La gripe bastante mejor, el mouse no, él sigue igual. Yo ayer en la tardecita hasta llegué a tejer una carrera y media, casi dos, del chal de las arañas, lo que es otra buena señal que voy mejorando, incluso por momentos casi no tuve fiebre.
Estuve pensando que el chal no voy a hacerlo exactamente como dice el patrón. Dice que hay que hacer una hilera de nueve arañas, bueno, no, en realidad no las llama arañas sino motivo o dibujo, y a mí me pareció demasiado.
Claro que es un chal largo, llegaría a las rodillas, o más abajo si quien lo usará, sea yo u otra, no es una supermodelo que mida casi dos metros de altura. Así que mejor lo dejo en una hilera de ocho arañas.
Casi todo el rato en que no estuve tejiendo esa carrera y media, o sea buena parte del día, lo dediqué a mi nueva ocupación, mirar la tele. Aparte de las series de los años 80, estuve mirando un programa actual, lo pasan en directo.
Seguro que lo dan en varios países más, se llama Kändisdjungel, aunque supongo que ustedes lo conozcan por otro nombre. La idea del programa es que llevan a varios conocidos (artistas, cantantes, deportistas, periodistas, etc.) a una selva, ahí cada día para ganar la comida, uno debe hacer algo, todos los días una cosa distinta, a cual más espantosa.
Hay muchos programas así, es decir que envían gente a vivir en una selva, o que hacen que la gente haga cosas espantosas, normalmente es gente desconocida para el público y que están dispuestos a cualquier cosas con tal de hacerse conocida.
En este programa como ya son conocidos no entiendo muy bien para qué están ahí, supongo que o les pagan bien o está bajando su popularidad y necesitan que hablen más de ellos otra vez.
Por lo menos por ser gente conocida no necesitan chocar para que se hable de ellos en los diarios, por tanto el nivel no es tan bajo, ya tienen una imagen que cuidar, sobre todo los periodistas y deportistas y otros con profesiones "serias".
Lo que me chocó del programa fue que es el público quien decide quien deberá hacer la prueba. Las pruebas han consistido en que le pongan como una pescera grandota en la cabeza y la fueron llevandode gusanitos, insectos cada vez más grandes y por último de víboras. Por cada minuto que aguantaban eso les daban una porción de comida y necesitaban once si iban a tener una para cada persona.
A una le enterraron junto con víboras y otros bichos, otra tuvo que comer gusanos y no sé cuantas asquerosidades más. Bueno, ya ven qué tipo de pruebas tienen que hacer. Eso de que sea el público que llame a decir quien debe hacerlo, no sé, me pareció muy fuerte. Cómo pueden insistar a la gente a algo así?
Y me pregunté quien llama?, porqué? cómo puede estar alguien mirando la tele y decidir que quiere hacer que una persona sea sometida a esas aberraciones, qué clase de persona es quien llama?
Ayer mirando ese programa me dí cuenta quien puede hacer algo así: yo! No, no llamé! prometo que no llamé, pero había dos hablando entre ellas y criticando, no crítica constructiva, a otra de las participantes, y justo a Pippi Mediaslargas, es decir a la que hace cuarenta años hizo las películas de Pippi que todavía hoy dan en la tele, toda una institución y la estaban criticando feo. Y encima, como justo Pippi pasó por ahí se dió cuenta que hablaban de ella, después fueron a decirle que cuando estuvieron hablando de ella en realidad estaban hablando de la autora del libro Pippi Mediaslargas, qué falsedad!
Fue ahí que ese pensamiento del que no me creía capaz, surgió en mi cabeza: votaría a esas dos, esas dos se merecen ser elegidas para la prueba de mañana! No voté, no pude decidirme cual de las dos se lo merecía más y además el teléfono estaba en la otra punta del sofá.
Evidentemente no fui la única que fue visitada por ese pensamiento, sin duda no hay que meterse con Pippi!!!, justamente esas dos fueron las dos más votadas y una de ellas hoy tendrá que cantar mientras vayan cayendo sobre ella baldes de un líquido asqueroso, insectos, plumas y no sé cuantas cosas más y todas le quedarán pegadas mientras los insectos caminan sobre ella. Creo que disfrutaré viéndolo.
Que horror!Espero que la fiebre se vaya del todo y pueda abandonar el sofá, o la tele, pero temo que vaya a necesitar algún tipo de desprogramación.
Este blog es un derivado de mi primer blog, Mis manualidades, donde pongo fotos de mis manualidades (qué original), recetas y relatos sobre mi vida. Quizás, tal como las personas que comienzan con las operaciones plásticas y luego que empiezan a hacerle arreglitos a la naturaleza, no pueden parar de hacerse mejoras y terminan como caricaturas a sí mismas, me haya vuelto adicta a los blogs y ahora no pueda dejar de abrir uno tras otro ya que en realidad es el cuarto que abro.
Este blog será dedicado solamente a relatar sobre mi vida que es como la de todos, o casi. Mucho de lo que escriba aquí ya lo publique en mi otro blog y ahora lo trasladé.
Tengo el pelo gris pero puse una foto donde estoy con el pelo verde, lo hice así por dos cosas, una porque creo que así quedo cuando tengo que enfrentarme a los aparatejos modernos (léase: todo lo que se ha inventado luego de la rueda), me sacan canas verdes; y otra porque me gusta como queda y si pudiera me lo teñiría así.
Abajo del todo hay una ventanita donde pueden dejarme saludos, también pueden dejarme comentarios o saludos debajo de cada post (cliqueando donde dice Comentarios).
En el costado, más abajo de mi foto, está el archivo ordenado por temas, cliqueando ahí pueden ver los posts que publiqué antes, o pueden cliquear abajo del todo (antes de la ventanita de los mensajes) donde dice Entradas antiguas.
Este blog será dedicado solamente a relatar sobre mi vida que es como la de todos, o casi. Mucho de lo que escriba aquí ya lo publique en mi otro blog y ahora lo trasladé.
