cómo o el por qué, mi instructora
entendió que yo ya estaba pronta para demostrar lo que había aprendido y me dejó sentar junto a ese aparato. Delante mío desfilaban los negativos y yo apretaba botones calculando que probabilidades habría de que le embocara a la mayoría. No fueron muchas.
De todos modos mi instructora decidió que diéramos el paso siguiente,
o sea dejar de simular y comenzar a hacer copias a papel. Necesité
copiar los mismos negativos unas cuantas veces antes de aprender a
cuales darles más o menos tiempo de exposición. Calculo que mi
instructora me lo explicó muchas veces entre las tantas cosas que me dijo y no le entendí.
Creo que fue en ese entonces que mi memoria se agotó. Luego de haber
apretado botones mirando negativos, al mirar las fotos tenía que
intentar recordar qué botón había apretado con cada negativo para ver
si podía encontrar alguna relación negativo-botón, y habían sido un
montón de negativos. Finalmente, cuando a mi instructora ya no le
quedaban muchos pelos que arrancarse, empecé a entender.
Mi primer día de trabajo en Kodak en realidad no lo trabajé. Ni el
primer día ni la primera semana. Entré a la vida laboral sueca
haciendo huelga. Fue una huelga general histórica, hasta hoy hablan
de ella y ya han pasado casi 29 años.
A la semana siguiente, esperando haberles puesto los puntos sobre las
íes ya antes de comenzar a trabajar, fui un día a Kodak. Llegué al
laboratorio, me recibió la jefa de la sección, me presentó a quien
sería mi instructora. Yo debía aprender a hacer fotos en unas
máquinas semimanuales.
La instructora me entregó una carpeta diciendo que ahí estaba todo en
detalles y en forma más sencilla de la que ella podría explicarme. Me
dejó con la carpeta y se fue. La abrí, comencé a leer.
Mi sueco en aquellos tiempos era muy, muuuuuy básico. Las
instrucciones de la carpeta estarían detalladas y muy sencillas pero
con un vocabulario técnico que nunca antes había llegado hasta mis
oídos.
Leí: Los negativos pueden.... o..... o..... En caso de que.....
entonces se debe..... Pero si..... hay que.... para que....y no....
Si el negativo.... es necesario.... Y así seguían las explicaciones
hoja tras hoja. Las leí una, dos veces y no me decía nada de nada!
Estaba tratando de descifrar aquel palabrerío extraño cuando volvió
mi instructora. Me preguntó: "¿leíste todo?". Contesté que sí.
"¿Tenés alguna pregunta?" Aseguré que no. Dijo: "vamos al simulador"
y la seguí pensando que quizás algo entendería por el método audio-
visual.
Como mi instructora utilizaba el mismo vocabulario de la carpeta, el
método quedó reducido a visual. Ella me mostraba negativos y apretaba
alguno de los seis o siete botones que tenía aquel aparato. No me
quedaba claro qué eran esos botones y la relación que podrían
tener con los negativos, pero llegué a la conclusión que tendría algo
que ver con el tiempo de exposición, aunque no pude deducir cuales
necesitaban más o menos.
En un momento, desconozco el cómo o el por qué, mi instructora
entendió que yo ya estaba pronta para demostrar lo que había aprendido y me dejó sentar junto a ese aparato. Delante mío desfilaban los negativos y yo apretaba botones calculando que probabilidades habría de que le embocara a la mayoría. No fueron muchas.
De todos modos mi instructora decidió que diéramos el paso siguiente,
o sea dejar de simular y comenzar a hacer copias a papel. Necesité
copiar los mismos negativos unas cuantas veces antes de aprender a
cuales darles más o menos tiempo de exposición. Calculo que mi
instructora me lo explicó muchas veces entre las tantas cosas que me dijo y no le entendí.
Creo que fue en ese entonces que mi memoria se agotó. Luego de haber
apretado botones mirando negativos, al mirar las fotos tenía que
intentar recordar qué botón había apretado con cada negativo para ver
si podía encontrar alguna relación negativo-botón, y habían sido un
montón de negativos. Finalmente, cuando a mi instructora ya no le
quedaban muchos pelos que arrancarse, empecé a entender.
sábado, 11 de abril de 2009
Cartas y llamadas a la familia en Uruguay
Hoy es tan fácil comunicarse a través de la distancia. Cuesta creer que no hace tanto tiempo era difícil que fuera tan fluído y directo como es hoy con internet, skype, las tarjetas de teléfono y hasta que las llamadas pueden hacerse sin telefonista de por medio.