Tengo el pelo gris pero puse una foto donde estoy con el pelo verde, lo hice así por dos cosas, una porque creo que así quedo cuando tengo que enfrentarme a los aparatejos modernos (léase: todo lo que se ha inventado luego de la rueda), me sacan canas verdes; y otra porque me gusta como queda y si pudiera me lo teñiría así.
Abajo del todo hay una ventanita donde pueden dejarme saludos, también pueden dejarme comentarios o saludos debajo de cada post (cliqueando donde dice Comentarios).
En el costado, más abajo de mi foto, está el archivo ordenado por temas, cliqueando ahí pueden ver los posts que publiqué antes, o pueden cliquear abajo del todo (antes de la ventanita de los mensajes) donde dice Entradas antiguas.
miércoles, 16 de septiembre de 2009
domingo, 6 de septiembre de 2009
Travesura ejecutada, segunda parte
Y sí, mi vecino encontró las uvas! Ayer fui más tarde al supermercado, a la vuelta estaba mi vecino recién levantado, desayunando en su jardincito. Me vió y ya de lejos me hizo señas que me acercara.
Yo dejé que me contaran como encontró las uvas, donde estaban, como eran, qué pensó que era una broma de algún amigo, como le preguntó a todos sus amigos y ninguno había sido, como pensaba que no entendía que alguien, un desconocido, hubiera hecho algo así, mientras se llevaba el dedo índice a la sien como quien va a ajustar un tornillo, lo dejé seguir especulando en quien podría haber sido y al rato, cuando por cuarta o quinta vez me decía donde habían estado las uvas, saqué un hilito de mi cartera y le pregunté si había sido con hilito así que las habían atado, nuevamente debía haber tenido la cámara pronta para sacarle la foto en ese momento, la cara que puso fue de película! y después no paraba de reírse y decía que si le hubiera dicho que fui yo no me lo hubiera creído, suerte que le había mostrado el hilito sino jamás me hubiera creído, con lo que queda demostrado que él se había hecho una falsa imagen de mí, creo que pensaba que yo era una mujer seria, no entiendo de donde sacó esa idea.
Me quedé un rato charlando y varias veces en medio de la charla, aunque estábamos de hablando de cosas serias, largaba la carcajada y decía que bien que había estado.
Las uvas? ya se las había comido.
Aquí unas fotos.
Siempre se vuelve al lugar del delito:

Mi vecino cuando recién se había enterado que fui yo quien colgó las uvas en la parra de su jardín:

Mi vecino intentando mostrarme la cara que puso cuando vió las uvas:

Y ahora más vale que esté preparada para la venganza.
Daiana me pasó un desafío, muchas gracias, amiga! consiste en decir diez cosas sobre mí, lo puse en mi otro blog.
Yo dejé que me contaran como encontró las uvas, donde estaban, como eran, qué pensó que era una broma de algún amigo, como le preguntó a todos sus amigos y ninguno había sido, como pensaba que no entendía que alguien, un desconocido, hubiera hecho algo así, mientras se llevaba el dedo índice a la sien como quien va a ajustar un tornillo, lo dejé seguir especulando en quien podría haber sido y al rato, cuando por cuarta o quinta vez me decía donde habían estado las uvas, saqué un hilito de mi cartera y le pregunté si había sido con hilito así que las habían atado, nuevamente debía haber tenido la cámara pronta para sacarle la foto en ese momento, la cara que puso fue de película! y después no paraba de reírse y decía que si le hubiera dicho que fui yo no me lo hubiera creído, suerte que le había mostrado el hilito sino jamás me hubiera creído, con lo que queda demostrado que él se había hecho una falsa imagen de mí, creo que pensaba que yo era una mujer seria, no entiendo de donde sacó esa idea.
Me quedé un rato charlando y varias veces en medio de la charla, aunque estábamos de hablando de cosas serias, largaba la carcajada y decía que bien que había estado.
Las uvas? ya se las había comido.
Aquí unas fotos.
Siempre se vuelve al lugar del delito:

Mi vecino cuando recién se había enterado que fui yo quien colgó las uvas en la parra de su jardín:

Mi vecino intentando mostrarme la cara que puso cuando vió las uvas:

Y ahora más vale que esté preparada para la venganza.
Daiana me pasó un desafío, muchas gracias, amiga! consiste en decir diez cosas sobre mí, lo puse en mi otro blog.
sábado, 5 de septiembre de 2009
Haciendo travesuras
Travesura ejecutada!! Desde hace unos días tenía planificada una travesura, sí no solamente manualidades planifico. La idea era la siguiente:
Mi vecino tiene un jardincito con muchas flores y también plantó una parra, o parrita porque es muy chica todavía. Hace unos días ví que estaba creciendo un racimo de uvas verdes y se me prendió la lamparita (de baja energía, siempre pensando en el medio ambiente), colgaría un racimo de uvas de plástico (reciclable por supuesto).
Claro que primero tenía que ir a comprar las uvas de plástico, había visto al lado de la tienda donde compro las lanas, que tenían un cajón con frutas de plástico en oferta. Pensé ir ahí, y si no tenían uvas pues colgaría cualquier otra fruta.
La fiebre que sigue sin irse todavía, no me permitió ir a comprar ni las uvas ni ninguna otra fruta de plástico, pero ayer tuve que ir al supermercado y compré uvas, dos racimos de uvas negras.
Ya había ido preparada con algunos hilitos en la cartera y en el mismo supermercado ya preparé los racimos. Me apuré a llegar a la casa del vecino antes que se levantara y los colgué en la parra, o mejor dicho en el enrejado de madera en el que se enrieda la parra. Saqué una foto para que puedan ver un racimo y el hilito que usé:

Ahora no queda otra que esperar a ver cuando las ve. Lástima no haber podido poner una cámara que lo filme cuando vea las uvas!
Con el apuro por volver antes que se despertara me olvidé que también tenía que pasar por el automático a sacar plata para pagar el curso de yoga que empieza hoy, no sabía si iría o no y por las dudas quería tener la plata.
Me dí cuenta cuando llegué a casa, pensé que mi inconciente era más inteligente que yo, la planificó mejor, de esa manera tenía que salir otra vez, volver a pasar por la casa del vecino y ver si estaba afuera y si me comentaba algo. Pero cuando volví del automático el vecino seguía durmiendo.
Hace unos años un amigo andaba mal, por sus graves problemas al corazón rara vez salía, sus tres hijos crecieron y se mudaron. Él se pasaba contando a todos sus amigos que sentía que había perdido la zanahoria que lo hacía ir siempre hacia adelante, al no sentirse necesitado por los hijos ya nada tenía sentido, estaba muy deprimido. A mí me habló varias veces de la zanahoria perdida. Un día compré un imán de esos de poner en la puerta de la heladera, tenía forma de zanahoria. Cuando fui a visitarlo, aprovechando un momento que fue al baño, puse la zanahoria en la puerta de la heladera entre varias cosas que tenía colgadas ahí. Demoró dos semanas en encontrarla! cuando al fin la vió inmediatamente pensó en mí y me llamó a preguntarme cuando había puesto el imán ahí, le dije que hacía dos semanas, con lo que quedaba comprobado que su problema no era que hubiera la zanahoria sino que la tenía delante suyo pero no veía. Espero que mi vecino no se demore dos semanas en ver las uvas!!
Ese fue un período simbólico que tuve, ya que además del imán en la heladera pensé en regalarle un palito al que iba atado una zanahoria de plástico, para que tuviera a cambio de la que había pedido, pero cuando fui a comprarla no tenían zanahorias y compré una berenjena, la colgué al palito, se la dí y le dije que cuando no se tienen zanahorias hay que buscar otra cosa que las reemplace, en éste caso una berenjena. Después de todo no fue raro que cuando viera el imán inmediatamente pensara que fui yo que lo puse ahí.
Mi vecino tiene un jardincito con muchas flores y también plantó una parra, o parrita porque es muy chica todavía. Hace unos días ví que estaba creciendo un racimo de uvas verdes y se me prendió la lamparita (de baja energía, siempre pensando en el medio ambiente), colgaría un racimo de uvas de plástico (reciclable por supuesto).
Claro que primero tenía que ir a comprar las uvas de plástico, había visto al lado de la tienda donde compro las lanas, que tenían un cajón con frutas de plástico en oferta. Pensé ir ahí, y si no tenían uvas pues colgaría cualquier otra fruta.
La fiebre que sigue sin irse todavía, no me permitió ir a comprar ni las uvas ni ninguna otra fruta de plástico, pero ayer tuve que ir al supermercado y compré uvas, dos racimos de uvas negras.
Ya había ido preparada con algunos hilitos en la cartera y en el mismo supermercado ya preparé los racimos. Me apuré a llegar a la casa del vecino antes que se levantara y los colgué en la parra, o mejor dicho en el enrejado de madera en el que se enrieda la parra. Saqué una foto para que puedan ver un racimo y el hilito que usé:

Ahora no queda otra que esperar a ver cuando las ve. Lástima no haber podido poner una cámara que lo filme cuando vea las uvas!
Con el apuro por volver antes que se despertara me olvidé que también tenía que pasar por el automático a sacar plata para pagar el curso de yoga que empieza hoy, no sabía si iría o no y por las dudas quería tener la plata.
Me dí cuenta cuando llegué a casa, pensé que mi inconciente era más inteligente que yo, la planificó mejor, de esa manera tenía que salir otra vez, volver a pasar por la casa del vecino y ver si estaba afuera y si me comentaba algo. Pero cuando volví del automático el vecino seguía durmiendo.
Hace unos años un amigo andaba mal, por sus graves problemas al corazón rara vez salía, sus tres hijos crecieron y se mudaron. Él se pasaba contando a todos sus amigos que sentía que había perdido la zanahoria que lo hacía ir siempre hacia adelante, al no sentirse necesitado por los hijos ya nada tenía sentido, estaba muy deprimido. A mí me habló varias veces de la zanahoria perdida. Un día compré un imán de esos de poner en la puerta de la heladera, tenía forma de zanahoria. Cuando fui a visitarlo, aprovechando un momento que fue al baño, puse la zanahoria en la puerta de la heladera entre varias cosas que tenía colgadas ahí. Demoró dos semanas en encontrarla! cuando al fin la vió inmediatamente pensó en mí y me llamó a preguntarme cuando había puesto el imán ahí, le dije que hacía dos semanas, con lo que quedaba comprobado que su problema no era que hubiera la zanahoria sino que la tenía delante suyo pero no veía. Espero que mi vecino no se demore dos semanas en ver las uvas!!
Ese fue un período simbólico que tuve, ya que además del imán en la heladera pensé en regalarle un palito al que iba atado una zanahoria de plástico, para que tuviera a cambio de la que había pedido, pero cuando fui a comprarla no tenían zanahorias y compré una berenjena, la colgué al palito, se la dí y le dije que cuando no se tienen zanahorias hay que buscar otra cosa que las reemplace, en éste caso una berenjena. Después de todo no fue raro que cuando viera el imán inmediatamente pensara que fui yo que lo puse ahí.
domingo, 23 de agosto de 2009
Sobre mentiras
Mentiras, linda manera de complicarnos la vida. Claro que hay mentiras y mentiras y distintos motivos para mentir. Nos inculcan decir siempre la verdad, pobre de quien mintiera cuando niño. Pero como adultos ya es otra cosa.
Tuve un tiempo la idea de no mentir nunca. Ya varias veces me habían dicho que no me convenía mentir porque soy transparente, si digo una mentira se nota de lejos que estoy mintiendo, por lo que ya pueden darse cuenta que alguna vez he mentido, si no lo hubiera hecho nadie se habría dado cuenta que soy mala para mentir.
Además hay que tener mejor memoria de lo que tengo yo. Conclusión: mejor no mentir nunca!
Y después me enfrenté a situaciones en que la verdad podría herir y encima sin aportar nada. Sí, en esos casos es mejor no decir nada pero si una está obligada a decir algo, ahí es donde no queda otra que herir o decir una llamada mentira blanca.