Recuerdo las cartas a la familia durante los primeros en Suecia. Las que enviaba y las que recibía. Demoraban días, o semanas, en llegar a destino, pero cuando llegaban qué alegría! Leerlas y escribirlas acortaba y aumentaba las distancias. Era como tenerlos al lado, escucharlos y hablarles. Y la distancia se hacía al mismo tiempo más notoria, era como tenerlos al lado pero que lejos estaban, tan fuera del alcance de un abrazo.
No puedo imaginarme lo que vivieron mis padres en aquellos años. Recién hoy, madre y abuela, hago conciencia de lo que habrán sufrido. Sí, antes pensaba que la distancia les dolería, pero creo que no llegaba a percibir cuanto.
Claro que en las cartas no se leían esas cosas, ni esas ni otras. Según las cartas vivíamos todos felices y comíamos perdices. Para qué voy a preocuparlos, si total no van a poder hacer nada, pensaba yo. Para qué vamos a preocuparla, si total no puede hacer nada, pensaban ellos. Una autocensura diez veces mayor que la que podría imponer una dictadura.
Si alguna vez me contábamos alguna pálida era porque ya había pasado un tiempo y recobrado el color. Como si la ausencia de tantas palabras pudiera cambiar la realidad, pudiera borrar las preocupaciones y su permanentemente presencia.
Yo leía sus cartas, constataba que todo estaba relativamente bien, y me preguntaba hasta cuando, qué podría pasar mañana o pasado. Estoy segura que ellos leían mis cartas y por más rosadas que las escribiera no conseguía aliviar sus preocupaciones de padres, ni el dolor de no poder ver crecer a los nietos.
Y las llamadas por teléfono! Se pedían a la telefonista, persona a persona se decía para que no tener que pagar el tiempo de espera mientras la persona llegaba hasta el teléfono. Había que calcular la diferencia de hora y el tiempo que demorarían. La demora podia ser, decían, de un par de horas, a veces tres o cuatro. Eran largas horas de pasarse cerca del teléfono esperando que sonara.
Y de pronto sonaba y era un amigo que no se había enterado que llamaríamos para allá, aunque generalmente eso se lo contábamos a todos ya unos días antes. O era un amigo a preguntar si ya habíamos podido hablar. La llamada a Uruguay era un gran acontecimiento del que muchos quedadan pendientes.
La llamada llegaba. Ya teníamos pensada cada palabra que diríamos. Había que decir lo más posible en el mínimo tiempo posible. Había que decir lo más posible pero sin decir nada, a no preocupar a nadie y a no olvidarse que los teléfonos podían estar intervenidos, podían escucharnos.
Se escuchaba una voz querida y ahora tan lejana y algo se rompía dentro nuestro. Lo que íbamos a decir quedaba perdido no sé dónde, pero rara vez estaba a mano. Y del otro lado también querían decir y preguntar y no nos daban oportunidad de abrir la boca.
Generalmente se escuchaba mal, se perdían palabras, se oían ecos, ruidos, interferencias, se cortaba, y roncos por el nudo en la garganta que nunca faltaba, decíamos: “no te oigo”, ”¿Qué dijiste?” , ”no se escucha”. Y ya le pasaban el tubo a otro, a quien también le decíamos: “no te oigo, ¿qué dijiste?, no se escucha”. A nuestro lado también alguien quería hablar y nos sacaba el teléfono justo que pensábamos decir algo en especial o nos estaban diciendo algo importante.
Tres minutos, el reloj siempre al lado, y cortábamos, aunque muchas veces nos pasábamos de esos tres minutos y así era la cuenta que nos llegaba después. Tres minutos que nos daban para días de comentarios. ¿Qué te dijeron?, ¿Qué te pareció? ¿Cómo los encontraste? Días y semanas que pasábamos analizando tres caóticos minutos en los que no escuchamos más que palabras sueltas humedecidas por las lágrimas. Buscando interpretar las palabras, las que se dijeron, las que no se dijeron, las entre renglones, las que se sospechaban claves, buscando posibles mensajes escondidos.
Y nos reuníamos con los amigos, todos querían participar en esa búsqueda, aunque ni siquiera habían estado en casa cuando llamamos, ni conocían a nuestra familia. Pero era un contacto directo que se había tenido con Uruguay y había que sacarle el jugo, hacerlo durar, compartirlo para que todos pudieran sentirse un poquito más cerca de los suyos.
Qué distinto es hoy, aunque algunos sentimientos no cambian.