Pero en lo posible es recomendable evitar todo tipo de mentira, también las blancas. Y si no pueden preguntarle a mi mamá.
Les cuento del primer año en que siendo niña tuve la idea de comprar un regalo a mamá, no recuerdo si era día de la madre y su cumpleaños. Sí recuerdo que ese año caí en la trampa que caemos muchas mujeres. Siendo la menor de la familia fuí yo que tuve la idea comprarle un regalo a mamá juntando plata con mis hermanos, la poquita que teníamos porque en ese entonces los niños no acostumbraban andar con plata.
Mis hermanos dijeron que era una buena idea y que siendo yo mujer dejaban en mí la elección y compra del regalo. En otras palabras se lavaron las manos y dejaron la responsabilidad en mí, mujer, y yo caí y acepté.
Por mi escasa edad la compra debía ser en el barrio donde no había muchas tiendas. No tenían muchas cosas entre las que elegir, y lo poco que habíamos logrado juntar limitaba todavía más la elección.
Fuí a la tienda, era la primera vez que iba sola de compras y no tenía idea que comprar. Los niños de hoy parece que nacen sabiendo lo que quieren que se les compre e incluso que querrían comprar para otras personas, ya vienen programados para comprar. En mi generación era distinto, las mamás compraban sin nunca consultarnos, no entendíamos nada o muy poco al respecto.
Con ayuda de la vendedora conseguí decidirme por comprar un adornito de loza, segurísimo que de porcelana no era! Me imagino la emoción de mamá al abrir el primer regalo que le compramos sus hijos solos.
No sé si por esa emoción o por no herirnos, dijo que le gustaba muchísimo, que le encantaban los adornitos de porcelana, o loza. Eso es una mentira blanca, pero como toda mentira termina enredando a quien la dice y puede resultarle cara.
Durante los siguientes años seguí siendo yo, la mujer, quien iba a comprar los regalos para mamá tanto para el día de la madre como para su cumpleaños. Mis hermanos, como hombres, se limitaban a darme plata.
Pero ya tenía yo experiencia y además sabía ahora lo que le gustaba a mamá, los adornos de porcelana! Llegó a tener unos cuantos antes que medio de casualidad yo me enterara que a mamá no le gustaban para nada ese tipo de adornos.
Una vez que había mentido diciendo que le encantaban, ya no pudo decir que no era así, me hubiera dolido doblemente, por no haberle gustado el regalo que le elegí y porque me mintió.
Terminó presa de su mentira y con un montón de adornos que no eran de su gusto. Por lo menos a mí me sirvió para aprender algo sobre las consecuencias del mentir.
Aparte de las mentiras blancas hay mentiras de otros colores. Esas me cuesta más entenderlas, por qué o para qué mentir?
Conozco personas que mienten para hacerse ver, para dárselas de ser más o mejor de lo que son, y bien, podrán hacerle creer a la gente que son así, pero de qué les sirve? si de todas maneras siguen siendo como son y no como le hicieron creer a otros que eran.
Y deberían preguntarse si realmente convencieron a otros de que son como quieren hacerles creer. Rodeados de mentiras como vivimos vamos aprendiendo a reconocerlas. A veces dan ganas de desmascarar, de denunciar la mentira, que los demás también sepan que tal o cual persona miente.
Pero generalmente no lo hacemos y la verdad que, salvo excepciones, ni vale la pena gastar fuerzas en eso. Simplemente escuchamos las mentiras, nos damos cuenta que nos están mintiendo, lo anotamos, archivamos en un rincón de la memoria y no decimos ni una palabra.
Hay quienes mienten y creen en su propia mentira, no sé si porque saben mentir tan bien o porque son muy ingenuos y se creen todo.
Se dice que la mentira tiene patas cortas, no sé si es así, he escuchado (y leído) muchas mentiras pero nunca me dió por buscarle las patas para ver si eran cortas o largas, pero sí he visto que muchas mentiras llegan lejos, así que si tienen patas cortas serán cortas pero muy fuertes y resistentes.
Tuve un tiempo la idea de no mentir nunca. Ya varias veces me habían dicho que no me convenía mentir porque soy transparente, si digo una mentira se nota de lejos que estoy mintiendo, por lo que ya pueden darse cuenta que alguna vez he mentido, si no lo hubiera hecho nadie se habría dado cuenta que soy mala para mentir.
Además hay que tener mejor memoria de lo que tengo yo. Conclusión: mejor no mentir nunca!
Y después me enfrenté a situaciones en que la verdad podría herir y encima sin aportar nada. Sí, en esos casos es mejor no decir nada pero si una está obligada a decir algo, ahí es donde no queda otra que herir o decir una llamada mentira blanca.
Pero en lo posible es recomendable evitar todo tipo de mentira, también las blancas. Y si no pueden preguntarle a mi mamá.
Les cuento del primer año en que siendo niña tuve la idea de comprar un regalo a mamá, no recuerdo si era día de la madre y su cumpleaños. Sí recuerdo que ese año caí en la trampa que caemos muchas mujeres. Siendo la menor de la familia fuí yo que tuve la idea comprarle un regalo a mamá juntando plata con mis hermanos, la poquita que teníamos porque en ese entonces los niños no acostumbraban andar con plata.
Mis hermanos dijeron que era una buena idea y que siendo yo mujer dejaban en mí la elección y compra del regalo. En otras palabras se lavaron las manos y dejaron la responsabilidad en mí, mujer, y yo caí y acepté.
Por mi escasa edad la compra debía ser en el barrio donde no había muchas tiendas. No tenían muchas cosas entre las que elegir, y lo poco que habíamos logrado juntar limitaba todavía más la elección.
Fuí a la tienda, era la primera vez que iba sola de compras y no tenía idea que comprar. Los niños de hoy parece que nacen sabiendo lo que quieren que se les compre e incluso que querrían comprar para otras personas, ya vienen programados para comprar. En mi generación era distinto, las mamás compraban sin nunca consultarnos, no entendíamos nada o muy poco al respecto.
Con ayuda de la vendedora conseguí decidirme por comprar un adornito de loza, segurísimo que de porcelana no era! Me imagino la emoción de mamá al abrir el primer regalo que le compramos sus hijos solos.
No sé si por esa emoción o por no herirnos, dijo que le gustaba muchísimo, que le encantaban los adornitos de porcelana, o loza. Eso es una mentira blanca, pero como toda mentira termina enredando a quien la dice y puede resultarle cara.
Durante los siguientes años seguí siendo yo, la mujer, quien iba a comprar los regalos para mamá tanto para el día de la madre como para su cumpleaños. Mis hermanos, como hombres, se limitaban a darme plata.
Pero ya tenía yo experiencia y además sabía ahora lo que le gustaba a mamá, los adornos de porcelana! Llegó a tener unos cuantos antes que medio de casualidad yo me enterara que a mamá no le gustaban para nada ese tipo de adornos.
Una vez que había mentido diciendo que le encantaban, ya no pudo decir que no era así, me hubiera dolido doblemente, por no haberle gustado el regalo que le elegí y porque me mintió.
Terminó presa de su mentira y con un montón de adornos que no eran de su gusto. Por lo menos a mí me sirvió para aprender algo sobre las consecuencias del mentir.
Aparte de las mentiras blancas hay mentiras de otros colores. Esas me cuesta más entenderlas, por qué o para qué mentir?
Conozco personas que mienten para hacerse ver, para dárselas de ser más o mejor de lo que son, y bien, podrán hacerle creer a la gente que son así, pero de qué les sirve? si de todas maneras siguen siendo como son y no como le hicieron creer a otros que eran.
Y deberían preguntarse si realmente convencieron a otros de que son como quieren hacerles creer. Rodeados de mentiras como vivimos vamos aprendiendo a reconocerlas. A veces dan ganas de desmascarar, de denunciar la mentira, que los demás también sepan que tal o cual persona miente.
Pero generalmente no lo hacemos y la verdad que, salvo excepciones, ni vale la pena gastar fuerzas en eso. Simplemente escuchamos las mentiras, nos damos cuenta que nos están mintiendo, lo anotamos, archivamos en un rincón de la memoria y no decimos ni una palabra.
Hay quienes mienten y creen en su propia mentira, no sé si porque saben mentir tan bien o porque son muy ingenuos y se creen todo.
Se dice que la mentira tiene patas cortas, no sé si es así, he escuchado (y leído) muchas mentiras pero nunca me dió por buscarle las patas para ver si eran cortas o largas, pero sí he visto que muchas mentiras llegan lejos, así que si tienen patas cortas serán cortas pero muy fuertes y resistentes.
lunes, 10 de agosto de 2009
Puntualidad versus impuntualidad
Estuve contando sobre mis dificultades para aprender la hora, o las medias horas, y algunas fechas en sueco, mi cerebro programado en español se negó a decir la hora al revés, y ni que hablar del famoso sjätte (sexto) que se pronuncia entre shete y jete, mi cerebro que parece que ya no escucha bien, al oir ...ete, dice: ah, siete, sí, bien, ya anoté el siete, y no hay quien lo haga entender que es el seis.
Pero bueno, aparte de que esas confusiones idiomáticas me hicieron llegar algo tarde a algunos lugares, a veces 25 horas más tarde, siempre fui muy puntual.
Cuando adolescente con la clase del liceo hacíamos bailes algunos sábados. Yo siempre iba con una amiga-vecina que no hacía mucho se había mudado para Montevideo. En la ciudad del interior de donde venía, la gente era más puntual.
Ella estaba acostumbrada a que si invitaban a una fiesta a las siete, iba a las siete. En Montevideo era distinto, muy distinto! Como íbamos juntas, íbamos siempre en hora, o a deshora según como se lo mire.
Decían que el baile sería a la siete en la casa de alguien, y a las siete llegábamos nosotras, recién peinadas y maquilladas, y con muchos ánimos de fiesta. Nos abría la puerta la compañera de clase que hacía el baile, todavía ni siquiera había empezado a arreglarse!
Cuando un par de horas después empezaba a llegar el resto de la clase, ya el pelo aburrido colgaba de cualquier manera, el maquillaje se había corrido y los ánimos de fiesta apagado. Con todo no aprendimos la lección y seguimos llegando temprano a todas las fiestas.
Mi mamá era lo contrario, bien montevideana ella. Recuerdo haberla visto arreglarse con mucha calma pero si le pedíamos algo nos decía que estaba apuraba porque tenía que encontrarse con papá en el centro a por ejemplo las cinco de la tarde. Mirábamos el reloj, eran ya las cinco y media o más y todavía le quedaba ir a la parada a esperar al ómnibus que quien sabe cuando pasaría y luego casi una hora de viaje.
Quiero creer que papá ya la conocía y no iría a las cinco a esperarla.
A veces hacía cenas o fiestas en casa. Recuerdo cuando las organizaba, decía: invitamos a las siete para que la gente venga a las nueve, y realmente que la gente empezaba a llegar a eso de las nueve y no antes, se ve que la gente ya conocía a mamá o mamá conocía bien a la gente.
Aquí es lo contrario, son la puntualidad personificada, si invitan a las siete, pues a las siete en punto están tocando timbre.
La impuntualidad es muy mal vista, es más, a las personas impuntuales las llaman ladrones de tiempo. Estoy de acuerdo con esa manera de llamarlos, porque es lo que hacen, le roban el tiempo a las personas que dejan esperando.
Cuando se acuerda encontrarse a determinada hora y uno no llega, se esperan máximo quince minutos, si no aparece la persona, no se la espera más.
Como les decía yo era y soy puntual, pero no era ni es así mi ex. La primera vez que nos invitaron a cenar a casa de una familia sueca estaba mi mamá aquí y fue también invitada. Tanto mi ex como mi mamá, sacaron cuentas de a que hora deberíamos ir, es decir le agregaron un par de horas a la hora que nos habían dicho.