Recuerdo las cartas a la familia durante los primeros en Suecia. Las que enviaba y las que recibía. Demoraban días, o semanas, en llegar a destino, pero cuando llegaban qué alegría! Leerlas y escribirlas acortaba y aumentaba las distancias. Era como tenerlos al lado, escucharlos y hablarles. Y la distancia se hacía al mismo tiempo más notoria, era como tenerlos al lado pero que lejos estaban, tan fuera del alcance de un abrazo.
No puedo imaginarme lo que vivieron mis padres en aquellos años. Recién hoy, madre y abuela, hago conciencia de lo que habrán sufrido. Sí, antes pensaba que la distancia les dolería, pero creo que no llegaba a percibir cuanto.
Claro que en las cartas no se leían esas cosas, ni esas ni otras. Según las cartas vivíamos todos felices y comíamos perdices. Para qué voy a preocuparlos, si total no van a poder hacer nada, pensaba yo. Para qué vamos a preocuparla, si total no puede hacer nada, pensaban ellos. Una autocensura diez veces mayor que la que podría imponer una dictadura.
Si alguna vez me contábamos alguna pálida era porque ya había pasado un tiempo y recobrado el color. Como si la ausencia de tantas palabras pudiera cambiar la realidad, pudiera borrar las preocupaciones y su permanentemente presencia.
Yo leía sus cartas, constataba que todo estaba relativamente bien, y me preguntaba hasta cuando, qué podría pasar mañana o pasado. Estoy segura que ellos leían mis cartas y por más rosadas que las escribiera no conseguía aliviar sus preocupaciones de padres, ni el dolor de no poder ver crecer a los nietos.
Y las llamadas por teléfono! Se pedían a la telefonista, persona a persona se decía para que no tener que pagar el tiempo de espera mientras la persona llegaba hasta el teléfono. Había que calcular la diferencia de hora y el tiempo que demorarían. La demora podia ser, decían, de un par de horas, a veces tres o cuatro. Eran largas horas de pasarse cerca del teléfono esperando que sonara.
Y de pronto sonaba y era un amigo que no se había enterado que llamaríamos para allá, aunque generalmente eso se lo contábamos a todos ya unos días antes. O era un amigo a preguntar si ya habíamos podido hablar. La llamada a Uruguay era un gran acontecimiento del que muchos quedadan pendientes.
La llamada llegaba. Ya teníamos pensada cada palabra que diríamos. Había que decir lo más posible en el mínimo tiempo posible. Había que decir lo más posible pero sin decir nada, a no preocupar a nadie y a no olvidarse que los teléfonos podían estar intervenidos, podían escucharnos.
Se escuchaba una voz querida y ahora tan lejana y algo se rompía dentro nuestro. Lo que íbamos a decir quedaba perdido no sé dónde, pero rara vez estaba a mano. Y del otro lado también querían decir y preguntar y no nos daban oportunidad de abrir la boca.
Generalmente se escuchaba mal, se perdían palabras, se oían ecos, ruidos, interferencias, se cortaba, y roncos por el nudo en la garganta que nunca faltaba, decíamos: “no te oigo”, ”¿Qué dijiste?” , ”no se escucha”. Y ya le pasaban el tubo a otro, a quien también le decíamos: “no te oigo, ¿qué dijiste?, no se escucha”. A nuestro lado también alguien quería hablar y nos sacaba el teléfono justo que pensábamos decir algo en especial o nos estaban diciendo algo importante.
Tres minutos, el reloj siempre al lado, y cortábamos, aunque muchas veces nos pasábamos de esos tres minutos y así era la cuenta que nos llegaba después. Tres minutos que nos daban para días de comentarios. ¿Qué te dijeron?, ¿Qué te pareció? ¿Cómo los encontraste? Días y semanas que pasábamos analizando tres caóticos minutos en los que no escuchamos más que palabras sueltas humedecidas por las lágrimas. Buscando interpretar las palabras, las que se dijeron, las que no se dijeron, las entre renglones, las que se sospechaban claves, buscando posibles mensajes escondidos.
Y nos reuníamos con los amigos, todos querían participar en esa búsqueda, aunque ni siquiera habían estado en casa cuando llamamos, ni conocían a nuestra familia. Pero era un contacto directo que se había tenido con Uruguay y había que sacarle el jugo, hacerlo durar, compartirlo para que todos pudieran sentirse un poquito más cerca de los suyos.
Qué distinto es hoy, aunque algunos sentimientos no cambian.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)