Dos horas y un poquito más como para quedar bien de bien, esa era la idea. Cuando llegamos nos recibieron muy preocupados preguntando que había pasado, se imaginaban algo grave, y por supuesto que ya todo había casi terminado.
Hace unos años estaba en una asociación en la que los miembros eran una mezcla de latinos y suecos. También ahí se organizaban muy lindos bailes, también ahí había un lindo choque cultural y no festejaban juntos los suecos y los latinos.
Generalmente daban como hora de comienzo las ocho y pasaba lo siguiente: a las ocho en punto llegaban los suecos, comían, bebían y se divertían. Cuando empezaban a irse, comenzaban a llegar los latinos. Se encontraban en la puerta, rara vez se encontraban en la pista de baile.
En un tiempo formaba parte de la mesa directiva de la asociación amigos de la biblioteca de mi barrio. Las reuniones las hacíamos en la biblioteca pero una vez no se podía, habría otra cosa en ese local y uno de la asociación ofreció su casa para la reunión.
Una que también iría a la reunión, me dijo de ir juntas, ella vive bien cerquita de casa. Por supuesto que me dijo de salir un buen rato antes de la hora de comienzo de la reunión por las dudas de que nos llevara mucho tiempo caminar hasta esa casa, no estábamos muy seguras de donde era, a qué distancia quedaba.
Salimos temprano, llovía a cántaros, llegamos unos minutos antes de la hora establecida, fui a tocar timbre pero ella me dijo que no, que faltaban todavía unos minutos, tres o cuatro. Ahí quedamos acurrucadas bajo los paraguas esperando que pasaran esos minutos hasta que fuera la hora en punto. Eso es puntualidad, llegar a la hora en punto.
Pero bueno, aparte de que esas confusiones idiomáticas me hicieron llegar algo tarde a algunos lugares, a veces 25 horas más tarde, siempre fui muy puntual.
Cuando adolescente con la clase del liceo hacíamos bailes algunos sábados. Yo siempre iba con una amiga-vecina que no hacía mucho se había mudado para Montevideo. En la ciudad del interior de donde venía, la gente era más puntual.
Ella estaba acostumbrada a que si invitaban a una fiesta a las siete, iba a las siete. En Montevideo era distinto, muy distinto! Como íbamos juntas, íbamos siempre en hora, o a deshora según como se lo mire.
Decían que el baile sería a la siete en la casa de alguien, y a las siete llegábamos nosotras, recién peinadas y maquilladas, y con muchos ánimos de fiesta. Nos abría la puerta la compañera de clase que hacía el baile, todavía ni siquiera había empezado a arreglarse!
Cuando un par de horas después empezaba a llegar el resto de la clase, ya el pelo aburrido colgaba de cualquier manera, el maquillaje se había corrido y los ánimos de fiesta apagado. Con todo no aprendimos la lección y seguimos llegando temprano a todas las fiestas.
Mi mamá era lo contrario, bien montevideana ella. Recuerdo haberla visto arreglarse con mucha calma pero si le pedíamos algo nos decía que estaba apuraba porque tenía que encontrarse con papá en el centro a por ejemplo las cinco de la tarde. Mirábamos el reloj, eran ya las cinco y media o más y todavía le quedaba ir a la parada a esperar al ómnibus que quien sabe cuando pasaría y luego casi una hora de viaje.
Quiero creer que papá ya la conocía y no iría a las cinco a esperarla.
A veces hacía cenas o fiestas en casa. Recuerdo cuando las organizaba, decía: invitamos a las siete para que la gente venga a las nueve, y realmente que la gente empezaba a llegar a eso de las nueve y no antes, se ve que la gente ya conocía a mamá o mamá conocía bien a la gente.
Aquí es lo contrario, son la puntualidad personificada, si invitan a las siete, pues a las siete en punto están tocando timbre.
La impuntualidad es muy mal vista, es más, a las personas impuntuales las llaman ladrones de tiempo. Estoy de acuerdo con esa manera de llamarlos, porque es lo que hacen, le roban el tiempo a las personas que dejan esperando.
Cuando se acuerda encontrarse a determinada hora y uno no llega, se esperan máximo quince minutos, si no aparece la persona, no se la espera más.
Como les decía yo era y soy puntual, pero no era ni es así mi ex. La primera vez que nos invitaron a cenar a casa de una familia sueca estaba mi mamá aquí y fue también invitada. Tanto mi ex como mi mamá, sacaron cuentas de a que hora deberíamos ir, es decir le agregaron un par de horas a la hora que nos habían dicho.
Dos horas y un poquito más como para quedar bien de bien, esa era la idea. Cuando llegamos nos recibieron muy preocupados preguntando que había pasado, se imaginaban algo grave, y por supuesto que ya todo había casi terminado.
Hace unos años estaba en una asociación en la que los miembros eran una mezcla de latinos y suecos. También ahí se organizaban muy lindos bailes, también ahí había un lindo choque cultural y no festejaban juntos los suecos y los latinos.
Generalmente daban como hora de comienzo las ocho y pasaba lo siguiente: a las ocho en punto llegaban los suecos, comían, bebían y se divertían. Cuando empezaban a irse, comenzaban a llegar los latinos. Se encontraban en la puerta, rara vez se encontraban en la pista de baile.
En un tiempo formaba parte de la mesa directiva de la asociación amigos de la biblioteca de mi barrio. Las reuniones las hacíamos en la biblioteca pero una vez no se podía, habría otra cosa en ese local y uno de la asociación ofreció su casa para la reunión.
Una que también iría a la reunión, me dijo de ir juntas, ella vive bien cerquita de casa. Por supuesto que me dijo de salir un buen rato antes de la hora de comienzo de la reunión por las dudas de que nos llevara mucho tiempo caminar hasta esa casa, no estábamos muy seguras de donde era, a qué distancia quedaba.
Salimos temprano, llovía a cántaros, llegamos unos minutos antes de la hora establecida, fui a tocar timbre pero ella me dijo que no, que faltaban todavía unos minutos, tres o cuatro. Ahí quedamos acurrucadas bajo los paraguas esperando que pasaran esos minutos hasta que fuera la hora en punto. Eso es puntualidad, llegar a la hora en punto.
domingo, 9 de agosto de 2009
Con horas y fechas
Aprender la hora en sueco no es tan sencillo, o la hora sí es fácil pero no las medias horas. Ya en español es algo complicado aprender como se dice en cada país. Por ejemplo en Uruguay se dice nueve menos diez y en otros países dicen diez para las nueve.
En sueco es más o menos como en otros países, es decir ponen los minutos que faltan antes de la hora. Y lo contrario, cuando son por ejemplo las nueve y diez, dicen que pasaron diez minutos de las diez.
La clave está en qué se dice primero, como uruguaya estaba acostumbrada a siempre decir primero la hora y después los minutos antes o después de esa hora. También cuando son las y media.
En sueco es al revés, primero dicen las medias y luego la hora que será cuando haya pasado una media hora, ejemplo no dicen nueve y media sino: media hora para las diez. Ahí sí que me complicaron la vida o por lo menos los horarios. A mí y a quienes tengo a mi alrededor.
La primera vez que fui a dejar a mi hijo mayor a que lo cuidara una señora mientras yo iba a estudiar, me preguntó a qué horas iría, le contesté que a las cinco y media. Le pareció muy temprano pero le aclaré que yo empezaba temprano las clases y tenía que tomar un ómnibus, un tren, otro ómnibus y luego caminar varias cuadras.
Resignada aceptó. Al día siguiente cuando apenas toqué timbre en su casa, a las seis y media como yo pensaba que le había dicho, abrió la puerta apurada y preocupada pensando que yo llegaría tarde a clase. Ella ya hacía una hora que me estaba esperando.
Yo había dicho la hora como tenía programado desde que aprendí la hora, cuando se dan las y media se dice la hora que es, no la que va a ser dentro de media hora! Quiero creer que a esta altura me habrá perdonado que la hice madrugar tanto.
Les aseguro que demoré muchísimo en acostumbrarme a pensar al revés, y aún hoy a veces tengo que pensarlo cuando voy a decir la hora o me la preguntan. No es bobada errarle por una hora entera.
Con las fechas también me resultó complicado. No dicen ocho de agosto, sino el octavo día de agosto. Yo no cumplo años un 19 de setiembre sino el décimonoveno día de setiembre.
A eso hay que agregarle que sexto se dice sjätte, suena algo intermedio entre jete y shete, es decir suena parecido a siete. Ya se imaginarán que cuando me hablan de sexto día de algún mes, yo inmeditamente pensaba en el séptimo.
La de horas o turnos que perdí por aparecerme el siete cuando me habían dado hora para el seis.
Hace poco les contaba mis dificultades para aprender algunas fechas de cumpleaños, si de primera me quedó alguna duda, después siempre seguiré dudando. Lo mismo me pasa con el sexto o séptimo y con las medias horas, hasta el día de hoy me quedan dudas cuando me lo dicen. Por las dudas si en el médico me dan hora para un seis pido que me digan si cae en lunes, martes o qué día de semana.
Y ya que hablamos de horarios, en estos días les cuesto sobre la puntualidad.
En sueco es más o menos como en otros países, es decir ponen los minutos que faltan antes de la hora. Y lo contrario, cuando son por ejemplo las nueve y diez, dicen que pasaron diez minutos de las diez.
La clave está en qué se dice primero, como uruguaya estaba acostumbrada a siempre decir primero la hora y después los minutos antes o después de esa hora. También cuando son las y media.
En sueco es al revés, primero dicen las medias y luego la hora que será cuando haya pasado una media hora, ejemplo no dicen nueve y media sino: media hora para las diez. Ahí sí que me complicaron la vida o por lo menos los horarios. A mí y a quienes tengo a mi alrededor.
La primera vez que fui a dejar a mi hijo mayor a que lo cuidara una señora mientras yo iba a estudiar, me preguntó a qué horas iría, le contesté que a las cinco y media. Le pareció muy temprano pero le aclaré que yo empezaba temprano las clases y tenía que tomar un ómnibus, un tren, otro ómnibus y luego caminar varias cuadras.
Resignada aceptó. Al día siguiente cuando apenas toqué timbre en su casa, a las seis y media como yo pensaba que le había dicho, abrió la puerta apurada y preocupada pensando que yo llegaría tarde a clase. Ella ya hacía una hora que me estaba esperando.
Yo había dicho la hora como tenía programado desde que aprendí la hora, cuando se dan las y media se dice la hora que es, no la que va a ser dentro de media hora! Quiero creer que a esta altura me habrá perdonado que la hice madrugar tanto.
Les aseguro que demoré muchísimo en acostumbrarme a pensar al revés, y aún hoy a veces tengo que pensarlo cuando voy a decir la hora o me la preguntan. No es bobada errarle por una hora entera.
Con las fechas también me resultó complicado. No dicen ocho de agosto, sino el octavo día de agosto. Yo no cumplo años un 19 de setiembre sino el décimonoveno día de setiembre.
A eso hay que agregarle que sexto se dice sjätte, suena algo intermedio entre jete y shete, es decir suena parecido a siete. Ya se imaginarán que cuando me hablan de sexto día de algún mes, yo inmeditamente pensaba en el séptimo.
La de horas o turnos que perdí por aparecerme el siete cuando me habían dado hora para el seis.
Hace poco les contaba mis dificultades para aprender algunas fechas de cumpleaños, si de primera me quedó alguna duda, después siempre seguiré dudando. Lo mismo me pasa con el sexto o séptimo y con las medias horas, hasta el día de hoy me quedan dudas cuando me lo dicen. Por las dudas si en el médico me dan hora para un seis pido que me digan si cae en lunes, martes o qué día de semana.
Y ya que hablamos de horarios, en estos días les cuesto sobre la puntualidad.
miércoles, 5 de agosto de 2009
En la biblioteca
La biblioteca de mi barrio cerró algunas semanas por vacaciones. En esas semanas me quedé sin libros y tuve que ir a la biblioteca del barrio de al lado, que es la biblioteca central de la comuna.
Fui muy ilusionada ya que por ser la biblioteca central es mucho más grande que la de mi barrio, por tanto suponía que ahí tendrían muchos más libros en CD.s, pero por el contrario tenían menos. Igual algunos encontré y cuando fui a sacarlos prestados una empleada me dijo que era autoservicio. Ya no los presta una persona sino una computadora, y me mostró como se hacía.
Ayer fui a la biblioteca de mi barrio que al fin abrió, al fin dijo yo, supongo que quienes trabajan ahí no tendrían nada en contra de seguir las vacaciones, pero bueno, ya abrieron y fui muy contenta a donde conozco y donde el servicio es personal y no computaril.
Nueva desilusión: aprovecharon las semanas que cerraron para hacer reformas! también aquí los libros los presta una computadora, y recibe los que se devuelven. Una empleada me mostró como se devuelven.
Luego descubrí que también habían cambiado de lugar los libros en CD, los pasaron para otro cuarto. Están como en los supermercados, cambiando las cosas de lugar apenas me aprendo donde está todo!
Lo extraño es que todavía los tienen en los estantes en orden alfabético, pero me costó encontrar un libro para traerme, creo que porque eran otros estantes y en otra parte de la biblioteca. No quiero que me cambien las cosas de lugar!
Después de mucho buscar me decidí por tres libros. Para sacarlos prestados no pedí ayuda, fui directamente a la computadora. En el monitor dice: Prestar Devolver, hay que apretar sobre el mismo monitor en la alternativa que corresponde.
Luego una nueva pregunta que también se contesta apretando sobre el monitor. Entonces pide que se ponga la tarjeta en una ranura y en el monitor aparece un cartelito que dice que hay que apretar el código personal (sí, también aquí tenemos código personal!) y abajo del cartelito se ve el dibujo de un aparatito con cifras.
Apreté mi código personal sobre las cifras en el monitor pero no pasó nada. Saqué la tarjeta, la puse de nuevo, apreté nuevamente, ahora presionando con más fuerza mi código, y seguía sin pasar nada. Saqué la tarjeta y recomencé todo el proceso. No pasaba nada a pesar de que a esa altura ya apretaba tan fuerte que casi atravesé el monitor con mi dedo.
Fui a pedir ayuda, encontré a una empleada nueva, le expliqué que pasaba, cuando dejó de reirse me dijo que el código se aprieta en el aparatito que hay al lado del monitor, no sobre el monitor! Casualmente es un aparatito igualito al del dibujo en el monitor.
Pude al fin sacar tres libros prestados. Volví a casa con algo de pena, el progreso llegó a mi barrio, a mi oasis destecnificado.
La primer empleada con que hablé me contó que no les han dicho nada de disminuir personal ya que hay muchas otras tareas en la biblioteca, y yo supongo que entre esas tareas esté la de ayudar a usar la compu para sacar libros prestados y devolverlos, estoy segurísima que yo les daré bastante trabajo. Será mi buena obra.
Fui muy ilusionada ya que por ser la biblioteca central es mucho más grande que la de mi barrio, por tanto suponía que ahí tendrían muchos más libros en CD.s, pero por el contrario tenían menos. Igual algunos encontré y cuando fui a sacarlos prestados una empleada me dijo que era autoservicio. Ya no los presta una persona sino una computadora, y me mostró como se hacía.
Ayer fui a la biblioteca de mi barrio que al fin abrió, al fin dijo yo, supongo que quienes trabajan ahí no tendrían nada en contra de seguir las vacaciones, pero bueno, ya abrieron y fui muy contenta a donde conozco y donde el servicio es personal y no computaril.
Nueva desilusión: aprovecharon las semanas que cerraron para hacer reformas! también aquí los libros los presta una computadora, y recibe los que se devuelven. Una empleada me mostró como se devuelven.
Luego descubrí que también habían cambiado de lugar los libros en CD, los pasaron para otro cuarto. Están como en los supermercados, cambiando las cosas de lugar apenas me aprendo donde está todo!
Lo extraño es que todavía los tienen en los estantes en orden alfabético, pero me costó encontrar un libro para traerme, creo que porque eran otros estantes y en otra parte de la biblioteca. No quiero que me cambien las cosas de lugar!
Después de mucho buscar me decidí por tres libros. Para sacarlos prestados no pedí ayuda, fui directamente a la computadora. En el monitor dice: Prestar Devolver, hay que apretar sobre el mismo monitor en la alternativa que corresponde.
Luego una nueva pregunta que también se contesta apretando sobre el monitor. Entonces pide que se ponga la tarjeta en una ranura y en el monitor aparece un cartelito que dice que hay que apretar el código personal (sí, también aquí tenemos código personal!) y abajo del cartelito se ve el dibujo de un aparatito con cifras.
Apreté mi código personal sobre las cifras en el monitor pero no pasó nada. Saqué la tarjeta, la puse de nuevo, apreté nuevamente, ahora presionando con más fuerza mi código, y seguía sin pasar nada. Saqué la tarjeta y recomencé todo el proceso. No pasaba nada a pesar de que a esa altura ya apretaba tan fuerte que casi atravesé el monitor con mi dedo.
Fui a pedir ayuda, encontré a una empleada nueva, le expliqué que pasaba, cuando dejó de reirse me dijo que el código se aprieta en el aparatito que hay al lado del monitor, no sobre el monitor! Casualmente es un aparatito igualito al del dibujo en el monitor.
Pude al fin sacar tres libros prestados. Volví a casa con algo de pena, el progreso llegó a mi barrio, a mi oasis destecnificado.
La primer empleada con que hablé me contó que no les han dicho nada de disminuir personal ya que hay muchas otras tareas en la biblioteca, y yo supongo que entre esas tareas esté la de ayudar a usar la compu para sacar libros prestados y devolverlos, estoy segurísima que yo les daré bastante trabajo. Será mi buena obra.
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